Connect with us

OPINIÓN

La mirada de Perón por Luis Longhi

Published

on

Usted viene a verme para que yo le hable de Perón pero yo no tengo nada importante que contarle. Nunca hablé con él. Estar estuve, sí, claro que estuve con Perón. Pero sin palabras de por medio. En una misma habitación o depósito o despacho, no sabría cómo denominarlo, donde el silencio había impuesto soberanía. Todos pensaban. Nadie hablaba. Tampoco Perón. Fue un momento delicado, bajo ciertas circunstancias que ameritan ser olvidadas, no por el pueblo, pues ciertos actos de cobardía por parte de la más repulsiva corte de cipayos vendepatria hay que recordarlos e historiarlos para que la gente sepa quién es quién en esta tierra de Dios, pero quien fue testigo de algunas cosas preferiría olvidarlas. Hace apenas unos pocos años que por las noches puedo conciliar el sueño porque creo que olvidé eso que usted quiere que yo recuerde. Me pone en un compromiso. Noventa y ocho años tengo. Cien menos dos. Casi un siglo. Usted debe pensar ¿y si ya está por dormir para siempre qué le importa perder a cuenta algunas horas de sueño? Y sí, tiene razón. Está bien.

Siéntese. ¿Quiere tomar algo? Acá no se fuma. El bolso en el suelo no, arriba del sillón póngalo. Yo soy poeta, pero antes fui abogado y antes de eso, incluso, fui militar. Bueno, dicen que la condición de militar uno no la pierde jamás pero yo la perdí. En realidad me la quitaron. Culpa de los yanquis. Todo lo que un país, cualquiera sea, ha perdido en este último siglo, es culpa de los yanquis. Perón odiaba a los yanquis y Menem después de las “relaciones carnales” insistía (e insiste) en llamarse peronista.

Yo escribo todo el día, desde que me levanto a las seis de la mañana hasta que me acuesto a las diez de la noche. Escribo poesía, escribo historia y escribo la lista de todos los traidores a Perón desde el 45 hasta hoy. ¿Quiere verla? Mire, debajo de cada nombre está el acto de traición que cometió. En muchos casos refiero también el episodio pretendidamente reivindicatorio de esa persona queriendo justificar su “traición” como parábola de una gesta militante pero siempre, según mi modesta opinión, aquellos que traicionaron quedaron con el corazón mutilado. No se vuelve de una traición. También tengo el cuadernito de las lealtades con sus respectivas trayectorias que las justifican. Mire, Héctor José Cámpora está primero pero el Doctor Ramón Carrillo le juega un cabeza a cabeza. Este hombre merece ser reivindicado, fue un revolucionario del sanitarismo, el máximo militante por la salud del prójimo. ¿Sabía usted que él mismo, siendo Ministro, iba a fumigar ranchos a Tucumán, Salta y Jujuy para erradicar el paludismo? ¿Y que cargaba camiones con camas, remedios y ladrillos y se iba, con el arquitecto Álvarez, a construir hospitales a las zonas más necesitadas del país? Carrillo fue un héroe y su lealtad hacia Perón fue inquebrantable. Evita en esta lista de lealtades no cuenta. Ojo, no me malinterprete, no porque no la ejercitara. Es como cuando a uno le preguntan quién fue el mejor cantante de tangos y uno, por lógica cartesiana, excluye a Gardel de esa nómina, ¿entiende?

A Teniente Coronel llegué en el ejército. Yo revistaba en la Escuela Técnica Superior adonde me recibí de ingeniero militar ¿Conoce la revista Life? ¿Me creería si le cuento que culpa de esa revista me degradaron del ejército? Mire esta foto. El que está cuerpo a tierra con el fusil es un compañero sindicalista que le está apuntando a un rebelde de la Marina, el que está parado, de corbata, sobretodo y gorro de oficial del ejército soy yo. Eso fue por la tarde, creo, cuando intentábamos salir del área peligrosa en las recovas del Paseo Colón. Fue el 16 de junio de 1955. ¿Tengo que explicarle qué pasó ese día? La Aviación de la Marina de Guerra realizó su bautismo de fuego contra sus compatriotas. Por primera vez en la historia de la humanidad las Fuerzas Armadas de un país, sin conflictos bélicos, masacraba cobardemente a sus propios hermanos.

