Connect with us

OPINIÓN

«La desigualdad laboral por razones de género en tiempos de pandemia», por María Eugenia Cuartango y Graciela Rolhaiser

volanta

Published

on

A lo largo de la historia los puestos de trabajo han sido diseñados por y para hombres. El mercado laboral argentino presenta una masculinización que se refleja en una menor presencia femenina en el mercado laboral, las mujeres somos relegadas de puestos jerárquicos, ganamos menos que los hombres, sufrimos más la desocupación y la subocupación, es por ello que debemos pensar que es necesario cambiar este modelo y erradicar las desigualdades.

El derecho al empleo de las mujeres es sin duda una cuestión económica y social, pero también política e ideológica. Una cuestión que afecta a las representaciones y las prácticas sociales, las políticas económicas y las legislaciones, la evolución del mercado laboral y las relaciones sociales de sexo en el ámbito familiar.

La discriminación por razón de género se muestra, se mide y se sufre; las mujeres ganan menos que los hombres por la misma tarea, están menos jerarquizadas, más precarizadas, la mujer no solo es más pobre por ganar menos, sino que gasta más, debe gestionar la menstruación, estos productos están afectados por la inflación más que otros productos.

La situación actual de la mujer en el mundo laboral se caracteriza por una serie de factores: la jornada de trabajo es interminable, después de trabajar siguen las tareas domésticas y de cuidado; suelen ser las mujeres las que piden permisos o excedencias para el cuidado de personas a cargo; el acceso a puestos de responsabilidad por parte de las mujeres también es inferior respecto a los hombres, por lo que se dice que existe un “techo de cristal” que impide ascender a las mujeres a puestos directivos.

La pandemia, no afecta a todos por igual: en el sector de atención médica un 70 % son mujeres; la brecha en relación al trabajo doméstico no remunerado desigualmente distribuido se vio acrecentada; todas las inequidades que se dan en el ámbito laboral se desnudaron con la emergencia, los puestos de trabajo más afectados tienen mayor representación femenina (gastronomía, hotelería, turismo, etc.); quedaron expuestas situaciones de precariedad laboral como el servicio doméstico, entre quienes percibieron el IFE el 96% eran mujeres y el 72% de ellas se encontraba trabajando en forma no registrada; y la violencia de género se ha visto potenciada por el aislamiento.

La modalidad de teletrabajo que se hizo masiva y popular a raíz de la pandemia, pero que no se irá con ella porque vino para quedarse, agrega nuevas variantes a la problemática de género relacionada con la vida laboral o potencia la existente.

Puesto que en la casa de las trabajadoras habitan aquellos miembros de la familia sobre las cuales es necesario desarrollar habitualmente tareas de cuidado se presentan situaciones que no son fáciles de resolver para todas, no es lo mismo para una mama llevar a su hijo a una guardería e irse al trabajo, que llevarlo a la guardería y volver a su casa a trabajar, no es lo mismo desde lo simbólico y tampoco desde lo económico, se entremezclan las necesidades personales propias, las cuestiones afectivas y culturales en relación a la familia y la cuestión económica ante un posible ahorro en el marco de la evaluación de la economía doméstica.

Lo mismo ocurre con el cuidado de Adultos mayores, familiares discapacitados, en relación a las tareas de limpieza del hogar, elaboración de alimentos, donde habitualmente las familias recurren a tercerizar estas tareas en manos de otras personas y que al estar en el domicilio desarrollando el trabajo, se reconsidera la posibilidad de asumir la carga de estas tareas desde la mirada del posible ahorro, que sin dudas después redunda en el perjuicio de las mujeres y también de sus familias.

También es importante tener en cuenta el incremento de situaciones de abuso o maltrato doméstico, incluso que mujeres víctimas de abuso puedan ser forzadas a desarrollar su trabajo bajo esta modalidad forzadas por el abusador que aceptaba a regañadientes que saliera a trabajar por necesidad económica.

El ministerio de economía de la Nación realizo un estudio a partir de datos provenientes de Encuesta Nacional del Uso del Tiempo recientemente incorporada por Ley a las mediciones del INDEC y haciendo a partir de ellos una serie de simulaciones de cuyos datos se extraen las siguientes conclusiones:

La medición del aporte del Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al Producto Interno Bruto nos proporciona información de altísima importancia para analizar el valor de ellas, para ello es necesario calcular cuánto costarían esas actividades si estuvieran remuneradas. pudiendo concluir que los cuidados, son un sector económico estratégico, por un lado, y la desigualdad en la distribución de estas tareas por el otro.

