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OPINIÓN

«Deporte y crisis sociosanitaria argentina», por Matías Dalla Fontana

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El panorama: Nos dejan un estado desmantelado, una Nación desacoplada de las orientaciones geopolíticas que pueden provocar una hermandad con nuestros vecinos y una sinergia con los nuevos polos de poder mundial y un pueblo dramáticamente sufriente, hambriento y fragmentado. El deporte puede ayudarnos a sanar la grieta, desde el nivel celular, como respuesta local para una crisis global. Más allá de lo material (comer tiene que volver a ser barato, como expresa Daniel Arroyo) esto no va a poder ser sin un nuevo sentido reconstituyente que tenga a la esperanza como principal ideal identificatorio de los tiempos que vienen.

La esperanza como virtud del proceso político: En medio de la destitución subjetiva que supone la perversidad de la usura financiera, ya sabemos que los clubes de barrio encadenan la gratuidad de los mensajes y la energía que un pueblo comunica como don entre generaciones. Una epístola temprana de Freud declara: «el inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales». Es por ahí la recuperación de la trascendencia necesaria para que la desesperación no signe los complejísimos estadios próximos.

Epidemiología y carácter nacional: Argentina padece la disociación de su convivencia: estado de angustia y soledad, correlatos antropológicos que, en el plano de la salud social, la misma Organización Mundial de la Salud caracteriza como nuevas epidemias: sedentarismo, obesidad, adicciones, depresiones. En este sentido el deporte, cataliza todo un potencial civilizatorio de unidad y participación, engendrando un movimiento hacia un reencuentro. La sociología (Norbert Elías) ha correlacionado la institucionalización del deporte con la forja de un “carácter nacional” británico. La figuración colectiva cernida al control de las agresiones en el siglo XVIII, conquistado como habitus de un pueblo, correlacionó el orden de “parlamentarización” de las clases hacendadas con su equivalente, la “deportivización” de sus pasatiempos. Nosotros no somos ni seremos ellos. Lo que sí es constante es la necesidad de los pueblos de domeñar sus pulsiones. Ya en 1974 Perón planteaba el prerrequisito antropológico de reconstruir el hombre como precondición para la política en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional.

La crisis que arrastramos y la salida coordinada entre micro y macro: Argentina tiene sus propios derroteros urgentes y un propio pensamiento acerca de sí. En 1949, en el marco del Primer Congreso Nacional de Filosofía realizado en Mendoza, una de las excelsas alocuciones (¡Gadamer, Marcel, Hyppolite, Sciacca, N. Hartmann, Jaspers, entre algunos de los participantes!) adelantaría con agudeza clarividente, uno de los núcleos problemáticos que arrecia virulentamente esta década: “…la técnica de difusión absorbe todos los sentidos del hombre, a través de una mecánica de penetración y la consecuente mecánica repetitiva, que diluyen su capacidad crítica. (…) los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un «hombre-niño», que nunca colma su apetencia. Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y la agresividad insensata.” La importancia liminar de esta exposición, dehiscencia profética en el mundo de posguerra, acicatea hoy por lo irresuelto y agravado del cuadro. Yuval Harari expresa en su última obra que “Creando un torrente intermibale de crisis, una oligarquía corrupta puede prolongar su poder…”. Este desorden provocado es el multiplicador de violencias múltiples y enfermedades lacerantes, inherentes a la dinámica vertiginosa de los sistemas socio-productivos y comunicacionales complejos.

Necesitamos coordinación intersectorial de ciertos estratos: micropolítica para una geopolítica, un ordenamiento de la vida cotidiana donde el deporte está claro que no puede faltar a la cita de las políticas estratégicas. Según la encíclica Laudato Si, de Francisco, no hay una crisis ecológica por un lado y una crisis de valores por otro, sino una única crisis. En este sentido, tampoco hay una salida del deporte por un lado y una salida al problema socio-sanitario del sedentarismo, las adicciones y la soledad por otro.