Aquel mediodía, la primera detonación me sorprendió estando yo en los pasillos del Ministerio de Guerra portando un sobre cerrado con un expediente calificado de secreto para entregar en mano al Ministro de Guerra, el General Lucero. Con los estruendos externos, el zumbido de los aviones, las detonaciones, el estallido de los vidrios y los gritos desesperados que provenían de la calle, en pocos segundos, la rutina ministerial mutó en pandemónium infernal. Yo corría a contramano de la marea de empleados, en dirección al despacho del Ministro, apretando contra mi pecho el sobre con el expediente. Al ver al responsable de la seguridad del Ministro saliendo apresurado de su despacho y, soportando estoicamente los empellones de la gente que corría en sentido contrario, enarbolé el sobre con el documento secreto delante de sus ojos para que me permitiera pasar. El guardia hizo un gesto confuso con uno de sus brazos que yo interpreté como “Sígame”. Empezó a correr por pasillos y escaleras que descendían hasta el subsuelo del edificio. Decidí seguirlo, cargando conmigo la duda de haber interpretado con precisión su aspaviento. Es que su destino inmediato no tenía lógica, al menos es lo que yo interpretaba en aquel momento mientras lo seguía a través de aquel piso inferior adonde, supuestamente, sólo había depósitos de descartes y archivos. A los militares es muy difícil adivinarles la motivación de sus actos, se lo digo con conocimiento de causa. Usted puede conversar horas y horas con un militar en servicio pero ni a través de sus palabras ni de sus miradas usted (y esto se lo puedo asegurar con certeza científica) podrá adivinar cuál es la intención última de esos gestos y esas palabras.

Por fin aquel hombre llegó hasta una pesada puerta que parecía de ultratumba. Se detuvo frente a ella y con supremo esfuerzo, empujando con todo su cuerpo, logró abrirla. Recién entonces advirtió mi presencia. Me gritó: “Acá no, Oficial”. Iba a responderle mostrando el documento secreto para el Ministro justo cuando una feroz explosión nos hizo lanzar de cabeza a un cuerpo a tierra casi espasmódico. Ante el peligro evidente no lo dudó y me dijo: “Venga”.

Entramos juntos al refugio. Allí estaban algunos militares de alto rango, un par de funcionarios, el General Lucero y parado junto a un ropero, con el gesto adusto y pensativo, el Teniente General Juan Domingo Perón. Todos estaban tensos. Duros como una roca pero de pie. Parecían telamones. El hecho de entrar allí, delante de todos mis superiores, haciendo cuerpo a tierra, me anegó de un mareo vergonzoso. Nos pusimos de pie inmediatamente. Realizamos las venias de rigor respetando el silencio sepulcral que se imponía. No recuerdo si desde que entramos habrán pasado treinta segundos o treinta minutos pero de pronto otro trueno de pólvora y previsible muerte sacudió e hizo vibrar el refugio. Todos nos tiramos cuerpo a tierra. Todos menos Perón. Parecía una efigie. No, una efigie no, me rectifico. No se parecía a nada. Ninguna comparación posible. Era exactamente lo que me había imaginado de él, un hombre entero, un hombre digno, un hombre fuerte soportando la perversidad de la incomprensión. Ni pestañeó ante la detonación que hizo temblar las paredes y regó de polvo toda el área. El General Lucero, con respeto y medida confianza, se acercó a Perón y le señaló que, por favor; avanzara unos metros hasta un espacio libre entre la pared y el ropero que yo había divisado cuando entré y que ahora comprobaba era una pesada y aparentemente indestructible caja fuerte. Hubo otra explosión, acompañada esta vez por ráfagas de metralla que rebotaron cerca de la ventanita superior por donde se filtraba algo de luz. Recuerdo al General Lucero, manejado evidentemente por su instinto más profundo, ponerse él mismo como escudo para que nada afectara a Perón.

Durante el tiempo que duró el bombardeo varias veces traté de cruzar una mirada con Perón. Nadie le hablaba. Ninguno lo miraba, excepto yo, sentado en el rincón más alejado de mis superiores, con mi espalda apoyada contra la pared esperando, como todos mis compañeros fortuitos, que las propias circunstancias dadas definieran los pasos a seguir. Cualquier pensamiento catastrófico sobre lo que estábamos viviendo se exilió de mis cavilaciones. Mi única preocupación pasó a ser cruzar una mirada con aquel hombre. Ni temor ante la muerte cercana ni pudor ante las personalidades que me rodeaban.

El General Perón representaba, desde entonces y por el resto de los tiempos, el soberano adalid de las reivindicaciones sociales de un pueblo históricamente mutilado en sus derechos más elementales. Quería llevarme de aquel momento azaroso en que el destino me había puesto una mirada que me guiara por toda mi vida. Los ojos del General Perón seguían incrustados como rayo y piedra sobre sus reflexiones más íntimas. Funcionarios, alcahuetes, coroneles y otros generales permanecían estaqueados en sus lugares esperando el fin del tormento.

