POLÍTICA
Cómo consiguió Massa los apoyos opositores a la media sanción de la eliminación de Ganancias para los trabajadores
El Frente de Todos impuso el proyecto con el apoyo de partidos provinciales, la izquierda e incluso de La Libertad Avanza. Los radicales de Lousteau dieron quorim y desataron una tormenta entre radicales y macristas. Juntos por el Cambio votó en contra, con la compañía de Randazzo y los diputados de Schiaretti.
Con los alrededores del Congreso colmados por las columnas de la centrales sindicales que habían movilizado bajo la consigna «el salario no es ganancia», la Cámara de Diputados aprobó la eliminación de la cuarta categoría del impuesto a las Ganancias. Con 135 votos a favor y 103 en contra, el oficialismo logró darle media sanción al proyecto presentado por Sergio Massa –presente en el recinto– y que beneficiará, de ser convertido en ley en el Senado, a más de 800 mil trabajadores que dejarán de pagar el tributo.
La iniciativa tuvo el acompañamiento de casi todas las bancadas, Javier Milei incluido, excepto la de Juntos por el Cambio. El Frente de Todos, la izquierda, La Libertad Avanza, una parte del Interbloque Federal, los rionegrinos y misioneros de Provincias Unidas y los monobloques provinciales votaron en favor de que los trabajadores dejen de pagar Ganancias.
En tanto Juntos por el Cambio, Florencio Randazzo y los cordobeses que responden a Juan Schiaretti, rechazaron el proyecto que ahora deberá ser debatido en la Cámara de Senadores»Hoy dimos un gran paso», celebró el ministro candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, mientras salía del recinto. Afuera, las centrales sindicales celebraban.
Doble voto: el quorum y la votación
Mientras los alrededores del Congreso se iban llenando de las banderas de Luz y Fuerza, la CTA, Smata y Camioneros, les diputades del Frente de Todos se movían por el Palacio con tranquilidad. Ya se había llegado a un acuerdo con una parte del Interbloque Federal y, en efecto, Alejandro «Topo» Rodríguez, Graciela Camaño y Natalia de la Sota serían de los primeros en ingresar al recinto cuando comenzase a sonar la chicharra que daba inicio a la sesión. Apenas unos minutos antes habían presentado un proyecto que proponía coparticipar el 30 por ciento de lo recaudado por el Impuesto al Cheque, a modo de compensación de lo que perderían las provincias con la caída de la recaudación. La iniciativa llevaba la firma de varios diputados de fuerzas provinciales que, minutos después, también se sentarían para dar quorum, como los gobernadores electos Rolando Figueroa (Neuquén) y Claudio Vidal (Santa Cruz), y el misionero Diego Sartori.
«Acá se vota dos veces. Primero al sentarse con la colita, y después con el dedo al momento de votar», había afirmado el titular de la bancada oficialista, Germán Martínez, la noche anterior. La frase cobraría otro significado cuando, horas después, cuatro diputades de Evolución –Emiliano Yacobitti, Gabriela Brouwer, Danya Tavela y Marcela Antola– terminasen sorprendiendo a sus propios compañeros en el interbloque cambiemita bajando al recinto para dar quorum.
La división en Juntos por el Cambio
Nadie en JxC se esperaba esta decisión. Les diputades de Evolución habían decidido habilitar la sesión para impedir que volvieran a caerse los proyectos de creación de universidades nacionales –la de Río Tercero era de la autoría de Brouwer–, tal como había sucedido durante la fallidas sesiones de diciembre. «Era una irresponsabilidad. Patricia no está leyendo bien la situación», deslizó una legisladora del bloque que lidera Martín Lousteau.
En el PRO y el radicalismo estaban furiosos. Había sido un arduo trabajo convencer a toda la coalición para votar en contra de Ganancias –varios querían abstenerse– con el objetivo de mostrar un frente unido y, apenas comenzó la sesión, la ilusión ya se había caído.
Finalmente, la reforma de Ganancias –que propone modificar el impuesto a las Ganancias creando un «impuesto cedular» sobre los mayores ingresos en relación de dependencia que sólo pasarían a pagar quienes cobran por encima de 15 salarios mínimos– se aprobaría con 135 votos a favor.
Ningún dirigente sindical quiso perderse la jornada histórica y, desde los mismo palcos en los que se encontraba Sergio Massa, se escucharon los aplausos de los triunviros de la CGT, Pablo Moyano, Héctor Daer y Carlos Acuña, Sonia Alesso (Ctera), Omar Plaini (Canillitas), el ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, entre otros.
Costo fiscal y doble discurso
El primero en tomar la palabra fue el presidente de la comisión de Presupuesto, Carlos Heller, quien aprovechó para inscribir el proyecto en el paquete de medidas que Massa había ido anunciando en los últimos días. «Se establece una escala progresiva que se aplica a partir 180 salarios mínimos anuales, un nuevo mínimo no imponible, y una escala progresiva del 27 al 35 por ciento que se va a aplicar exclusivamente sobre el excedente. Por eso solo quedarán alcanzados alrededor de 98 mil contribuyentes«, explicó, entre los aplausos del recinto.