Las mujeres realizan más del 75% de las tareas domésticas no remuneradas. El 88,9% de las mujeres participan de estas tareas y les dedican en promedio 6,4 horas diarias. Mientras tanto, sólo el 57,9% de los varones participa en estos trabajos, a los que les dedican un promedio de 3,4 horas diarias. Esta contribución a la economía total por parte de las mujeres equivale a $3.027.433 millones al año si se pagara.

La pandemia implica que aquella rutina de 6,4 horas se ve aumentada con la adición de 4 horas en promedio, pasando a representar del 7,3% del PBI en «normalidad» al 19,6% «en pandemia».
La única forma de impregnar de perspectiva de género todos los espacios de nuestra vida y nuestra sociedad es a través de la participación de las mujeres en cada uno de ellos logrando a través de su participación reformas laborales reales y prácticas, licencia parental y de cuidados para ambos progenitores, que permitan distribuir el tiempo conforme la organización familiar y la implementación de políticas públicas tendientes a mejorar los servicios de cuidado de menores y/o personas dependientes.

En nuestro país, no podemos dejar de mencionar a Eva Perón quien a mediados del siglo XX eleva a la mujer a la categoría de verdadera orientadora de la conciencia nacional, dejando de ser, territorio exclusivo de los hombres lo público y lo político, dándose los primeros grandes pasos para reducir estas situaciones de desigualdad. Nos referimos a la sanción de la Ley 13010 de sufragio femenino y la creación del Partido Peronista Femenino, donde las seguidoras de Evita fueron las primeras militantes llevando su palabra a cada rincón del país, surgiendo luego entre ellas algunas de las primeras mujeres diputadas que ocuparon bancas e hicieron oír sus voces en el Congreso de la Nación.

Mas contemporáneo, tenemos las medidas implementadas durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner como las sucesivas moratorias previsionales para acceder a una jubilación junto a la implementación de la Asignación Universal, que ubicó el cobro del beneficio en cabeza de las mujeres.

Tales medidas, constituyen una de las políticas más importantes a la hora de reconocer y valorizar monetariamente el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado de las argentinas.
Sin embargo, la importancia de las tareas de cuidado, durante la gestión anterior, había dejado de ser un tema de agenda. Es el presidente Alberto Fernández quien incorpora en su discurso de asunción e instala como agenda de política pública y cuestión fundamental, los temas vinculados a las mujeres y las diversidades.

Con la sanción de la ley 27.532 se incluye en el sistema estadístico de la Encuesta Nacional el módulo de Uso del Tiempo destinado a las personas humanas en sus actividades de la vida diaria por género y edad, incluyendo al trabajo doméstico, de cuidado no remunerado y autocuidado.
En febrero de este año, empezó a funcionar la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidados, que reúne a 12 organismos del Poder Ejecutivo Nacional, para el debate, la participación sectorial y federal y cuya cuestión centraliza la política integral de cuidados con perspectiva de género, para eliminar los patrones estructurales de desigualdad en los cuidados.

Otras medidas además como las licencias por cuidados en el contexto de pandemia, la inclusión de esta perspectiva en la Ley de Teletrabajo, el acceso al Ingreso Familiar de Emergencia para trabajadoras de casas particulares y amas de casa, entre otras, son medidas que muestran un avance de la dimensión de los cuidados en el debate y las políticas públicas.

En la situación previa a la pandemia, la llamada «crisis de los cuidados» ya era de gravedad. Los cambios en esta situación producto de la pandemia refuerzan la necesidad de atender de manera urgente las distintas dimensiones, que se ven afectadas, como condición para permitir la inserción laboral de las mujeres y cerrar brechas de desigualdad.

Ahora bien, los avances mas importantes en materia de género, así como los vinculados al mundo del trabajo y de la seguridad social se lograron durante gobiernos peronistas, esto no es una mera casualidad, sino que pone de manifiesto que en el peronismo la mirada esta puesta en atender las demandas y las necesidades de las personas.

Advertisement

DÓLAR HOY

Dólar Blue
Cargando...
Compra: -
Oficial
Cargando...
Compra: -

Tendencias