CULTURA
LA ARGENTINA DE PERÓN 1946/1955
WALTER ONORATO
La llamada “Tercera Posición” no fue un simple equilibrio diplomático: fue una ruptura frontal con la lógica de subordinación. Ni alineamiento automático con el capitalismo dominante ni sometimiento al colectivismo soviético. En el centro, una idea incómoda para las potencias: la independencia económica como condición de la justicia social.
El rechazo al FMI y a los acuerdos de Bretton Woods no fue un gesto aislado, sino una decisión estratégica. En un mundo que se reorganizaba bajo la hegemonía de Estados Unidos, aceptar تلك reglas implicaba ceder el control sobre el tipo de cambio, la política económica y, en definitiva, el destino del país. Incluso cuando las reservas comenzaron a agotarse y la presión externa crecía, la negativa se mantuvo firme.
Mientras tanto, el Estado avanzó con una política concreta: cancelación de deuda externa, nacionalización de servicios estratégicos y utilización de organismos como el IAPI para redistribuir la renta y financiar la industrialización. La economía dejó de girar en torno a intereses extranjeros y comenzó —al menos por un tiempo— a responder a un proyecto nacional.
El contraste no tardaría en llegar. Tras 1955, el ingreso al FMI marcó el inicio de un ciclo de endeudamiento y condicionamientos que aún hoy pesan sobre la Argentina. Lo que antes fue decisión política pasó a ser dependencia estructural.
La pregunta sigue vigente: ¿soberanía o subordinación? La historia ya mostró que no son compatibles.
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