Heller precisó que la reforma de Ganancias tendría un impacto fiscal del 0,76 por ciento del PBI y adelantó que, durante el debate del Presupuesto, se podrían discutir herramientas para compensar la caída de la recaudación. «Nosotros no somos hinchas del déficit fiscal, pero si somos enemigos del ajuste para resolverlo», indicó. A lo largo de la jornada, varios diputados irían proponiendo alternativas, como el cobro de Ganancias para jueces. «¿Sabe cuánto significaría esto? 550 mil millones de pesos, pero en dos oportunidades vinimos a plantear que los jueces paguen Ganancias y el bloque que hoy se opone a que los trabajadores tengan este beneficio defendieron a los jueces«, exclamó Leopoldo Moreau.
A lo largo de la sesión, numerosos diputados dispararían contra JxC por su cambio de postura respecto a la eliminación de la cuarta categoría. «Muchos, durante el gobierno de Cristina, se sacaban fotos con el cartel que decía que el impuesto no es ganancia. Durante cuatro años nos enrostraron que iban a votar todo lo que significara eliminar impuestos y hoy tienen una posición contraria», cuestionó el diputado y dirigente bancario Sergio Palazzo. «Macri, que hizo campaña contra los gobiernos del FdT que defendieron a rajatabla este impuesto, dijo que lo iba a eliminar, no lo eliminó y amplió la cantidad de personas a la que el impuesto alcanzaba. Ahora tienen oportunidad de remediar esa vergüenza y nuevamente se niegan a votarlo», sumó Myriam Bregman (FIT).
Milei vs Juntos por el Cambio
Hasta Javier Milei, que pasaría gran parte de la sesión ausente o dormitando en su banca, cuestionaría a JxC por oponerse a la iniciativa. «Los veo preocupados porque no quieren que la tapa de los diarios los muestren votando con el kirchnerismo», cuestionó el candidato libertario, quien a la hora de justificar su apoyo a la eliminación de la cuarta categoría afirmó que creía que el Estado «es una organización criminal violenta que vive de una fuente coactiva de ingresos llamada impuestos» y que, por lo tanto, «todos los impuestos son un robo».
Les diputades de JxC, mientras tanto, buscaron ordenar sus discursos de rechazo bajo la acusación de que la medida era «electoralista» e inflacionaria. «En cuatro años de gobierno nunca presentaron una reforma tributaria sobre este impuesto, por el contrario, incrementaron la presión fiscal y sólo tras perder las elecciones plantean una reforma fiscal que se aplica para el próximo gobierno cuando ya no están. Digan si eso no es electoralista e irresponsable», cuestionó Alejandro Cacace (Evolución).
Luciano Laspina (PRO) fue más allá y cuestionó a todos los bloques del medio que habían dado quórum. «Hay un hilo conductor que une al kirchnerismo y el quorum, pasando por la izquierda, los diputados vecinalistas, amigos todos, y el anarco liberalismo, que es la casta sindical», apuntó, sin especificar si la crítica estaba dirigida también a les diputades de Evolución que dieron quorum. Hubo chiflidos, pero el encargado de responderle fue el rionegrino Luis Di Giacomo: «Si yo entrara en el mismo nivel de chicana diría que tengo que entender la frustración de quien se compró un traje y no lo va a poder usar».
Pasadas las 9 de la noche, Sergio Massa ingresó al recinto y varios diputados del oficialismo comenzaron a cantar «Massa presidente». JxC armó un escándalo y, a los gritos desaforados, amenazó con abandonar el recinto. «Sobre la unidad de los trabajadores vamos a construir una unidad mejor», estaba cerrando Germán Martínez (FDT) cuando, finalmente, optaron por quedarse en el recinto y votar en contra.
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Davos 2026: ¿El epitafio del globalismo en la nieve suiza?
El Foro Económico Mundial (WEF) inaugura su 56ª edición bajo un lema que suena más a ruego que a consigna:
“A Spirit of Dialogue” (Un espíritu de diálogo). En las cumbres de Davos-Klosters, entre el 19 y el 23 de enero de 2026, la élite financiera y política intenta resucitar un cadáver que ellos mismos ayudaron a fabricar: el orden multilateral de la posguerra. Lo que durante décadas fue el oráculo del pensamiento único —el libre mercado absoluto y la disolución de las fronteras— hoy se parece más a una convención de náufragos que intentan decodificar por qué el mundo real decidió darles la espalda.
La contradicción estructural es absoluta. Mientras el programa oficial propone «cooperar en un mundo más conflictivo», las potencias que allí se sientan están inmersas en una carrera armamentista y arancelaria que no admite intermediarios. El globalismo, hijo predilecto de instituciones como la ONU o la OMC, atraviesa una crisis de representatividad terminal. Davos ya no diseña el futuro; apenas lo padece. Los cinco ejes temáticos del foro —IA, transición energética, inversión en personas— chocan contra la pared del proteccionismo duro y la reindustrialización nacionalista que hoy domina el tablero, con un Donald Trump que proyecta su sombra sobre cada panel, forzando a los CEOs globales a abandonar la retórica de la «aldea global» para refugiarse en la seguridad de sus propios mercados.
