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OPINIÓN

«Transformar el Senado en el Centro Nacional de Planificación Estratégica», por Mario Mazzitelli

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Por una Democracia Republicana.

Soy partidario de la Democracia por ser el gobierno del pueblo y Republicana en tanto limita y controla el ejercicio del poder. Me parece uno de los criterios más evolucionados de la organización política. Superior a otras formas de gobierno extendidas por el mundo.

Dicho lo anterior sería un error pensar que esta se fundamenta en un dogma, por ejemplo la división en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Puede haber distintos formatos con contenido democrático, al tiempo que diversas técnicas con las que organizar la república.

El momento político, la cultura, la época, la geografía, el contexto, la experiencia sugieren el modelo a elegir. Por ejemplo: a la salida de la noche trágica de la dictadura, recuperar la Constitución que garantizaba el Estado de Derecho, era volver a vivir. Era recuperar la convivencia, la tolerancia, la libertad, la fraternidad, el destino común. ¡Que importaba si era un poco mejor o peor! ¡Si era vieja! ¡Si su contenido expresaba más el siglo XIX que el XX! Era lo que había, una verdadera tabla de salvación. En cualquier caso, superior a la arbitrariedad de grupos económicos, intereses extranjeros, bandas delictivas, etc. encaramadas en el poder por un golpe de fuerza. El corazón y las lágrimas superaban a cualquier apreciación sofisticada. Salir de una cueva oscura y ver la luz del sol debe ser una de las emociones más impactantes que un ser humano puede experimentar. Haber tenido la fortuna de vivirlo es un agradecimiento a la vida que jamás podré pagar.

Pero, como sabemos, después del amor como flechazo, viene el estómago a bajarnos a lo terrenal ¿Pan y cebolla o un buen plato de ravioles? ¿Pobreza de subsistencia o una sana abundancia sin derroche? Pasado un tiempo queremos vivir bien. Sin pedirle a la vida más de lo que nos puede dar. Pero sin privarnos de todo lo que está en condiciones de ofrecernos. Que es mucho.

El llamado de la realidad.

La Argentina ha atravesado todo tipo de crisis desde hace décadas: económicas, sociales, políticas, institucionales y morales. Después de cada una de ellas el país se fue rediseñando. Para peor. Una sociedad más fragmentada (económica, social y culturalmente) donde lo sobresaliente es el incremento del número de pobres. Además de otras consecuencias indeseadas. No a todos les va mal. Pero lo destacado es que de un pueblo integrado socialmente, con pleno empleo; pasamos a una sociedad dual. Donde bastiones de pobreza, en casuchas miserables, en peleas por un pedazo de tierra, etc. junto a construcciones deslumbrantes, barrios privados, etc. van dando lugar a una polarización, que niega los principios fundantes de la Patria donde la libertad es la estrella y en el trono la noble igualdad. Al negar la esencia de nuestro proyecto de vida, la crisis se retroalimenta. Desde las miradas conspirativas hacia los poderosos hasta la explicación de que son pobres porque son vagos y no quieren trabajar. Aunque los veamos arrastrar carros enormes cargados de cartón y revolviendo en la basura, actividad de la que alguno de nosotros nunca seríamos capaces de hacer. No, no son vagos ni quieren vivir en la pobreza. Son las víctimas, cada vez más y más chicos, de un sistema con fallas. Que por efecto de la incompetencia, pero también de la innovación tecnológica, fue hundiéndonos en el atraso. Y con él la injusticia y el estancamiento. Superar esta situación no será por imperio de un mago, curandero o vendedor de humo. Será una labor ardua de adaptación a las nuevas condiciones históricas. Sí, nada de regresiones nostálgicas a un pasado que no vuelve en ningún caso. Enfrentar los desafíos del futuro es el tema.

¿Qué nos pasa?

Se reitera una y otra vez la misma pregunta: ¿Por qué un país con tantas riquezas, con habitantes inteligentes y sin grandes divisiones religiosas, políticas, regionales; se empantana en la mediocridad?

La falla principal es sistémica.

Las respuestas que se intentan son múltiples: Saqueo, Déficit Fiscal, Corrupción, Dependencia, Estatismo, Liberalismo, Populismo, la Mentira como método para llegar al Gobierno, etc. Todas cargan una cuota de verdad. Pero son un efecto. (Incluso el saqueo, que desde mi punto de vista prevalece sobre las demás y en gran medida las explica; es un efecto) Resulta la exteriorización de una causa más profunda. Enmascara la falla principal que es sistémica. Es, ese defecto en el sistema, el que induce a un gobierno tras otro (independientemente del color político y la capacidad de las individualidades) al cortoplacismo, a respuestas fragmentadas y a la improvisación.

Los saqueadores.

Los saqueadores, las grandes corporaciones perfectamente organizadas, son las beneficiarias principales de la ausencia de esta pieza clave para cualquier organización y mucho más para un Estado Nación, no tienen interés en resolverlo. Muy por el contrario, cuanto mayor sea el libertinaje mejor. Hoy están en el paraíso (al decir de un empresario del petróleo)

Visto desde otro lado: si son los héroes, capaces de organizar eficazmente sus empresas ¿Por qué no le sacamos la casta de encima y dejamos que ellos se hagan cargo de todo? Un poco, parece ser el razonamiento de algunos. La respuesta es simple: sus organizaciones responden a un interés particular, faccioso, fragmentario. Su éxito se mide linealmente: la incorporación de más dinero al bolso de la empresa, la ganancia. Que después la fuguen o la inviertan es otra cosa. Pero, como cien conejos pueden pesar como un caballo, pero no son un caballo; cien empresarios pueden pesar como un Estado organizado por una Constitución que persigue el bien común, pero no son el Estado. (Volveremos sobre este tema)

La ignorancia al Poder. Oro por espejitos de colores.

Una dirección política del Estado que ignora para qué sirve, cuáles son sus objetivos, que rol le asiste a cada empresa pública en un proyecto de Nación; las pone a remate irresponsablemente.

YPF, Administración General de Puertos, Aerolíneas Argentinas, Empresa Argentina de Soluciones Satelitales, Agua y Saneamiento, Banco Nación de la Argentina, Banco de Inversión y Comercio Exterior, Casa de la Moneda, Corredores Viales, Correo, Etc. En el intercambio vamos a cambiar oro por espejitos de colores. No sería la primera vez.