Los pibes en el club, en todo el territorio federal: El deporte no puede salvarnos en términos absolutistas, creerlo es magia metonímica. Lo que sí puede es constituirse en espacio vital, con capilaridad institucional abarcativa de un plexo de políticas en todo el territorio federal. La frase “los pibes en el club” es más que consigna de barricada. Debemos superar esta cosa perversamente reduccionista de que a los pibes “hay que contenerlos”. A los pibes hay que re-afiliarlos, repatriarlos de la virtualidad, implantar capacidades sublimatorias estructurantes de la subjetividad, matrices identificatorias, que permitan recuperar sentido sanmartiniano de la vida. Toda sistema educativo y sanitario se confronta con un problema doble: hallar un pensamiento esperanzador sobre su identidad y diseñar una fisonomía de sus quehaceres armonizada con esa identidad colectiva, en un proyecto político pueda integrar en la acción táctica, en terreno, los sistemas de redes de salud, educación, trabajo. El amo de la globalización posmoderna se ha volcado contra las culturas en una especie de vuelta de guante, forcluyendo las motivaciones originarias del poder institucional: necesitamos volver a poner la política al mando y a la persona humana en el centro de la misma. Arnaldo Medina, reconocido sanitarista argentino, ha expresado con calidez docente que, si tuviera que elegir prescribir una sola recomendación y sólo una, optaría por una hora de actividad física diaria: un sentido personalizante (micro) de las redes de salud (macro).

Reconstruyendo capacidades en concurso con las organizaciones: Esto requiere el desarrollo orgánico de un frente de todos que erija potencialidades previas, con consensos rápidos: capacidad de escucha humilde y un reconocimiento de que lo comunitario tiene una gramática propia, una trama ordenada en costumbres, instituciones populares, liderazgos legitimados y fuerzas virtuosas ya actuantes en el seno del mundo de la vida de un pueblo. En estos desfiladeros el deporte ya está ahí, esperando potencialmente, para ser un eje del consenso nacional: los barrios argentinos están nutridos capilarmente por miles de clubes, en diversos estados de salud material y espiritual. Hacer todos los esfuerzos conjuntos, financieros y logísticos, para colocar los niños, niñas y adolescentes en los mismos, parece una propuesta de pertinencia y oportunidad fuera de discusión. Necesitamos aumentar inmediatamente las capacidades estatales involucrando a los actores en la hechura de su destino: Reconstruir las relaciones estado y sociedad, en una nueva alianza con líderes intermedios, desarrollando capacidades cuantitativas y cualitativas. Solos no vamos a poder. Esto requiere de la participación ordenada de miles de referentes válidos, afirmados por su servicio en las tareas barriales. Convocar desde el estado a un espacio con declarada entidad institucional, donde tender puentes para la coordinación de estos miles de cuadros intermedios, que los incorpore en proceso de formación como tutores de millones de niños y niñas incluidas.

Actuar unidos: Accionar al unísono vitaliza la coordinación interministerial, intergubernamental (nación, provincia, municipio) e intersectorial. Medidas del tipo de la Asignación Universal por Hijo en el Deporte (ley aprobada democráticamente por ambas Cámaras del Congreso, que beneficiaría a unos 3.000.000 de niños, pero derogada por el Presidente Macri a través de un D.N.U.) integrarían esta mirada, donde se entretejan en la escala local órganos tales como centro de salud, escuela, club, credos, gremios, etc.

Cumplir la ley: Finalmente, no por ello menos importante, cumplir las leyes. El deporte argentino cuenta con normativa basal, perfectible aunque virtuosa, para una revolución pacífica: ley del Deporte convocando al Consejo Nacional del Deporte, ley de clubes de barrio y pueblo, por ejemplo. Para la devolución paulatina de su salud al gran pueblo argentino.

*El autor es psicólogo, ex Puma, integrante de Agenda Argentina, referente nacional del deporte, fundador de la institución Proyecto Deporte Solidario, con vasta trayectoria en la salud mental y adicciones y proyectos como el rugby en cárceles y contextos vulnerables.

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