¿Es este «espíritu de diálogo» un eufemismo de la rendición o simplemente cartón pintado?
La realidad indica que el foro se ha transformado en un evento inercial. Los grandes problemas de 2026 —la fragmentación de las cadenas de suministro y la lucha descarnada por los recursos estratégicos— se resuelven hoy en pactos bilaterales y pasillos militares, lejos de los canapés de Suiza. Davos sobrevive como una puesta en escena estética para un capitalismo que ya no sabe cómo explicarse a sí mismo frente a clases medias occidentales que ven en este foro el epicentro de su propia decadencia.
💼 La paradoja Milei: «El globalismo de mercado»
En este escenario de fragmentación, la figura de Javier Milei emerge no como un nacionalista clásico, sino como una anomalía ideológica. Es un error definirlo como anti-globalista; lo opuesto al globalismo sería el nacionalismo de «fronteras cerradas» de Trump, y Milei está en las antípodas de eso. El Presidente argentino es, en rigor, un globalista de mercado.
Su planteo en Davos no busca el aislamiento de Argentina, sino la desconexión política. Para Milei, el mundo debe ser una sola plaza comercial hiperconectada, pero sin la mediación de burócratas, organismos internacionales o agendas climáticas. Su guerra no es contra la integración del mundo, sino contra el «peaje» estatal y regulatorio que Davos intenta imponerle al capital. Mientras Trump protege su industria y Xi Jinping fortalece su Estado, Milei propone un experimento único: un país que se entrega al flujo global sin ninguna red de contención nacional.
⚖️ El riesgo del laboratorio anarcocapitalista
Esta postura lo deja en una posición solitaria y arriesgada. En 2026, los mercados ya no son «libres», sino que responden a intereses geoestratégicos feroces. Al despreciar tanto las reglas del globalismo regulado (Davos/ONU) como las herramientas del nacionalismo soberano, la Argentina de Milei se ofrece como un territorio desregulado donde el capital puede operar sin dejar nada a cambio.
La «batalla cultural» que el Ejecutivo libra en los Alpes suizos es, en el fondo, una invitación al extractivismo financiero: un mundo conectado por el dinero, pero vacío de política. En un foro que agoniza entre el viejo orden que se muere y el nacionalismo que nace, Milei apuesta por una utopía de mercado que podría terminar convirtiendo a la Argentina en el simple proveedor de materias primas de potencias que, a diferencia de él, sí creen en el poder del Estado.
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*𝐓𝐎𝐏𝐎𝐒 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐄𝐌𝐁𝐀𝐉𝐀𝐃𝐀… 𝐏𝐄𝐑𝐎𝐍𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒 𝐃𝐄 𝐂𝐀𝐑𝐓𝐎𝐍*
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Legisladores de LLA/PRO de gira con dinero del Partido Comunista Chino
El discurso libertario de «alineamiento total» con Occidente acaba de chocar contra la Gran Muralla. Mientras Javier Milei refuerza su retórica anticomunista para seducir a la Casa Blanca, una comitiva de diputados nacionales de La Libertad Avanza (LLA), encabezada por Juliana Santillán, regresó de una gira de diez días por China financiada, en gran parte, por el Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh).
El «hermetismo» del viaje:
La comitiva: Bajo la excusa del Grupo Parlamentario de Amistad, Santillán llevó a la delegación libertaria (Campero, Montenegro, Martínez, Ibáñez) y a aliados del PRO a reuniones estratégicas con gigantes estatales como COFCO y tecnológicas como Huawei.
La caja: Pese a que Martín Menem negó el uso de fondos públicos, el escándalo radica en la aceptación de pasajes y logística por parte del PCCh. «Anticomunistas pero con pasaje en business», ironizó la oposición, marcando la contradicción estética de un espacio que prometía no hacer negocios con «gobiernos asesinos».
Agenda paralela: El viaje se mantuvo bajo siete llaves hasta que las fotos en distritos tecnológicos y encuentros con cuadros del Partido Comunista filtraron una agenda centrada en abrir el mercado avícola y energético.
El factor geopolítico: Este movimiento ocurre en un momento crítico. Mientras Donald Trump endurece su postura de guerra comercial contra Beijing, sus aliados más ruidosos en el Cono Sur aceptan invitaciones oficiales del régimen que el republicano busca aislar. No es solo un problema de coherencia; es un mensaje confuso hacia Washington.
Conclusión: Como anticipamos en 1000 Caracteres, el Gobierno parece haber adoptado un «pragmatismo de doble vía». Públicamente se abraza a la Doctrina Monroe, pero en la práctica permite que su tropa legislativa sea seducida por la diplomacia de billetera de Beijing. Es probable que este «doble juego» genere los primeros cortocircuitos reales con la diplomacia de Trump, que no suele premiar la ambigüedad.
La libertad avanza, pero si el pasaje es gratis, el destino puede ser rojo.
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