Ahora, alguien con mayor sofisticación de pensamiento podría sostener que: “se trata de herramientas valiosas para desplegar un plan estratégico de desarrollo nacional.” Pero, si hoy no existe tal plan ¿Para qué las queremos? ¿Por qué no ponerlas en la vidriera de trastos viejos en liquidación?

Proyecto, Plan, Programa y Política.

El Proyecto.

No es precisamente que a la Argentina le falte un “Proyecto de Nación”. En este sentido podríamos darnos por satisfechos con la “Constitución Nacional”.

Objetivo: “…constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino…”

Además de su gobierno soberano con la forma representativa republicana federal…establece que “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.” “El trabajo…gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección…” “El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable…”

Debemos sumar los tratados internacionales con jerarquía constitucional. La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, etc.

Sintetizando, los argentinos adherimos a la idea de construir una sociedad justa, próspera y moderna; asumiendo los valores más altos y nobles alcanzados por la humanidad en el tiempo histórico que nos ha tocado.

Entiendo que (excluyendo cabezas alocadas que entienden que las necesidades de las personas o de las familias son infinitas y por tanto hay que abolir todo el sistema de derechos tendientes a la Justicia Social) estos principios consagrados en la CN están fuera de discusión. Ese es el Proyecto.

El Plan.

Falta el plan con el que alcanzar los objetivos consagrados en la CN. Al tiempo que el órgano que elabore dicho plan. La Planificación debe ser Estratégica, Democrática, Flexible, Federal, Orientativa y Moderna. Para eso propongo que el Senado de la Nación se transforme en el Centro Nacional de Planificación. El plan es la guía para la acción, pero no la acción misma.

La propuesta que estoy promoviendo y poniendo en consideración, apunta a resolver dicha falla. Implica una Revolución en las Instituciones Argentinas, para lograr “Más y Mejor Democracia”. Sin embargo, su aplicación también puede realizarse sin cambios institucionales, con solo un acuerdo político. Hasta que el diseño de una nueva arquitectura constitucional disponga el cambio.

Además, la Planificación Estratégica debe servir como guía para la planificación en el resto de los estamentos del Estado, en el sistema educativo, en la actividad empresarial y en las familias. Así una cultura, una tecnología y una metodología de la planificación se derramarán por el país en beneficio de todos.

Los programas.

Los programas de gobierno deben ser presentados al pueblo por los partidos políticos o alianzas electorales con suficiente antelación. Se elaboran en el marco del respeto a la CN y el Plan Estratégico. Puede incluir incluso la reforma de ambos instrumentos. Pero el programa de gobierno debe dar cuenta de las acciones que se proponen ejecutar en cada área, en cada región, para cada uno de los 4 años de gobierno. De manera que pueda auditarse.

El sistema político argentino luce una disociación casi absoluta entre lo que se dice en campaña y lo que se hace en el gobierno. De manera que la mentira, la simulación, el espectáculo, los golpes de efecto; son usados sin ninguna limitación para el acceso al gobierno; para luego despacharnos que todo lo que se iba a hacer no se hace y en cambio se hace todo de manera diferente. La historia se repite. De esta manera el electorado no está en condición de tener un juicio certero sobre la calidad de la gestión. Todo es confusión, improvisación y chapucería. Así nos va.

La política.

A nadie se le ocurre que se puede construir un liderazgo desde la solvencia técnica que requiere el manejo de la cosa pública. Tampoco que quien tenga la responsabilidad de la gestión tenga sus manos atadas frente a la dinámica de los hechos. Quien conduce tiene un marco obligado de referencia (CN, Plan y Programa) que es una guía para la acción. A partir de allí surge el arte de la política y de la conducción. El dirigente que tiene a cargo un poder Ejecutivo, tiene límites presupuestarios, choca con eventos imprevistos (crisis, pandemia, accidentes, desastres naturales, atentados, etc.), convive con la resistencia de los opositores (políticos, económicos, sociales), sufre por los retrasos del cumplimiento de sus objetivos, la incompetencia o indolencia de los funcionarios públicos, las luchas de todo tipo. No se hace política en el vacío. Sino en un ámbito social de alta complejidad (nunca la Inteligencia Artificial va a reemplazar a la política. Aunque pueda hacer sus aportes) Con todo, debemos asumir que ninguna de estas circunstancias nos puede llevar a la inmoralidad de estas afirmaciones: “si hubiera dicho lo que iba a hacer no me votaba nadie”, “vamos viendo”, “llego sin equipo y tomo uno prestado”, “no sé qué hacer y un grupo político con el que confronté me impone un DNU o megaproyecto de ley inconcebible”, “Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada.”

Fundamentos.

El actual Senado Nacional es la institución más apropiada para transformarse en un organismo planificador.

Es democrático porque surge del voto popular. Es federal porque tiene una representación igualitaria por cada provincia y la CABA. Reúne una buena parte de la dirigencia política. Cuenta con presupuesto y muchos empleados capacitados. Allí se concentran asesores de buen nivel en todas las especialidades. Tiene la capacidad de convocar a individuos e instituciones de orden nacional o internacional para asesorarse de la mejor manera. Puede abrir los mejores debates sobre los temas más sensibles. En fin, lo veo como un verdadero salto de calidad para la democracia argentina.

Aprovechar la estructura y los conocimientos de esta Institución no tiene costos presupuestarios. Muy por el contrario dejaríamos de duplicar los costos de la labor legislativa.

Por otra parte, mi impresión, compartida por muchos, es que el Senado Nacional, tal cual lo conocemos, sirve para poco y nada. Es lógico: un poder con dos cabezas es un sinsentido. Parafraseando a los romanos: “es preferible una cámara legislativa mala a dos buenas”. Es evidente. Repite las tareas, los debates, duplica gastos, entorpece la tarea de legislar, cajonea proyectos sin explicaciones públicas, etc.

Transformarlo en un Centro Nacional de Planificación Estratégica, es una tarea que puede realizarse en etapas para llegar finalmente a una Reforma Constitucional que incorpore un nuevo Poder en el organigrama del Estado, el Poder Planificador.

“Terminar con la Improvisación en el manejo del Estado”.