Se me ocurrió entonces una promesa que debe haber sido arrancada de mis viejas lecturas de poetas dadaístas. Una promesa apartada de toda lógica personal teniendo entonces cuenta mi vida privada y profesional hasta ese momento. Vaya uno a saber qué clase de ángeles le revolotean a uno en esos instantes de definiciones futuras. De la nada, sin especulaciones de factibilidad me dije: “Si Perón me mira escalo el Aconcagua”. No crea que yo tenía algún tipo de inclinación por ese deporte extremo, no, nada más alejado de la realidad. Ni a la Torre de los Ingleses había subido. Qué se yo de dónde me salió esa promesa alocada. Pero así como se lo cuento así me lo dije y me lo juré bajo palabra de honor. Yo quería para mí, por lo que me quedara de vida, el valor, el dolor, el pensamiento, la poesía de aquella mirada inconmensurable.

Me estoy poniendo sentimental. Discúlpeme. No lo quiero aburrir con mi relato ni que le queden cabos sueltos. Le aclaro un par de cuestiones: una, que culpa de esa foto de la que le hablé publicada en la revista Life, de generación absolutamente casual y producida varias horas después del episodio que le acabo de relatar, la Libertadora me degradó del ejército.

Vea lo que reza el epígrafe de la foto: “Un oficial y varios civiles peronistas atacan a los rebeldes de la Marina”. Otra cosa que quiero que sepa es que dos veces, desde entonces y al día de hoy, escalé hasta la cima del Aconcagua. ¿Usted sabía que Perón fue montañista? En Italia y en Mendoza. Yo, la verdad, no tenía ni idea cuando hice mi promesa. Historia del Aconcagua es el libro que escribí sobre mis travesías por las alturas de la tierra y la mirada de un hombre. En el prólogo puede leerse: “A la cima se llega más con la cabeza que con las piernas”. ¿Sabe quién prologó mi libro? Imagine. ¿El documento secreto para el General Lucero? Ah, sí, está bien. Buena apreciación. Lo admito. En algo fallé en mi vida. Con toda aquella jarana del 16 de junio, qué quiere, olvidé entregarlo. Vaya uno a saber si era trascendente o no. ¿Si lo destruí? ¿Usted está loco? Me podían llegar a mandar ante la justicia militar por una irresponsabilidad semejante. Fijesé ahí. Debajo de la carpeta que tiene las fotos. Ahí lo tiene al sobre, mire. Sigue cerrado, claro. Es confidencial.

Revista Life, 1955
El de gorra del ejército y sobretodo es el Oficial Orlando Punzi resistiendo, con otros compañeros leales a Perón, el ataque de los rebeldes de la Marina. Al identificarlo en esta foto, la Libertadora le dio la baja del ejército.

 

El presente texto forma parte del libro Yo conocí a Perón de Luís Longhi.
Ediciones Lea, 2014.
Tags: 16 de junio de 1955Bombardeo a Plaza de MayoGeneral LuceroPerónRamón CarrilloRevolución Libertadora

Luís Longhi
Actor, escritor, director teatral y músico. Egresado de la Escuela de Teatro de La Plata. Como actor se desempeñó en teatro, cine y tv. Es miembro de los grupos musicales Demoliendo Tangos y Tangata Rea. Publicó diversos libros sobre teatro, tango y peronismo.
© 2022 – avión negro

ENTREVISTAS

Tomada: «El accionar de la CGT unifica las luchas ante la falta de conducción política»

Published

on

El ex ministro de Trabajo y ex embajador en México dialogó con Vivian Elem, Jorge Benedetti y Rodolfo Colangelo en Radio Gráfica, sobre los movimientos que hizo la CGT durante esta semana, quienes declararon un nuevo paro para el 9 de mayo y una movilización para el 1 de Mayo, «el hecho más importante de confrontación que ha habido en estos 100 días, es la decisión de la CGT y de las centrales sindicales en unidad, primero, cumpliendo la ida a Tribunales para pedir una medida contra la reforma laboral e inmediatamente la movilización general del 24 de enero. Y digo, general, porque me parece que tuvo la virtud de trascender el marco de los trabajadores y trabajadoras que normalmente se sienten convocados, sino de sumar a sectores de la cultura, de la ciencia, de todos los agredidos. Agredidos por un DNU manifiestamente inconstitucional, nulo como dijeron los constitucionalistas que pasaron por el Congreso y esta ley ómnibus que fracasó. Y, también, llamó a la política tan desprestigiada y tan denostada, donde, en el parlamento le pusieron un límite a esta reforma constitucional encubierta».

Y agregó, «lo de la CGT lo considero importante porque no tenemos un punto de acumulación, una conducción, cómo hacer para que las luchas individuales que se están desarrollando, las confrontaciones parciales, se junten en un solo vector».

