ENTREVISTAS
Inteligencia artificial, salud y soberanía: la bifurcación entre transhumanismo y justicialismo
El doctor Tomás Inurritegui, médico generalista que desarrolla su actividad profesional en el hospital SADIV de San Pedro, comparte con este medio un ensayo donde cruza la medicina social con la alta política para analizar cómo la automatización digital impacta en la comunidad. Inurritegui, quien además se define como militante de base del partido Principios y Valores, liderado por Guillermo Moreno, plantea en su escrito un cuadro técnico sobre la IA. A partir de ese texto, estructuramos este análisis sobre las derivaciones biológicas, existenciales y soberanas de la técnica moderna.
La tecnología como herramienta y la pregunta fundamental
En el centro de su reflexión, el facultativo advierte sobre la necesidad urgente de tomar postura frente al avance técnico sin dejarse encandilar por consignas de mercado. Inurritegui plantea en su escrito: «Estamos vivenciando en este siglo la emergencia de una tecnología cargada de inmenso potencial. Pensarla es un imperativo de la época, sobre todo si consideramos que la democracia es, más que un hecho electoral, participación decisiva del trabajador en los asuntos públicos. Por eso este escrito sobre la inteligencia artificial».
Para el médico generalista, la aproximación inicial debe despojarse de miedos o fanatismos estériles. Así lo desarrolla el propio texto:
«Partimos de una concepción de la tecnología como herramienta, sin valor moral a priori, el cual se adjudica a posteriori según el uso».
A partir de allí, el autor introduce un interrogante que altera los consensos habituales de la divulgación científica:
«¿Implica la inteligencia artificial un fenómeno revolucionario?».
La respuesta, advierte, varía sustancialmente según la disciplina desde la que se intente responder.
Productividad económica versus vida natural
El ensayo propone un sugerente contrapunto entre la economía política y el sanitarismo. Si se analiza la cuestión desde la escuela de pensamiento económico justicialista, la variable determinante es la productividad: un salto cuantitativo que otorga competitividad extraordinaria y que históricamente definió a las tres grandes revoluciones del capitalismo:
- La máquina de vapor de James Watt, del año 1769.
- La reorganización de los procesos productivos (línea de montaje) de Henry Ford, en 1913.
- El gas y petróleo de esquisto (shale gas y shale oil) estadounidense, del año 2008.
Bajo este prisma, la inteligencia artificial no califica aún como una revolución económica pura. Sin embargo, Inurritegui destaca que al desplazar la mirada hacia el pensamiento médico justicialista, cuya columna vertebral es la doctrina elaborada por Ramón Carrillo, el panorama cambia por completo: la variable clave pasa a ser la vida artificial, entendida como la causa primera del gran mal sanitario contemporáneo, es decir, la endemo-epidemia de enfermedades degenerativas.
El médico señala en su texto que la verdadera revolución virtual del siglo XXI ya tuvo dos momentos clave: el lanzamiento del iPhone en 2007 y el aislamiento obligatorio prolongado de 2020. Ambos acontecimientos, sostiene, consolidaron la virtualización de la existencia y deterioraron la salud de las familias trabajadoras argentinas. La inteligencia artificial, advierte desde su experiencia, corre el riesgo de convertirse en el tercer hito de este proceso de alienación si no se la subordina a un modo de vida natural, en estricta concordancia con las leyes biológicas, psicológicas, ecológicas y espirituales.
El proyecto nacional frente al transhumanismo
La discusión confluye finalmente en una encrucijada civilizatoria y política que el militante de Principios y Valores define con absoluta claridad. El médico lo resume con una idea fuerte: «El transhumanismo, lejos de ser una quimera literaria, es un proyecto histórico concreto que no hay que subestimar. Implica un modo de vida artificial extremo, con una conciencia sumergida en la realidad virtual, y un cuerpo protésico y editado genéticamente».
Frente a ese horizonte —diseñado, según su lectura, para minorías selectas— el texto rescata el proyecto histórico justicialista como el fruto maduro del Nuevo Mundo y del mestizaje del espíritu americano. Este modelo, plantea Inurritegui, no cae en nostalgias premodernas ni rechaza el progreso de la era industrial, sino que lo valora y lo incorpora cuidando que la virtualidad y la inteligencia artificial no operen como vectores de desocupación ni de degradación biológica, sino como herramientas al servicio de la salud integral, la justicia distributiva y el trabajo digno para todos los habitantes del planeta.
*Podes encontrar y leer el escrito original completo del doctor Tomás Inurritegui en el siguiente enlace:
https://lio.com.ar/notas/sobre-la-inteligencia-artificial/
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