Vemos que los principales problemas: Pobreza, Seguridad, Ambiente, Educación, Salud, Vivienda, Desarrollo, Energía, Industria, Comercio interior y exterior, Minería, Pesca, Política Fiscal, Monetaria, Financiera y Cambiaria, Deuda Pública, Coparticipación Federal, Inserción Internacional, etc. no se solucionan. Y en algunos casos se agravan.

Se habla mucho de “Políticas de Estado”. Eso está bien. Pero estas no se alcanzan a través del buen diálogo, reuniones bilaterales o mesas multisectoriales. Todos elementos positivos para el buen convivir democrático, pero incapaces de superar la coyuntura.

Entonces nos caracterizan las idas y vueltas. Lo podemos ver en: Derechos Humanos, Derechos Sociales, Deuda Externa, Malvinas, Traslado de la Capital, Inserción en el mundo, Papel del Estado, Empresas Públicas, Energía, Transporte, Política fiscal, monetaria y cambiaria, Educación, Salud, etc. Tantas contradicciones, improvisación y oportunismo terminaron por minar la confianza en el futuro nacional.

No hay planificación. Y cuando no hay plan; “reina el desorden”. Y allí los más beneficiados son los pescadores en “río revuelto”. Mayoritariamente de actividades ilícitas y corruptas. Vemos que faltan buenas inversiones en áreas estratégicas porque no hay seguridad. Quienes pagan el precio por todos los desatinos son las mayorías populares.

Poder Legislativo Unicameral.

La transformación del Senado en Poder Planificador nos permite “Avanzar hacia un Poder Legislativo Unicameral”. Es contrario a toda lógica tener un Poder bicéfalo. Las tareas legislativas las puede realizar con todo éxito y eficacia una sola Cámara. Para el caso la Cámara de Diputados. Si las provincias sintieran algún menoscabo en su representación, no resultaría difícil alcanzar un consenso para que todas puedan estar bien representadas a la hora de votar las Leyes de la Nación.

Por otro lado, la experiencia parlamentaria de muchas provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de varios países del concierto de naciones, muestra la funcionalidad de un Parlamento de tipo unicameral.

Quiero aclarar que la elaboración, aprobación y promulgación de las leyes no reemplazan al Plan. En general nuestras leyes son votadas bajo el imperio de la realidad. Puede ser una necesidad del Poder Ejecutivo, bajo el ímpetu de movimientos sociales o ambientales, por presión de organismos internacionales, etc. En condiciones de presión se vota. Luego decae la presión, se relajan las relaciones y se vuelve a la normalidad que, en Argentina, es respetar limitadamente las leyes. Por otro lado, pueden ser leyes con cierto grado de contradicción entre sí. No importa, después se va resolviendo sobre la marcha. Valen, pero no son un plan, ni siempre responden a una lógica estratégica.

Sólo el Estado a través de un Poder Planificador está en condiciones de resolver esta cuestión.

Cada Partido Político tiene más o menos elaborado un Proyecto, Plan o Programa. En las propias estructuras del Estado, en los Ministerios, existen planes confeccionados desde una mirada particular. Cada provincia tiene una visión regional sobre la Argentina deseada. Hay Universidades cuyos académicos trabajaron y trabajan en esa dirección. Científicos, ingenieros, técnicos que tienen respuestas elaboradas para la resolución de muchos problemas. Estudiosos que piensan en el futuro y tienen un caudal enorme de ideas que aportar. La Iglesia Católica con Universidades, Escuelas y Organizaciones de protección social que expresan la necesidad de elevación social de nuestro pueblo. Centros de estudio e investigación sindicales (que miran al país desde los grandes generadores de los bienes y servicios de la sociedad que son los trabajadores) Militares que han retomado la tarea de pensar integralmente a la Argentina. Diplomáticos capaces de abordar cuestiones internacionales y geopolíticas desde una formación y experiencia de primer nivel. Empresas y consultoras privadas que avanzaron sobre diversos asuntos. Pero ¿Quién puede reunir esta enorme riqueza y canalizarla provechosamente? ¿Qué estructura puede hacerse cargo de armonizar tanto material y sintetizarlo en un plan?

La realización de nuestros objetivos como Nación y los pasos para alcanzarlos, no pueden provenir: ni del gobierno de turno, ni de potencias extranjeras, ni de organismos internacionales, ni de empresas multinacionales, ni del sector privado. Tampoco, desde mi punto de vista, de un Ministerio de Planificación con un funcionario transitorio designado por el presidente, ni ente autárquico constituido a tal fin.

Síntesis.

La propuesta es crear un Nuevo Poder para subsanar la gran falla institucional que venimos padeciendo y que induce a la dirigencia política al cortoplacismo, la improvisación y el oportunismo electoral.

Esquemáticamente las autoridades de la Nación se dispondrían (cuando democráticamente acordemos una nueva arquitectura) de la manera siguiente:

– Poder Judicial. Garante de la constitucionalidad y la administración de Justicia.

– Poder Planificador. Con capacidad para establecer objetivos y planes para el largo plazo.

– Poder Ejecutivo. Con el deber de realizar el programa “cuatrienal” respaldado por el voto popular, compatible con el plan general y auditable anualmente.

– Poder Legislativo. Unicameral. Constituido solamente por la Cámara de Diputados.

– Ministerio Público. Etc.

OPINIÓN

«La educación: ¿Servicio esencial?», por Raúl Ferrara

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La falta de convocatoria del gobierno para la paritaria nacional docente despierta las alertas del sector sindical. Las posibles medidas de fuerza que impidan el inicio de clases vuelven a instalar el debate sobre las limitaciones al derecho de huelga y la esencialidad de la educación a esos efectos.

Cada año, más o menos para la misma fecha, es decir durante el mes de febrero, se empiezan a despertar las alertas en la sociedad sobre el inicio (o no) del ciclo lectivo, con origen en los reclamos de actualización salarial y de condiciones de trabajo, del colectivo de trabajadoras y trabajadores de la educación.

También cada año, los reclamos en cuestión se canalizan (al menos así era hasta este año) por su canal natural que es la negociación colectiva, primero a nivel nacional -en la que se fija el piso salarial para todo el país- y luego en cada una de las jurisdicciones provinciales y la Ciudad de Buenos Aires.

