OPINIÓN
Similitudes y diferencias con la crisis de 2001
volanta
A sólo 18 años de su última crisis, la Argentina se encuentra enfrentando otra golpiza. Tal como dice el Wall Street Journal, el país “ha vivido por encima de sus posibilidades prácticamente todos los años desde 1950”. Incluso, ha recibido casi 30 préstamos por parte del FMI en los últimos 60 años, con la condición de imponer estrictas medidas de austeridad, que nunca fueron cumplidas. “Políticas de alto gasto implementadas por peronistas suelen continuar con un oponente no peronista elegido para lidiar con las consecuencias económicas, que usualmente implican medidas de austeridad impopulares”. Ante esta realidad, la Argentina de 2001 se encontraba en un entorno favorable para recuperarse de la crisis, tras el boom de las commodities. Sin embargo, en esta ocasión quizás la situación sea menos dramática, pero podría extenderse en el tiempo.
La diferencia fundamental entre la crisis de 2001 y la actual es la convertibilidad del dólar. En ese entonces, se había pretendido mantener un dólar que equivalía a un peso argentino. Al tener una fijación tan rígida del valor del dólar, se generó un espejismo, una ilusión de abundancia que no era tal. La realidad era que los dólares no los tenían los bancos ni el Banco Central, no los tenía el Estado, no los tenían las empresas y tampoco los particulares. Ante esta situación, el entonces Presidente Fernando De la Rúa impuso un corralito, que implicó la restricción de la libre disposición del dinero que muchos tenían depositados en bancos, en préstamos o a modo de inversión. La ya desconfianza del pueblo hacia su presidente, sumado a la medida desesperada por controlar la crisis, provocó que la gente saliera a la calle a pedir su plata. Al poco tiempo los bancos se encontraron con que no tenían fondos suficientes para desembolsar todo junto. Y así fue como muchos perdieron todo lo que habían logrado ahorrar durante años de trabajo y esfuerzo.
Este año, luego de las elecciones primarias, la desconfianza de los inversionistas extranjeros provocó un disparo del dólar. Ante el miedo de volver a repetir la historia, la gente volvió al banco a pedir su plata. Pero en esta ocasión, el Banco Central tenía orden de proveer de fondos a los bancos para devolver todo lo que se les pidiera. Esto trajo un poco de tranquilidad, a pesar de la inminente crisis. Además, si bien el dólar estaba controlado, tenía mayor flexibilidad. Es por esto que se pudo acomodar y asentar en 60 pesos, que es, según el Ministerio de Hacienda, el precio en el que debería estar. Asimismo, la restricción correspondiente al retiro de 10.000 dólares mensuales por persona física, no se equipara al corralito impuesto en 2001. Por último, la crisis financiera de 2018 tras la repentina alza del dólar, llevó a que el gobierno de Mauricio Macri pidiera un préstamo al FMI. Este mismo motivo, a pesar de la desconfianza de muchos, es lo que impediría que la crisis actual tome la dimensión de 2001, ya que el Banco Central tendría los fondos necesarios para sostenerla. Se puede ver una devaluación del peso y una amplia incertidumbre ante la disponibilidad de divisas. Pero podríamos olvidarnos de un posible corralito.
Sin embargo, sí se puede afirmar una gran similitud entre ambas situaciones: toda crisis económica viene de la mano de una crisis política. Mauricio Macri está viviendo una falta de control sobre las personas y los recursos, por lo que perdió casi por completo su poder. Actualmente, se encuentra tomando medidas que parecieran ser desesperadas y haciendo propaganda con ellas cuando la realidad es que el pueblo ya eligió no apoyarlo. No tiene mayoría ni confianza entre las instituciones públicas que conforman su gobierno. Da la sensación de que sus valores dependen más de la dirección a donde sopla el viento que lo que puede considerarse el bien común del pueblo al que representa. Aunque sí se le puede reconocer que, gracias a su Ministerio de Seguridad, las Fuerzas Armadas, la gendarmería y las fuerzas policiales tienen mayor prestigio y reconocimiento. Pero en líneas generales, Macri ha demostrado carecer de capacidad para hacer política. Y quizás sea por esto mismo que hoy la Argentina atraviesa una crisis económica que a muchos recuerda al corralito. O tal vez sea al revés: la crisis económica generó desconfianza en el Presidente y por eso se dio esta crisis política. De todas formas, el pueblo argentino está acostumbrado a los golpes y sabrá recuperarse de este, una vez más. En este sentido, el Wall Street Journal cita a Daniel Marx: “La Argentina parece atrapada en su propia historia”.
Magdalena Ordoñez
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