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CULTURA

CARTA DEL BEATO ENRIQUE ANGELELLI AL BEATO EDUARDO PIRONIO, CON OCASIÓN DE SU CARDENALATO (30 de abril de 1976).

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Texto tomado del muro de facebook Sanctorum Mater.

Meses antes de su martirio (4 de agosto de 1976), Monseñor Enrique Ángel Angelelli escribió una hermosa carta, emanada de su corazón de pastor, para su amigo que de manos del Papa San Pablo VI estaba recibiendo la birretta cardenalicia, Monseñor Pironio, otro gran pastor de la Iglesia. Ahora ambos han sido beatificados y se espera el milagro que los lleve a la canonización.
En este día que celebramos la memoria litúrgica del Beato Eduardo Pironio, compartimos el texto de dicha carta que transmite amistad, fraternidad, fe y compromiso eclesial:
«Querido Eduardo:
Quedó flotando un abrazo de amigo en la Basílica de Luján cuando te marchabas para estar junto a PABLO. Hoy la noticia de tu cardenalato me llena de alegría y desde estos austeros cerros riojanos vuela el mismo abrazo para entregárselo al hermano y amigo a quien el Señor lo llama a servir desde el centro de la unidad y del amor.
Te decía que trataras de que tus pies no se pegaran con el asfalto de la PLAZA de San Pedro, sino que se mantuvieran ágiles para estar prontos a rumbear por los cuatro vientos del mundo y seguir siendo un testigo de la ESPERANZA y de la UNIDAD ECLESIAL. Estoy seguro que esa púrpura no impedirá que tus pies de evangelizador se enrieden en ella; todo lo contrario, el Señor y María (la de Luján) – la misma Madre de Jesús – te sigan enseñando por dentro que nuestro llamado es SERVIR y ayudar a los hombres a ser FELICES como Jesús quiere. Me hubiera gustado contarte “cosas” de la paisanada de estos lares para distraerte un poco de tus grandes responsabilidades. Pero lo dejaré para otra oportunidad. Hoy quiero unirme a la alegría de la Madre Iglesia al haberte señalado para que cargues ese símbolo de “martirio” y de “fidelidad”. Lo felicito al Santo Padre por esta elección. Si no te es difícil hacerlo me gustaría que se lo digas.
Sí quiero ofrecerte lo que en este momento tengo. Mi diócesis es duramente probada. Sacerdotes y religiosas encarcelados – personalmente estoy sometido a un control humillante. Sigue esta Iglesia con los dolores de la Cruz. Sigue, más allá de los límites de esta Rioja, el “silencio”. El Señor me sigue dando paz, aunque dolorida, como costándole florecer en pascua. Sigue demorándose la aurora y mi gente arracimándose para no caer en la tentación de “cansarse”.
Por eso florece más mi alegría al saber que eres elegido para ayudarle a Pedro a continuar siendo TESTIGO de la PASCUA. Esto te ofrezco: la pobreza de nuestros dolores esperanzados. Por la Iglesia; por el Papa; por Ti; por esta Patria nuestra; por nuestro Episcopado; por tantos hermanos que dudan de la Iglesia y sin embargo esperan. Acabo de enviarle a Zazpe los últimos “informes” de lo que acaece aquí. Le digo que disponga de mi persona; que quizás ha llegado la hora de Dios para que haga esta opción. Por cierto que no es mi intención empañar tu “acontecimiento” salvífico que está hablando muy claro de lo que el Señor quiere de tu episcopado.
A la carta del Santo Padre se la silenció intencionalmente; respeto y guardo silencio ante este hecho; pero estamos aquí recogiendo las consecuencias. Sí me dolió profundamente cuando se me dijo que era infiel al Papa. Comprenderás por qué te digo que te ofrezco lo único que tengo. Es duro tener que seguir clarificando que soy “católico” y que no soy “comunista” ni “subversivo”.
Querido Eduardo: los arenales de mi Rioja se están adormeciendo y los cerros del Velazco se envuelven en un silencio contemplativo. Todo esto me ayuda mucho a rumiar su mensaje que no es otro que lo del salmo ocho. De tanto perderse en los cerros uno acaba por ser vaqueano y las cicatrices que vamos juntando se convierten en capítulos de ese libro de la sabiduría que no acabamos de aprenderlo. Cuando vayas a San Pedro, después de esta carta, te pido que recites el CREDO ante la tumba de Pedro; si sigues rezando el rosario por la Plaza, acordate que te acompaña un hermano y amigo desgranando el mismo rosario.
Si haces un recordatorio, mándame uno. A cambio de un abrazo, bendíceme.
N.B. Te saluda toda la diócesis, curas, monjas y laicos.
Enrique Angelelli
30 de abril de 1976».

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