La incertidumbre de la sociedad es aprovechada por ciertos sectores de la política para instalar en el inconsciente colectivo la idea de que la educación es un servicio esencial (como si esta categoría definiera la importancia de un servicio) y que a partir de la declaración de esencialidad se debe prohibir o limitar el derecho de huelga de las y los docentes que reclaman por la mejora de sus condiciones de trabajo.

Estas ideas toman particular ímpetu cuando se dan en un contexto de criminalización de la protesta social y de persecución y escarnio público al más alto nivel institucional de cualquiera que exprese opiniones contrarias al gobierno.

Ahora bien, detrás de esa discusión “mediática” poco y nada se informa a la sociedad sobre
qué significa un “servicio esencial”, cual es el régimen aplicable, qué sostienen los organismos internacionales al respecto y, en definitiva, si es viable, como se ha dicho recientemente, la declaración como servicio esencial por decreto presidencial o por cualquier otro tipo de acto del poder ejecutivo.

Pero primero, lo primero…

En el mundo occidental moderno, ese de las libertades a las que tanto se invoca, la huelga es un derecho protegido. Hace rato hemos superado la etapa de la persecución criminal de huelguistas del siglo XIX o la etapa de la mera tolerancia de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. A partir de la primera guerra mundial, el derecho de huelga goza de amplio reconocimiento y protección normativa.

En nuestro país se encuentra expresamente reconocido en la Constitución Nacional que en
el art. 14 bis reza “Queda garantizado a los gremios (…) el derecho de huelga”.

A ello se agrega que la reforma del año 1994, reforzó la garantía al otorgar la máxima jerarquía normativa a un grupo de tratados internacionales (artículo 75, inciso 22, 2º párrafo, CN.), entre los que se destaca el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), que remiten al Convenio Nº 87 de la OIT que tutela el derecho de huelga como libertad sindical de acción.

¿Qué dice el Convenio 87 al respecto?

Por un lado, impone la abstención de toda injerencia que tienda a limitar la autonomía de las organizaciones o entorpecer su ejercicio (art. 3.2); por otro, prohíbe a las legislaciones nacionales y a los órganos encargados de aplicarlas, todo menoscabo a sus garantías (art. 8.2) y garantiza la autonomía de los trabajadores para formular su «programa de acción».

La redacción del artículo 14 bis C.N. respecto de la tutela constitucional del derecho de huelga es una exteriorización del respeto por parte del Poder Constituyente a la eficacia autónoma de los derechos colectivos fundamentales. En la práctica, ello importa que toda restricción al ejercicio de estos derechos debe provenir, como mínimo, de fuente legal (cfr. art. 28, CN), resultando imposible a la reglamentación vulnerar esta garantía a través de la atribución de potestades legislativas, la elaboración de excepciones conceptuales o de enumeraciones extensas o abiertas de las actividades comprendidas en dicha categoría -de interpretación necesariamente restrictiva- o de injerencias que impliquen un menoscabo al ejercicio de este derecho derivado de la libertad sindical (cfr. art. 8.2, Convenio n° 87).

Pero entonces, es válido preguntarnos si ese derecho admite algún tipo de restricción o limitación y cuáles serían sus condiciones y alcance. Ello nos lleva al debate sobre qué es un servicio esencial, es decir aquel susceptible de admitir alguna limitación para el ejercicio del derecho de huelga, y qué no lo es y si, además, en esa materia existe sinonimia entre “esencial” e importante o trascendental.

La Organización Internacional del Trabajo, centenario organismo especializado de Naciones Unidas, único de composición tripartita (estados, trabajadores y empleadores), sostiene que «para determinar los casos en los que podría prohibirse la huelga, el criterio determinante es la existencia de una amenaza evidente e inminente para la vida, la seguridad o la salud de toda o parte de la población”. Queda claro que en esa caracterización de esencialidad, no se incluye -a priori- a la educación, no porque se la descalifique como servicio importante o trascendental para la sociedad sino porque la esencialidad, a los efectos de la limitación del derecho de huelga, se sustenta en el PELIGRO PARA LA VIDA, LA SEGURIDAD O LA SALUD de la población. Sin embargo, también debe señalarse que este concepto general no es absoluto puesto que un servicio no esencial puede convertirse en esencial, en
determinadas circunstancias y cumpliendo determinadas instancias.

Al respecto existen numerosos antecedentes en los que se ha expedido el Comité de Libertad Sindical de OIT analizando los casos concretos objeto de denuncia y que pueden ser consultados en la web del organismo.

En síntesis, de acuerdo con el ordenamiento vigente, las fuentes con potestad de definir válidamente los límites al ejercicio del derecho fundamental de huelga, son: la propia Constitución Nacional (y los tratados internacionales de jerarquía superior a las leyes), la autonomía colectiva y la ley. Por ende, sólo de cualquiera de estos instrumentos puede surgir la determinación del concepto de servicios esenciales a los efectos de su utilización como límite all mencionado derecho Actualmente, en nuestro país, es la Ley 25.877 la que regula el ejercicio de huelga en los servicios esenciales disponiendo la garantía de los servicios mínimos que obsten a la interrupción de aquéllos La norma no define a los servicios esenciales para la comunidad, sino que los enumera y luego permite una extensión a otras actividades a través de un órgano independiente.

La enumeración legal de los servicios esenciales comprende: «los servicios sanitarios y hospitalarios, la producción y distribución de agua potable, energía eléctrica y gas y el control del tráfico aéreo.» Con excepción de la producción y distribución de gas, las actividades enumeradas integran el grupo de servicios que los órganos de control de normas de la OIT consideran «esenciales en el sentido estricto del término». Tampoco se incluyó en el articulado de nuestra ley a los servicios telefónicos, que integraban la
categoría en los criterios de los órganos de control de la OIT.

Como ya habíamos anticipado más arriba, esta enunciación no es absoluta pues se contempla la posibilidad excepcional de ampliarlo a «una actividad no comprendida» en esa enumeración mediante una calificación realizada “por una comisión independiente”, previa apertura del procedimiento de conciliación obligatoria previsto en la legislación. Esta comisión de garantías se integra por 5 miembros en representación de las organizaciones de empleadores y de trabajadores más representativas, de la ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE BUENOS AIRES, del CONSEJO INTERUNIVERSITARIO NACIONAL (C.I.N.) y un representante del ejecutivo.

