OPINIÓN
El arte de la distracción: ¿errores no forzados del Gobierno?
Por: Nacho Rossi
En la política argentina, el ruido suele ser el mejor aliado del silencio. Mientras el «Círculo Rojo» y las redes sociales se entretienen con el último traspié comunicacional de Manuel Adorni o las internas de palacio, debajo de la alfombra se barren los temas que realmente definen el futuro estructural del país. O son muy tontos, o son demasiado vivos los que manejan la estrategia de Balcarce 50.
Hablemos de lo que el ruido no nos deja escuchar. El caso LIBRA tiene al Presidente en una situación técnica muy complicada, pero el tema parece haberse esfumado de la agenda diaria. Lo mismo sucede con la Ley de Glaciares: mientras discutimos dádivas, se avanza en un remate silencioso de nuestros recursos hídricos. El panorama es sombrío: la aceleración de la inflación en góndolas, el nuevo aumento de la nafta y un crecimiento exponencial de los despidos y la desocupación que el Excel de Caputo no logra contener.
Podemos suponer, sin miedo a equivocarnos, que los llamados «errores no forzados» —como la falta de transparencia en las facturas de vuelos o las conferencias de prensa donde se explica sin explicar nada— son, en realidad, maniobras de distracción. Es preferible que la opinión pública discuta la soberbia de un funcionario antes que la pérdida de soberanía territorial o el desplome del ingreso real. El Gobierno utiliza sus propias falencias comunicacionales como un escudo para proteger el avance de un ajuste que ya no entiende de límites sociales. Mientras ellos manejan el ring, el ciudadano de a pie sigue perdiendo por puntos en una pelea que ni siquiera le dejan ver con claridad.
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