OPINIÓN
Gobernar en minoría
volanta
Mauricio Macri será el primer presidente no peronista en terminar un mandato. Desde el principio, se trató de un gobierno débil, sin mayoría en el Congreso. Asumió proclamando el reformismo permanente, votado por la clase media que necesitaba ser rescatada de las garras del populismo peronista de izquierda. Pero estos ideales no harían eco en la esfera parlamentaria. Y rápidamente pasó a ser una figura legal no legítima. Esto se debió a sus medidas políticas, los ajustes, la creciente inflación, la consecuente crisis económica e incluso su pobreza comunicacional y su doble discurso, llevando a la pérdida de confianza de la misma gente que lo había votado. De todas formas, se atribuye su fracaso a la falta de apoyo de las dos cámaras parlamentarias, ya que significaron un obstáculo para sus planes. ¿Cómo hace un presidente para gobernar sin mayoría en el Congreso?.
En un gobierno presidencialista, la fuente de legitimidad es directa, ya que es el pueblo quien elige genuinamente quién va a ser su representante ante el resto del mundo. Esto lleva a un ultrapresidencialismo, dado que su poder es absoluto en todo el territorio mientras dure su mandato. Aunque, para equilibrar y separar los poderes, en la Argentina existen el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Y esto es lo que complicó el gobierno de Mauricio Macri, a pesar de haber asumido con optimismo, e incluso apuntando a una reelección desde el principio.
Al comenzar su mandato en 2015, Macri tuvo 87 diputados de Cambiemos y 97 opositores. En el Senado se encontró con 15 partidarios y 39 integrantes del bloque PJ- FPV. Si bien la oposición en un principio estaba dividida en distintos partidos, terminó coalicionando para rechazar la ley de Ganancias, propuesta por el oficialismo, y se unió definitivamente como oposición. Esto condujo a que, en sus casi cuatro años de gobierno, se hayan aprobado tan solo 260 leyes, de las cuales, únicamente 74 fueron enviadas por el Ejecutivo. Para que se entienda la dimensión de esto, cabe decir que en el gobierno de Carlos Menem se aprobaron 854 leyes, y 382 fueron propuestas por el Ejecutivo. Y en los dos años en la Casa Rosada de De la Rúa y Duhalde, se votaron 323 y 312 leyes, respectivamente.
La imposibilidad del Gobierno de llevar una discusión al Congreso y ganarla, explica el uso indiscriminado de DNU. Macri aplicó 48 decretos en sus primeros tres años. Si bien no es el presidente con mayor uso de DNU, lo que se le critica es, por un lado, la “necesidad y urgencia”, y por otro, la legalidad de los mismos. Tal es el caso del nombramiento de dos jueces en la Corte Suprema, teniendo que dar marcha atrás después. Otro ejemplo se ve al principio de su mandato, cuando logró frenar, por decreto, la puesta en vigencia del nuevo Código Procesal Penal de la Nación. Este evento fue muy criticado por tratarse de una cuestión justamente penal, cuando la Constitución lo prohíbe expresamente, junto con las temáticas electorales, tributarias y de partidos políticos. Lo que es más, constitucionalmente, los decretos deben ser luego aprobados por el Congreso. El caso de muchos de los que se aplicaron durante el gobierno de Macri, es que nunca llegaron al parlamento.
Un presidente que asume por legalidad y legitimidad, y se encuentra con total falta de apoyo por parte de las dos cámaras, termina yéndose por la falta de confianza de su propio pueblo en él. Esta es la triste historia de Mauricio Macri, como la de tantos otros presidentes argentinos que intentaron salirse de la línea peronista. Lejos de justificar tantos ajustes, desastres económicos, y crisis sociales e ideológicas, como ciudadanos es nuestro deber evaluar por qué razón se repite la historia. No es casualidad que los presidentes que no fueron peronistas, hayan tenido que abandonar su mandato antes de tiempo, por no ser parte del partido con mayor índice de nacionalización. La única respuesta lógica pasa a ser la falta de respeto a nuestro sistema democrático.
Por: Magdalena Ordoñez
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