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OPINIÓN

Manuel Belgrano, el pensador de una Patria por Norberto Galasso

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“Se debe profundizar en el Belgrano del pasado
que nos conduzca al futuro,
como continuación de sus altos ideales.”
Norberto Galasso

La versión mitrista de la historia, reproducida a cientos de generaciones a través de la escuela, de Billiken y de los historiadores cómplices, muestra a Manuel Belgrano como el creador de nuestra bandera y como un patriota que murió pobre. Claro que no se podían ocultar los triunfos de las batallas de Tucumán y Salta –productos, además, de una desobediencia del prócer–; pero se minimizó el éxodo jujeño, audaz y valerosa movilización del pueblo conducido por el Belgrano General que constituye uno de los hechos más conmovedores de la guerra de la independencia y del cual los argentinos tienen un escaso o nulo conocimiento.
Hubo que vaciar el pensamiento belgraniano para acomodarlo a los intereses de los vencedores de Pavón.
Belgrano fue un estatista, un proteccionista, un industrialista, un defensor de «los naturales», un gran feminista, un promotor de la educación popular y hasta un ecologista, entre otras cuestiones de gran vigencia actualmente. Pero, además, un enemigo de los poderosos a quienes juzgaba como los causantes del sufrimiento de las mayorías. “…Cuando vemos a nuestros labradores (…) llenos de miseria e infelicidad (…). Es ineludible el deber del Estado corregir tamaña injusticia otorgando el derecho de propiedad de la tierra solamente a aquéllos que la laboran, expropiando dichos bienes inmuebles a aquellos otros que no hacen otra cosa que tener una vida de ociosidad y holganza en base al esfuerzo de los demás”. (Correo de Comercio No. 17, 23 de junio de 1810).
Casi todo su pensamiento se desarrolla desde bastante antes de la Revolución de Mayo, en la cual participó activamente. Por eso se puede decir, sin temor a exagerar, que fue el primero en concebir un proyecto de país y en abordar lo que hoy llamaríamos “la cuestión nacional”, tanto en lo económico como político, social, educativo y cultural.
Desde su cargo de Secretario del Consulado, entre 1794 y 1809, elaboró quince Memorias Anuales sobre el estado de situación de la colonia. Si bien no se conservan todas, es notable la del 15 de junio de 1796, “Memoria sobre la agricultura, la industria y el comercio”, en la cual desarrolló un minucioso programa integral en el que ya afirmaba, entre infinidad de proyectos, que “desterraremos la ignorancia y la pobreza con la educación”. Por eso, entre esos años, creó las Escuelas de Primeras Letras, la de Comercio, la de Agricultura, la de Náutica y la de Geometría y Dibujo.
Son esas ideas las que mantendría y profundizaría en el diario El Telégrafo Mercantil (1802-1803), donde afirmó en el primer número: «Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse. Y todo su empeño es conseguir no darles nuevas formas sino aún a traer las materias primas del extranjero para elaborarlas y después venderlas». ¡Y esto fue dicho en 1802!

Siguió predicando en el Correo de Comercio (1º. de febrero de 1810 hasta 5 de abril de 1811) y, finalmente en La Gazeta y colaborando con Mariano Moreno en su “Plan de Operaciones”. En el Correo…, el 21 de julio de 1810, destacaba la importancia que tenía para la sociedad “… poner en pie de igualdad la educación de hombres y mujeres”.
Sin embargo, es en el casi desconocido “Reglamento (…) para los 30 pueblos de las Misiones”, del 30 de diciembre de 1810, que no sólo dicta sino que aplica sus ideas previas: “Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades, y podrán disponer de ellas como mejor les acomode (…). Desde hoy los liberto del tributo (…). A los naturales se les dará gratuitamente las propiedades de las suertes de tierra (…)” y se les proveerá… “de instrumentos para la agricultura como de ganados para el fomento de las crías (…). No se les será permitido imponer ningún castigo a los naturales, como me consta lo han ejecutado con la mayor iniquidad, (…) so la pena que si continuaren en tan abominable conducta, (…) serán privados de todos sus bienes, (…) y si usaren el azote, serán penados hasta el último suplicio”. Y se establecerán para ellos “escuelas de primeras letras, artes y oficios (…)”.
Una vez restablecido el absolutismo con la restauración de Fernando VII –“… del Rey deseado al Rey felón…”–, don Manuel Belgrano, junto a San Martín, dedican toda su influencia a declarar la Independencia “…de España y su metrópoli y de toda otra dominación extranjera (…)”.
Hoy habría que recordarles a los radicales pro las palabras de su ensalzado Ricardo Rojas: «Demoledores nos sobraron: fue arquitectos de la nueva morada lo que nos faltó. Con diez hombres como Belgrano, la democracia argentina aparecería en su génesis menos envuelta en sombras de caos y sangre de tragedias».

El pasado es como es y no puede ser modificado. Pero es legítimo pensar qué hubiera sido de ésta nuestra Patria si este proyecto nacional belgraniano se hubiera implementado. Pero, por lo menos, permite entender el presente y proyectar el futuro.
Ana T. Lorenzo
Buenos Aires, 2 de julio de 2021.

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