Y señaló, «es difícil los procesos de reconstrucción del movimiento nacional, nunca han sido inmediatos, perdimos, fuimos derrotados, perdimos nuestra identidad y espero que sea transitoria. De lo que se trata es de recuperarla». #EnQueNosParecemos todos los sábados de 13hs a 15hs por FM 89.3

 

Continue Reading

ENTREVISTAS

Santoro: «El Peronismo es movimentista y heterogéneo, la clave está en su conducción»

Published

on

El artista plástico y militante peronista dialogó con Vivian Elem, Jorge Benedetti y Rodolfo Colangelo en Radio Gráfica, sobre la situación política y la situación del peronismo actual, «estamos en una especie de asamblea, donde cada uno da su opinión y se pone a prueba todo, (…) quién puede conducir el conjunto del peronismo o el peronismo dirigiendo al conjunto de la sociedad».

Y agregó, «el problema antes que nada es nuestro, no es de Milei, nos pasó Milei porque nosotros llegamos a esta coyuntura, nosotros teníamos la responsabilidad de conducir este proceso y lo condujimos hasta Milei, eso fue lo que pudimos hacer, penosa tarea hicimos, pero lo hicimos nosotros, esa debería ser la actitud. (…) El pueblo entiende perfectamente, no es que nunca se equivoca, nos equivocamos todos, incluido el pueblo, sino que cuando pasan estas cosas, es porque algo está entendiendo».

Y reflexionó, «el peronismo no es homogéneo (…) es movimentista y heterogéneo, esa es una clave fantástica que nos da la sobrevida, el por qué está sobreviviendo 70 años de conmutaciones increíbles (…) el secreto de todo eso es que haya una conducción, porque si no hay conducción la heterogeneidad se derrama para todos lados y no existe nada, no se puede realizar políticamente nada. Entonces, el problema fundamental es la conducción».

#EnQueNosParecemos todos los sábados de 13hs a 15hs por FM 89.3

Continue Reading

OPINIÓN

«The Lancet: Argentina es de los países menos afectados por el COVID», por Alejandro Collia

Published

on

Argentina se destacó como uno de los países menos afectados por el COVID-19 en términos de aumento de la mortalidad y disminución de la longevidad, según un estudio publicado en la revista científica británica The Lancet.

Esta investigación, realizada por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, recopiló una amplia gama de datos para proporcionar una visión actualizada del impacto global de la pandemia en la salud humana. Los resultados revelaron que la esperanza de vida mundial se redujo en 1,6 años entre 2019 y 2021, evidenciando el profundo impacto del COVID-19 en todo el mundo.

En el contexto latinoamericano, Argentina mostró una menor caída en la expectativa de vida en comparación con otros países de la región. Aunque la disminución fue significativa, pasando de 76,9 años en 2019 a 76,1 en 2021 (-0,8), fue menor que la experimentada por Uruguay (-1,4), Panamá (-1,6), Chile (-1,6) y Costa Rica (-2,4). Este logro se atribuye a las medidas efectivas implementadas por el país para hacer frente a la pandemia.

El estudio destacó que la pandemia afectó a la mortalidad global entre las personas mayores de 15 años, con un aumento del 22% para los hombres y un 17% para las mujeres de 2019 a 2021. Sin embargo, en Argentina, la respuesta eficaz a la crisis contribuyó a limitar este impacto, lo que se reflejó en una caída relativamente baja en la expectativa de vida.

*Argentina tuvo una menor tasa de muertes por cada mil habitantes por COVID que Estados Unidos, España, Inglaterra, Canadá y Chile.

Argentina implemento políticas de salud pública sólidas y coordinadas; con una mirada federal y un enfoque en la atención primaria de la salud, llevando a cabo medidas como el A.S.P.O. (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) y estrategias efectivas de vacunación, habiendo aplicado más de *117.600.00 de dosis; lo que contribuyó a contener la propagación del virus y minimizar el impacto en la salud pública.

En ese sentido, a fin de fortalecer el sistema nacional de salud se implementaron pabellones hospitalarios modulares; se adquirió de equipamiento e insumos, coordinando su distribución con las jurisdicciones provinciales, garantizando así la atención equitativa a toda la población afectada por el COVID-19.

El país se destaca como un ejemplo de cómo una respuesta eficaz y coordinada puede mitigar los efectos devastadores de una crisis sanitaria global. La experiencia de Argentina proporciona lecciones valiosas para otros países que enfrentan desafíos similares, destacando la importancia de una respuesta integral y basada en la evidencia ante emergencias de salud pública.

*Fuente: https://www.argentina.gob.ar/coronavirus/vacuna/aplicadas
Link a la nota: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(24)00476-8/fulltext

Continue Reading

Tendencias