Para ello deben además darse alguno de los siguientes supuestos: 1) Que la duración y extensión territorial de la interrupción de la actividad, la ejecución de la medida pudiere poner en peligro la vida, la seguridad o la salud de toda o parte de la población. 2) Que se tratare de un servicio público de importancia trascendental, conforme los criterios de los organismos de control de la Organización Internacional del Trabajo».

¿Es entonces la educación susceptible de ser declarada un servicio esencial?

Más allá de la desinformada opinión de algún trasnochado tuitero con altas responsabilidades institucionales es oportuno recordar que la temática no tiene nada de novedosa y que ya habido numerosos antecedentes en que se ha expedido el COMITE DE LIBERTAD SINDICAL de OIT, incluso respecto de nuestro país (Caso NEUQUEN), sosteniendo que “el sector de la educación en general no constituye un servicio esencial en el sentido estricto del término y recordó que en casos de huelga de larga duración en el sector de la educación pueden establecerse servicios mínimos en consulta plena con los interlocutores sociales”.

En el citado caso, la OIT solicitó “con insistencia al Gobierno que vele por que en el futuro, en caso de conflicto en el sector de la educación en la Argentina, en el marco del cual se realice una huelga de larga duración, se tomen medidas para que en la definición de los servicios mínimos participen no sólo las autoridades públicas, sino también las organizaciones de trabajadores y de empleadores interesadas”.

Las claridad meridiana del Comité de Libertad Sindical me eximen de mayores comentarios.

CONCLUSIONES

En este breve análisis, que no pretende ser un artículo de doctrina jurídica sino un pequeño aporte para echar luz sobre el humo mediático en la materia, queda claro que la educación no es un servicio esencial en sentido estricto que justifique limitar apriorísticamente el ejercicio del derecho de huelga.

La eventual evaluación sobre la imposición de alguna restricción a su ejercicio sólo es factible frente a un conflicto ya desatado, de larga duración, previo a haber transitado y agotado los mecanismos de rango legal de conciliación obligatoria y respetando un procedimiento del que participen los actores sociales como el que ya está previsto en la legislación … nunca mediante una decisión unilateral del gobierno de turno.

(1) Es Abogado Laboralista. Ha sido Director Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y consultor externo de la Organización Internacional del Trabajo.

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OPINIÓN

«Es el saqueo a la Argentina, así de sencillo (37)», por Mario Mazzitelli

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NO PRIVATIZAR NADA*.

Jibarizar el Estado para tupacamarizar el territorio, ese es el plan del enemigo. Dividirnos hasta donde puedan. Despojarnos de los bienes naturales. Empobrecernos para derrotarnos (Federico Sturzenegger en Harvard -EEUU-: «Hay que empobrecer a los grupos de interés -el pueblo argentino- para ganarles la pelea») Transformarnos en territorio de sacrificio para el extractivismo y desechar como escoria a la población inútil a su proyecto. Tributar al centro del sistema desde una periferia subalterna. Hacernos pagar -ad infinitum- una deuda artificial, ilegítima y fraudulenta; fabricada para el saqueo material y la subordinación política. Inducirnos a una guerra para infligirnos una derrota aleccionadora, con la Otan no se jode. Amamantar al interior de nuestra sociedad a una elite colonizada política, cultural, ideológica y económicamente. Alinearnos automáticamente en relaciones carnales desgarradoras. Subordinar los instrumentos de la defensa para que apunten sus armas contra el pueblo y volviéndolos inofensivos frente a la potencia invasora, que disputa el dominio sobre una gran parte de nuestro territorio. Desalentar al pueblo para que cunda la resignación. Hundirnos en la derrota. Lograr que una parte de la dirigencia popular diga que son irreversibles algunas medidas, como la dolarización, o las privatizaciones.

Al enemigo le debemos hacer saber que “No somos empanadas que se comen sin más que abrir la boca” parafraseando a San Martín. «Y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos, los indios»; «seamos libres y lo demás no importa nada»; porque la verdadera libertad es la del alma, como bien nos propone San Martín. La libertad del alma es la que nos hace materialmente libres. Con ese espíritu, la extorsión del imperio para señalarnos las privaciones que vamos a pasar si no nos subordinamos, se vuelven vanas, huecas, insustanciales. El pueblo como un cuerpo, solo obtiene la libertad en la medida que cada uno es libre en el marco de la libertad colectiva. Y el instrumento de esa libertad colectiva es el aparato político, jurídico, económico creado a tal fin: el Estado Nación. Fundado para el ejercicio colectivo e individual de la libertad. Sin Estado ningún pueblo puede ser libre.

Por eso el Estado (sobre todo en un país de la periferia del capitalismo global) debe intervenir de manera inteligente en el desarrollo económico de la Nación. Puede crear empresas de la nada, contando con las capacidades laborales, los recursos naturales y la voluntad soberana para hacerlo. Por eso hicimos YPF, Aerolíneas Argentinas, Tandanor, Banco Nación, etc. como en su momento Somisa, Entel, Astilleros Río Santiago, Trenes Argentinos, Hidronor, Nucleoeléctrica Argentina S.A. Fabricaciones Militares, etc. Estas decisiones estratégicas, de buenos gobiernos argentinos, fueron bombardeadas sistemáticamente. Siempre. En forma abierta o encubierta. Con campañas de desprestigio, colonizando sus directorios con gerentes de empresas privadas que van a sabotear a la empresa pública (Juan José Aranguren, hombre de la Shell, ex ministro de Energía de Macri, es procesado por negociaciones incompatibles con la función pública, al favorecer – desde el Estado – a sus anteriores empleadores. Hay cientos de ejemplos) También endeudándolas, haciéndolas ineficientes, deficitarias, brindando un servicio deficiente, administrándolas sin una estrategia clara, explícita y democráticamente consensuada. Hoy vienen por el saqueo de este patrimonio común de todos los argentinos. No hay que dejar que se privatice nada.

PRIVATIZAR ES AUMENTAR EL PRECIO DE LOS BIENES Y SERVICIOS.

