Connect with us

INSTANTÁNEAS

Tía Maruca no cerró: la verdad detrás de la reestructuración y el cambio de dueños en San Juan

Published

on

Tía Maruca no cerró: Cómo es la reestructuración en San Juan

En medio de una ola de rumores que daban por muerta a una de las pymes más emblemáticas del país, la realidad de Tía Maruca es más compleja que un simple «bajar la persiana». En el marco de una economía que no arranca y un consumo que ha tocado pisos históricos, la empresa fundada por Alejandro Ripani ha optado por una reconfiguración drástica para sobrevivir. Si bien la planta de Chascomús cerró sus puertas en 2025, la histórica fábrica de Albardón, en San Juan, sigue activa. La confusión mediática sobre su desaparición se explica por un divorcio estratégico: la marca sigue en manos de su fundador, pero la planta productiva cambió de dueño para garantizar su operatividad.

Albardón: nueva gestión para salvar el empleo

La planta de San Juan, que emplea a cerca de 290 personas, fue adquirida por el empresario bonaerense Juan Carlos Crovela. Bajo esta nueva conducción, la fábrica ha logrado estabilizarse tras meses de incertidumbre, paros por atrasos salariales y «vacaciones obligatorias» que hacían temer lo peor. Crovela asumió el desafío de regularizar los sueldos y aguinaldos pendientes, separando el destino de la infraestructura fabril del de la marca comercial.

Hoy, la planta de Albardón opera con normalidad, produciendo no solo para Tía Maruca sino también para otras firmas, bajo un modelo que busca optimizar la capacidad instalada, que en el sector apenas roza el 52%. Esta maniobra permitió salvar cientos de puestos de trabajo en una provincia donde la industria de la alimentación es un pilar fundamental.

El modelo «a fasón»: el futuro de la marca

Por su parte, Alejandro Ripani retiene la propiedad intelectual y el sello de Tía Maruca. Sin plantas propias, la estrategia de la marca ahora se basa en la producción «a fasón» (tercerización). Es decir, Ripani contrata la fabricación de sus famosas galletitas en instalaciones ajenas, incluyendo la propia planta de San Juan.

Este modelo de «marqueo» es la respuesta de Tía Maruca a un concurso de acreedores millonario y a la falta de financiamiento accesible que asfixia a las pymes en 2026. La empresa, que nació en 1998 y llegó a capturar el 5% del mercado nacional, intenta hoy reordenar su deuda y mantenerse en las góndolas compitiendo contra segundas marcas y el aumento desmedido de insumos básicos como la harina y el azúcar.

Un nombre con historia

Tía Maruca no es solo una empresa; es un retazo de la historia industrial argentina. Surgida de la experiencia de Cliver Ripani con la fábrica RC en 1972, la marca debe su nombre a un azar del diseño: ante el fracaso de un acuerdo con la familia de Doña Petrona, se utilizó el apodo de la tía del diseñador. Tras el salto que significó adquirir Dilexis (ex PepsiCo) en 2017, la firma hoy pelea por no ser otra víctima del ajuste y la caída del poder adquisitivo. Tía Maruca sobrevive, pero lo hace con una estructura mucho más delgada, reflejando el estado de una industria nacional que se achica para no desaparecer.

Advertisement

DÓLAR HOY

Dólar Blue
Cargando...
Compra: -
Oficial
Cargando...
Compra: -
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias