CULTURA
El «Oscurantismo» Musical: El pacto entre discográficas y la IA de Suno que deja afuera a los artistas
La guerra del copyright terminó con una traición.
El diagnóstico de Nico Astegiano es lapidario: las grandes discográficas ya no pelean contra la Inteligencia Artificial; se aliaron a ella. En un giro sistémico, las dueñas de los catálogos prefieren cobrar un porcentaje de la música generada artificialmente antes que proteger la autoría humana. Para el músico independiente, el escenario es el inicio de una etapa de «oscurantismo» donde la materia prima (el artista) se vuelve descartable.
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El pacto de las grandes ligas: Las discográficas permiten que la IA se alimente de su música a cambio de regalías. El negocio cierra para la empresa y la tecnología, pero el músico —el creador original— queda fuera de la ecuación económica.
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Consumo anestesiado: El video resalta un dato cultural preocupante: al consumidor masivo le importa poco si lo que escucha fue creado por un humano o un algoritmo. Bandas creadas por IA ya alcanzan los 500.000 oyentes mensuales sin que el público note la diferencia.
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La «Resistencia» orgánica: Ante este avance, el refugio de los artistas se desplaza hacia lo físico. El valor real vuelve a los shows en vivo, el merchandising y los formatos analógicos (vinilos/CD), elementos que la IA todavía no puede replicar.
El fin del «Sueño del Pibe» digital
Para el músico de Buenos Aires o el Conurbano que intenta subir sus temas a Spotify, el tablero se volvió imposible. Ya no solo compite contra millones de artistas, sino contra un sistema que fabrica remixes y versiones infinitas por centavos. La advertencia de Astegiano resuena como un eco del apagón masivo: el sistema está saturado y operando al límite de su ética. Si el modelo de negocio es extraer hasta la última gota de «arte artificial», el artista real se convierte en un refugiado de nicho.
Lo estructural
No es una crisis de talento, es una crisis de intermediación. Las discográficas están aplicando la misma lógica extractivista que vemos en el sector energético o inmobiliario: maximizar el margen sacrificando la base. La música pasó de ser una expresión humana a un activo financiero entrenable. El futuro, según el video, es de «trinchera»: solo sobrevivirán aquellos que logren conectar con lo humano y lo presencial, fuera del algoritmo.
¿Es el fin de la música como la conocemos o el comienzo de una revolución desde los búnkers orgánicos?
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