Es simple entenderlo. Una empresa bien administrada brinda los mejores bienes y/o servicios al menor costo. Para esto la gerencia debe lograr la mejor organización de su personal, el uso eficaz de sus herramientas e infraestructura, el más alto grado de capacitación y disciplina, el protagonismo para inducir cambios favorables al funcionamiento, el compromiso con la empresa y los clientes, la propia participación de los clientes a la hora de proponer buenas ideas, buen trato con los proveedores, plan de inversiones, control y mejoramiento de los procesos, auditorias, evaluaciones y comparaciones permanentes, cuidado del ambiente, compromiso con la sociedad y el Estado al que pertenece y constituye.

Todo esto va a tener un costo que, desde mi punto de vista, debe ser cubierto por los usuarios (Consumidores que van a tener preferencia por una empresa que les pertenece. Además, del orgullo; como supimos tener con algunas de las nombradas) La privatización implica sumar al costo la ganancia de los nuevos dueños. Es decir: un aumento de los precios de los bienes y/o servicios, sin ninguna ventaja real. Por algo se desarrollan las empresas públicas.

Stock y flujo.

Cada empresa representa un stock de capital acumulado por la sociedad (inversiones desde el Estado) y los trabajadores (ganancias reinvertidas) Transferir este stock de capital es un mal negocio para el pueblo.

En primer lugar porque significa una transferencia de riqueza del pueblo a los grupos económicos concentrados (nativos o extranjeros) Siempre se paga menos que el valor de mercado y se lo hace pasar como si nos hicieran un favor. (Nos toman el pelo los que se quedan con nuestro patrimonio a precio de ganga.)

En segundo lugar porque es una pérdida de poder del Estado y del pueblo, para otorgarlo a compañías privadas que, cuando no tienen un objetivo geopolítico en favor de sus Estados Nación, solo miran como optimizar sus ganancias. Sin compromiso con el destino colectivo de los argentinos.

En tercer lugar, porque a partir del momento en que empiezan a facturar se produce un flujo permanente de recursos destinados a estas empresas, cuyo destino nada tendrá que ver con el desarrollo nacional, sino con las ganancias de sus accionistas.

En definitiva un negocio pésimo para las grandes mayorías y excelente para unos pocos.

En cambio: si alguien quiere realizar una nueva inversión de riesgo para competir con una empresa estatal, bienvenido. Obligará al gerenciamiento estatal a no dormirse sobre los laureles y mantenerse todo lo cerca que pueda de la punta tecnológica y organizativa, brindando mejores productos a la sociedad.

LOS GOBIERNOS DEL PUEBLO NO PRIVATIZAN.

Si la Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; el gobierno no lo despoja de sus empresas para favorecer a pequeños grupos capitalistas. Podríamos decir: ningún gobierno enteramente democrático privatiza. Si privatiza es un gobierno plutocrático, aristocrático, oligárquico o anarco-capitalista. El haber logrado el voto con ardides de campaña no habilita para la enajenación del patrimonio de todos.

Por estas razones el bloque nacional de poder no debe dejar que se privatice nada. Y frente al peligro del despojo, lejos de llorar por lo irreversible del asunto, debe alertar a los inversores que esas privatizaciones serán revertidas, apenas cambie el color político de la administración pública nacional.

Veamos un ejemplo.

ARSAT es una empresa de telecomunicaciones del Estado Argentino que brinda servicios de transmisión de datos, telefonía y televisión por medio de infraestructura terrestre, aérea y espacial. INVAP es otra empresa del Estado que unió la investigación científica con la industria. Esta logró ubicarse en los primeros lugares en el mundo en tecnología nuclear, defensa, aeroespacial, seguridad, ambiente y medicina.

INVAP construyó el satélite ARSAT-1 de comunicaciones geoestacionario que brinda servicios de telecomunicaciones, transmisión de datos, acceso a Internet, telefonía IP y televisión digital, para Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia. Con el ARSAT-1 la Argentina se convirtió en una de las ocho naciones del mundo en capacidad de desarrollar y producir sus propios satélites geoestacionarios.

Parece que Elon Musk y Carlos Slim tienen interés en su compra. Un gobierno obnubilado por el deseo de dolarizar (otra medida contraria al desarrollo nacional, pero reversible como veremos en otra nota) quiere liquidar las empresas por unos cientos de millones de dólares.

Como dijimos arriba esta es una transferencia permanente del stock de capital nacional a dichos actores, más el flujo por el pago continuo de sus servicios. Pero hay más.

Estas empresas son una muestra de las capacidades que tenemos los argentinos en estas materias. De manera que sirven de ejemplo y estímulo para millones de jóvenes que pueden observar que en la disputa por la punta tecnológica, el desarrollo científico, la producción y la innovación sistemática, ellos son testigos del presente y pueden ser los protagonistas en el futuro. De manera que defenderla para el desarrollo nacional es importante desde la educación, las finanzas,…..y el futuro.

Alguien puede decir: “si son privadas serán más eficientes”, este es un latiguillo de los saqueadores. Veamos ¿Qué harían Elon Musk o Carlos Slim en caso de comprar la empresa? Pondrían a cargo una gerencia de su confianza para que acoplen ARSAT e INVAP a su estrategia global de negocios. Pero ¿Qué tenemos que ver nosotros con la estrategia global de negocios de estos empresarios extranjeros? Además, si ellos pueden poner una gerencia eficiente para sus objetivos ¿Qué le impediría al Estado argentino conseguir un gerenciamiento altamente calificado que disponga la orientación de las empresas en función de los objetivos nacionales? ¿Qué nos llevaría a pensar que gerentes elegidos por empresarios (motivados únicamente por el afán de dinero) serían más eficientes que otros elegidos por el Estado nacional (que además del dinero estén motivados por un impulso patriótico y vocación de servicio)?

OTRO EJEMPLO: AYSA.

En la segunda mitad del siglo XIX, Buenos Aires sufrió la epidemia del cólera y de la fiebre amarilla. Hizo estragos en los barrios humildes, entre otras cosas por la falta de higiene. En 1892 se constituyó la Comisión de Obras de Salubridad. En 1909 se elaboró el primer plan nacional de saneamiento. En 1912 se fundó Obras Sanitarias de la Nación. Su historia, como la de tantas otras empresas nacionales, debería sumarse a la currícula educativa. En el proceso de jibarización (desguace del Estado) en 1993 se privatizó a favor del grupo Suez de Francia. No funcionó bien. En 2006 se creó AySA (Agua y Saneamientos Argentinos) que brinda el servicio de agua corriente y cloacas, en CABA y la mayoría de los municipios del conurbano.

