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OPINIÓN

«Evita en Berisso y una historia de Solidaridad» por Jorge Drkos

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El Cadillac Fletwood negro, estacionó frente al número 335 de la avenida Montevideo. La directora de la entonces Escuela N° 52, piso raudamente el adoquinado y se adelantó a la comitiva para recibir a Evita, que por primera vez llegaba a Berisso.

El verano se resistía a darle paso al otoño. Perón había ganado las elecciones en febrero y en aquel marzo caliente de 1946, el conflicto del sindicato de la carne ya andaba por el día 20.

Juan, así lo llamaba ella, le pidió que llevara la solidaridad y el apoyo al reclamo que realizaban a las empresas frigoríficas por el pago del aguinaldo adeudado, que se cumplan las 6 horas de trabajo en las insalubres cámaras frías y por la reincorporación de los despedidos.

Gran cantidad de vecinos se acercaron a la institución escolar para ver de cerca a la esposa del Presidente electo, entre ellos, Agustín Américo Merlo, berissense de nacimiento, vivía a la vuelta del CEYE y era dirigente de la Asociación de Empleados del Frigorífico Swift, un sindicato de la empresa que no respondía a la conducción de Cipriano Reyes, de la Federación Obrera de la Industria de la Carne. Al final de la visita, estrechándole la mano le agradeció a Ella y al Coronel, lo que estaban haciendo por el pueblo. Ninguno de los dos imagino, que poco tiempo después, en circunstancias muy diferentes, se volverían a vincular.

Los trabajadores serían protagonistas y arquitectos esenciales del naciente peronismo, lo iniciado junto al Coronel allá por el 43, se profundizaba. Asumieron nuevos roles y funciones, desde ser Ministros, legisladores o funcionarios de distinto rango. La presencia del movimiento obrero sería fundamental no solo en el país sino también en el ámbito internacional.

“La política, es la política internacional” dijo el Presidente en septiembre del 46 al inaugurar en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Curso de Elevación Cultural Superior para capacitar a dirigentes gremiales que serían designados Agregados Obreros en las Embajadas Argentinas de todo el mundo para divulgación de su política social y laboral.

Perón los llamo los “diplomáticos del trabajo” agregando que “la solidaridad y la unidad de los trabajadores eran la vía más genuina para la unidad de los pueblos de la Patria Grande”. Les encargo como misión: hacer conocer nuestra realidad social y sindical, gestionar el acercamiento entre las centrales obreras del país al que fueran destinados y la C.G.T., vincularse con los dirigentes del movimiento obrero local, difundir los postulados de la “Tercera Posición Argentina” e impulsar la formación de la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados (ATLAS), como parte de una ofensiva peronista para responder a los ataques estadounidense.

En diciembre de 1946, finalizaron su capacitación 41 dirigentes sindicales entre los que se encontraba Agustín Américo Merlo, quien llega a Washington el 19 de marzo de 1947 para asumir como el primer Agregado Obrero Argentino en la Embajada de nuestro país en EEUU.

El primer año de funciones transcurrió cumpliendo las tareas asignadas, pero en septiembre de 1948 una llamada telefónica altero la inercia de sus días. La esposa del reverendo Ralph Faywatters, quien presidía la Children’s Aid Society, una entidad caritativa creada para proteger a los niños negros de Washington, solicitaba al gobierno argentino, una donación de ropa de abrigo y calzados. Los inviernos en la Capital norteamericana suelen tener temperaturas por debajo de cero grado y en aquellos años la miseria merodeaba las puertas de la Casa Blanca. La pobreza infantil era del 48 %.

Agustín Merlo alejado de las prácticas tradicionales de la Diplomacia, solicito hacerse cargo del pedido y rompiendo las rutinas de Cancillería se comunicó directamente con Evita. El vínculo iniciado en marzo del 46 en Berisso, puso en marcha uno de los hechos más increíbles, pero no el único, de la historia silenciada de nuestro país.

La Fundación Eva Perón fue el instrumento utilizado para canalizar la ayuda. En enero de 1949 comenzaron a cargarse en la bodega del avión los zapatos, pantalones y abrigos. Las cajas llegaron el 13 de enero con una nota dirigida a la institución donde Evita manifestaba que “este avión argentino… representa a la bondad de nuestro conductor y lo que somos capaces de hacer por el desposeído, esté donde esté y se encuentre donde se encuentre”. El 17 de enero Agustín Merlo, llevó a cabo la entrega para proteger del frio a 600 niños norteamericanos.

La noticia de la donación argentina, conmociono el conservador clima previo a la asunción del Presidente Harry Truman, los diarios de la época así lo reflejaron. El Miami Daily News, titulaba: “La Fundación Eva Perón Envía un Regalo – Argentina Vestirá a los Pobres de Washington” o el Pittsburg Post-Gazette, el 17 de enero escribió en primera plana: “¡Ayuda del Exterior Viene a América! Eva Perón Envía Ropa para 600 Niños- Desconcierta a la Sociedad de Caridad” y al otro día: Argentina Ayuda a Nuestros Chicos Y a Algunos de Nosotros Nos Cae Mal – Contribuyentes Fastidiados y por último el Time desnuda la preocupación de los poderosos, al escribir que “Hay preocupación por lo que puede pensar Rusia del asunto”.

Estos encabezados ponen de manifiesto que para la prensa estadounidense y sectores conservadores de la política americana, el problema no residía ni en la pobreza infantil ni en los niños que sufrían frío sino en la proyección de una imagen internacional desfavorable a los EEUU en plena Guerra Fría.

Las repercusiones de la gente no tardaron en llegar y numerosas cartas provenientes de distintos lugares de Norteamérica agradecieron el gesto de Evita y valoraban la generosidad que los diarios no le reconocieron. Es importante recordar que en los dos años siguientes se enviaron donaciones semejantes a más de ochenta países, entre los que se incluían naciones europeas devastadas por la guerra, países africanos y prácticamente todos los países latinoamericanos.

María Eva Duarte había nacido un 7 de mayo de 1919, en medio de carencias tan parecidas o peores a las que padecían esos chicos de Washington. Quizás el sufrimiento propio en su niñez le dejo una impronta en su vida, tan distinta a la caridad de las Damas de la época. Intentaron borrar su obra, destruir su legado, gritaron vivas a su muerte pero la memoria colectiva de nuestro pueblo busca obstinadamente en los pliegos del pasado, el recuerdo y la vigencia de estas historias de amor y solidaridad que el odio y el rencor nunca podrán silenciar.

Jorge Drkos

Esta nota fue publicada en El Mundo de Berisso y varios portales al conmemorarse el centenario de su nacimiento.-

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