ECONOMÍA
Resumen: inflación en suba y la trampa del petroleo
La inflación de febrero perforó el optimismo oficial al repetir un 2,9% mensual, mientras el Merval retrocede bajo presión externa y balances bancarios en rojo.
El proceso de desinflación en Argentina ha ingresado en una meseta preocupante. Los datos de febrero, que arrojaron un 2,9% mensual (33,2% interanual), confirman nueve meses de estancamiento en la velocidad de ajuste de precios, una dinámica que el mercado ya descuenta con un sesgo alcista en los bonos que ajustan por CER. A pesar de que el Banco Central ostenta reservas internacionales brutas por USD 45.768 millones, la contabilidad de rigor advierte que las reservas netas permanecen en terreno negativo, limitando el poder de fuego real ante shocks externos. La persistencia inflacionaria y el monitoreo sobre los servicios en marzo mantienen la cautela operativa, mientras la Secretaría de Finanzas logra un refinanciamiento del 108% de los vencimientos, aunque el mercado prefiere el refugio del coeficiente de estabilización ante el retroceso de las tasas fijas.
En el plano corporativo, el índice Merval sufrió una corrección del 2,2% en dólares, ubicándose en los 1.860 puntos. La performance fue dispar: mientras los balances de Galicia y Supervielle mostraron números negativos que impactaron en sus ADRs en Nueva York, el sector energético actúa como el único sostén real del panel líder. Proyectos como el de TGS en Vaca Muerta por USD 3.000 millones y el potencial split de acciones de YPF para inversores minoristas ofrecen un contrapunto productivo a la erosión de la base imponible que sufre el fisco. Sin embargo, la rentabilidad real de las entidades financieras locales sigue bajo la lupa por la morosidad y el costo de oportunidad del capital en un escenario de iliquidez neta de divisas.
El contexto global no ayuda: con el petróleo consolidado sobre los USD 100 y el VIX en niveles elevados, Wall Street opera con indecisión ante la reunión de la Fed este miércoles 18. El aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. presiona a los mercados emergentes, elevando el riesgo país y forzando a los inversores a un arbitraje constante entre plazos. En este escenario de «vuelo a la calidad», los activos locales enfrentan un doble desafío: la inestabilidad importada de Medio Oriente y la parálisis de la desinflación doméstica que pone a prueba la solvencia técnica del programa económico.
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