La última boleta que pagué fue de $ 7.902.51. Agua abundante, de buena calidad y cloacas. La boleta del servicio de internet, TV…más que triplica ese monto. Algo no anda bien.

La empresa tiene balances deficitarios ¿Eso justificaría su privatización? No. En absoluto. Como quedó dicho más arriba, los privados solo subirían la tarifa para pasarla a modo superavitario. Al ser una prestación monopólica puede manejar los precios a su antojo. El tema es el criterio político. Si un gobierno otorga un Ingreso Básico Universal, como corresponde; luego no tiene que subsidiar ni el agua, ni la luz, ni el gas. La empresa puede regirse con criterios de alta eficiencia, con sus planes de inversión a full, sin que a nadie le falte el agua ni las cloacas.

LAS EMPRESAS DEL ESTADO Y EL DÉFICIT FISCAL

Las empresas del Estado pueden ayudar a sostener el erario público. Si las empresas fueran altamente superavitarias (con ganancias cuya inversión sobreabundante no se justifica) bien pueden aportar sus ganancias al tesoro nacional, para aliviar las cargas tributarias.

Estas empresas pueden resultar claves a la hora de recuperar rentas extraordinarias; producto de posiciones dominantes, servicios monopólicos, bienes naturales escasos (energía, minería, pesca, etc.) De esa manera el pueblo recupera lo que le pertenece para destinarlo a otros objetivos: salud, educación, seguridad, infraestructura, etc. y no ganancia privada de accionistas que – en algunos casos – ni viven en el país. Impidiendo, por ejemplo, que agua argentina, movida con en energía argentina, por trabajadores argentinos, sobre instalaciones argentinas, etc. pagadas en moneda argentina; deban cambiarse a dólares para que se vayan al exterior, a llenar otros bolsillos y engordar otras economías ¿Cuál es el negocio? ¿En serio quienes nos gobiernan son economistas? ¿O apenas son agentes del capitalismo internacional?

OTRO EJEMPLO

El Dr. Alberto M. Schprejer, ex vicepresidente de TANDANOR, escribió una nota magnífica refutando los argumentos de los saqueadores. Los próximos son párrafos de su escrito:

El argumento del déficit fiscal, “no abarca a TANDANOR, dado que los balances contables de los años 2020/2021/2022 y 2023, auditados por la AGN (Auditoría General de la Nación), fueron positivos. La empresa es superavitaria y no recibe subsidios del Estado, se autofinancia, los salarios de los trabajadores se pagan con el resultado de la producción.” “Con 144 años de existencia TANDANOR es una empresa estratégica en el marco de la industria para la defensa. Es líder de la industria naval y defensora, junto a otros actores, de nuestra soberanía nacional.” “TANDANOR no debe ser privatizada porque cuenta con una infraestructura única en Latinoamérica. En sus 34 hectáreas se encuentra instalado un ascensor de buques (SYNCROLIFT) con una capacidad de elevación de hasta 15.000 toneladas, posee una capacidad de transferencia de 11.700 toneladas, 4 gradas de trabajo y 1.400 metros de muelles.” “Además, la Armada Argentina le cedió el uso de las instalaciones del Astillero Almirante Storni, cuyas instalaciones y su capacidad productiva son similares a las de los astilleros más modernos del mundo, todos estatales”. “¿Por qué son todos estatales? Porque los Estados Nacionales se reservan el poder de defender su soberanía y de construir las herramientas para el logro de ese objetivo.” “Durante los años 2022/2023 junto al Ministerio de Defensa de la Nación y a las empresas Thyssen Group (Alemania) y Naval Group (Francia), se trabajó intensamente en la reformulación y puesta en valor del proyecto de construcción de tres submarinos, para que Argentina vuelva a contar con una fuerza que le permita ejercer su poder disuasivo frente a potenciales agresores estatales extranjeros. Ambas empresas destacaron las capacidades edilicias, humanas y de infraestructura de TANDANOR para la ejecución de este proyecto.” Voy al cierre de la nota: “Dada la cercanía con el proyecto que desarrollará IRSA, del empresario Eduardo Elsztain, en la vieja ciudad deportiva de Boca Juniors, parece factible su interés en los terrenos del astillero.”

Así es, como repetía nuestro querido amigo Pino Solanas “Negocios privados con bienes públicos”.

FINALMENTE

Cuenta Homero en la Odisea que durante la guerra de Troya, los griegos (impotentes para vencer a los troyanos, dada la fortalece de los muros que protegían a la ciudad y la voluntad inquebrantable en resistir la invasión) idearon un Caballo de madera que regalaron como prenda de amistad a sus enemigos. Estos, con gran ingenuidad, lo aceptaron. Lo ingresaron ellos mismos a través de sus muros, sin advertir que en el interior del animal estaban escondidos los atacantes griegos. Durante la noche, cuando las defensas estuvieron bajas, los soldados salieron del Caballo de Troya, ocasionándoles a los valientes troyanos una derrota definitiva. La enseñanza de aquella historia, no es en torno al tipo de animal. Puede ser gato, pato o león. Lo importante es entender que no se puede confiar en los enemigos y tampoco bajar las defensas en ningún momento. Si 32 siglos después no lo hemos aprendido, estamos en problema.

Ni jibarización, ni tupacamarización, ni privatización. La soberanía nacional no se negocia.

*En este caso utilizo la palabra “nada” como sinónimo de insignificancia, infinitesimal o muy pequeño.

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OPINIÓN

«La Región como instrumento de desarrollo», por Ezequiel Beer

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El desarrollo de la actividad económica en sus fases de inversión, producción, consumo e intercambio deberá considerar a las regiones como un instrumento esencial a fin de materializar resultados que permitan generar un desarrollo económico tanto a corto como a largo plazo.

Es bien sabido que nuestro país cuenta con un vasto territorio, con recursos de significación y zonas con extensos vacíos geoeconómicos y poblacionales, y una de las más amplias plataformas continentales del planeta – equivalente a la tercera parte de la superficie emergida del territorio nacional – con riquezas subutilizadas ; aunque hoy existan ciertos condicionamientos por deterioro de sistemas ambientales y ecológicos y de hecho no se esté en condiciones óptimas para ejercer la soberanía sobre ellos.

La política económica deberá hallarse caracterizada en primer lugar por una prevalecencia inmediata del mercado interno argentino concordante con el intercambio comercial de los países suscriptores en los tratados del Mercosur, potencializando los sectores y recursos estratégicos de cada una de las regiones argentinas a través de una política de integración común en cuanto a la infraestructura, comunicaciones, tecnología y educación.

Las exportaciones de los países mas desarrollados se hallan alrededor del 8 al 12% de su Pruducto Interno Bruto (PIB), de allí surge la importancia que presenta el aumento de los niveles de exportación al mercado regional.

Bajo esta perspectiva, debemos destacar que las actuales condiciones de los mercados externos ( tanto la Comunidad Económica Europea como así también los Estados Unidos) se caracterizan por presentar fuertes barreras arancelarias y pujas comerciales en pos del predominio del mercado mundial que no se encuentran ajenas a las posibilidades de desarrollo tanto de nuestro país como de la región del Cono Sur.

Es por ello necesario efectuar un diagnóstico actualizado de las posibilidades de concatenación de las actividades económicas de cada una de las regiones, a través de políticas activas en la generación de pequeñas y medianas empresas y de agencias de fomento para dicho fin – tanto a nivel provincial como municipal-, la re-funcionalización de las distintas zonas francas provinciales a partir de su utilización como grandes centros logísticos, efecto directo de sus condiciones específicas de localización.

La finalización y proyección de obras públicas debe ser también un aspecto esencial en la consideración de la región como un instrumento de desarrollo, tales como el ferrocarril Trasandino del Sur cuya concreción permitirá unir el Atlántico con el Pacífico a través de Zapala (Neuquén) y Lonquimay (Chile); el ferrocarril Transpatagónico.
Paralelamente se deberá considerar la re-funcionalización a través de la inversión y modernización de los tramos regionalmente estratégicos de la red ferroviaria argentina en pos de la obtensión de economias de escala en el transporte de cargas – tanto interno como externo- y la posibilidad de ser un medio de transporte estimulante al flujo de pasajeros, como objeto de la actividad turística como asi también como vínculo que integre el mercado de trabajo ( Ej: EEUU).

Complementariamente, se deberá estudiar la prefactibilidad con respecto a la generación de corredores ferroviarios del Mercosur ( previa unificación de trochas) a través de las siguientes trazas:

– Buenos Aires/Montevideo ( via ferry o puente ferroviario sobre el Rio de la Plata) / Porto Alegre/ Sao Pablo.
– Buenos Aires/ Posadas/ Iguazú/Curitiba
– Buenos Aires/Cordoba/Asunción/Sao Pablo
– Posadas/Porto Alegre

Las experiencias internacionales en relación a los procesos de regionalización e integración económica indican que los Estados Nacionales constituyen fondos comunes de compensación cuyo fin es la transferencia de recursos a aquellas regiones mas desfavorecidas y postergadas, fruto del crecimiento asimétrico de cada una de las regiones.
Para el caso de nuestro país una re- definición de los mecanismos fiscales tanto en el origen de la captación como en la distribución de los recursos monetarios en pos de un sistema impositivo progresivo en el marco de políticas anteriormente descriptas, generarán como resultado un desarrollo alentador en el corto plazo gracias al aumento de la actividad económica.

Ante dicho superavit fiscal la concreción de fondos de desarrollo regional será un instrumento económico adecuado, contando para ello con un organismo de contralor oficial tal como la Sindicatura General de la Nación, que a través de la verificación in situ y de la evaluación de la evolución de indicadores construidos a tal fin auditará los recursos invertidos.

La aplicación de dichos fondos debera ser direccionada – entre otras medidas – hacia una política de desarrollo industrial nacional4 basada en la producción de bienes finales e intermedios y aquellos de mayor contenido tecnológico a partir de las siguientes objetivos:

· La incorporación de tecnología de punta por parte de las pequeñas y medianas empresas vía el redireccionamiento del crédito público y con aranceles y tipo de cambio favorables.

· Radicación de las industrias de transformación en los lugares de producción, minimizando así los costos de transporte, estimulando el crecimiento regional y evitando la migración forzosa hacia las grandes concentraciones urbanas.

· Fomento y reapertura de laboratorios de investigación, talleres y centros de entrenamiento e industrias proveedoras locales destinadas al abastecimiento de las empresas de servicios.

Paralelamente, no debemos dejar de efectuar un severo análisis con respecto al destino de los excedentes originados por la elevada renta petrolera (desnacionalizada en la actualidad) y la renta agropecuaria cuyas transferencias se hayan fuera de las fronteras nacionales, producto de la insuficiencia en la política de control de cambios y obtensión de divisas por parte del debilitado estado argentino ( fruto de decreto presidencial del gobierno del Dr. Menem que permite liquidar hasta un 70% de divisas fuera del país); generando operaciones especulativas cambiarias que afectan sensiblemente los índices de inflación asociados a una estructura de costos interna con fuertes dependencias externas.

Al respecto, se deberá considerar, entre otras medidas, la implantación de precios internos de acuerdo a sus costos de producción reales y las utilidades de la refinación y comercialización ( mas impuestos) como es el caso de Venezuela, Ecuador y Colombia ( actualmente el precio del barril de petróleo se basa en el Western Texas Intermediate (WTI) que desconoce los costos de producción locales y cobra el barril como si fuera importado), la creación de un ente regulador de la explotación de hidrocarburos y la aplcación de un impuesto a la renta petrolera. El conjunto de estas medidas permitirán recuperar recursos a las arcas del Estado Nacional.

Por último, no debemos dejar de subrayar la necesidad de evaluar cuidadosamente los contratos de concesiones viales y la eventual modificación de la Ley Nacional 17.520 que permitió la privatización de la red vial argentina, en función del impacto de las tarifas en los costos de transporte y su proyección sobre los índices de precios y competitividad de los productos exportables.

En materia de experiencias internacionales, en la República Federal de Alemania se haya prohibido el peaje en las “ autobahn” y en Australia sólo se aplica en los accesos urbanos donde el nivel de congestión de tránsito lo justifica.

Ezequiel Beer
Geografo UBA
Analista Politico

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