OPINIÓN
«La pretemporada tiene una importancia irreemplazable»
volanta
Este es el análisis de un experto en sicología deportiva, sobre un tema de mucha actualidad en estos tiempos y que tiene que ver con la pretemporada y su real valía en deportes colectivos, como el caso del fútbol.
El trabajo de pretemporada tiene una importancia que lo hace irremplazable en si mismo, por los objetivos que comporta. Así como en el curso de la vida, existe un momento específico, casi siempre irreproducible, para la adquisición del lenguaje, la pretemporada conforma un momento que enlazado a otros que lo preceden (vacaciones adecuadas junto a la familia) y lo suceden (puesta a punto y competencia) tiene su sentido propio.
Algunos de sus sentidos propios son el logro de un nivel de adaptación a la máxima exigencia, la conformación de un grupo de cierta homogeneidad entre los jugadores que ya se conocen y los recientemente incorporados, la identificación con objetivos comunes y su adecuación a las normas y exigencias de la institución.
La pretemporada puede entenderse como un eslabón irremplazable dentro de una cadena. Independientemente de las variaciones incorporadas por los avances científicos objetivos, e incluso de las vanguardias de moda, la realidad indica que existen distintos estadíos de la preparación deportiva, sean disciplinas individuales o grupales.
Por tomar un antecedente histórico de referencia mundial, desde el enfoque del teórico ruso Lev Pavlovich, un clásico imbuido por la ideología de la URSS de los años 50, ya se considera la idea general de las cargas y volúmenes de entrenamiento en los distintos momentos de las competencias. La aplicación de diferentes intensidades conforme avanza la temporada implicaba, desde esa óptica, la idea de ciclo (kyklos, igual rueda, círculo). Sin ingresar en profundizaciones teóricas prescindibles en este contexto, lo central es que cada uno de los momentos implica tipos de trabajos, objetivos e intensidades distintas según un plan de corto, mediano y largo plazo.
Para que pueda darse la correcta adaptación a niveles de exigencia determinados, debe darse un cierto nivel de sobrecarga óptima que no supere un cierto umbral de tolerancia, pero tampoco sea demasiado bajo, de modo tal de no producir efecto. Parte de estos principios, incluye considerar la necesidad de ser progresivos y que los descansos son parte del entrenamiento. En estos momentos de relajación pueden introducirse estrategias lúdicas y recreativas que aportan conquistas como la cohesión y la identidad de los grupos, que serán esenciales en el correr de la temporada. Una pretemporada tiene relación directa con este tipo de cuestiones insoslayables.
La pretemporada de Unión se viene realizando en la Feliz desde hace un par de años. Se aprovecha algo que no abunda en otros lugares como nuestra ciudad: la posibilidad de correr en la arena. Foto: Archivo El Litoral
Está preparación, si es realmente integral y no está librada al azar, contempla la adaptación de todas las dimensiones del ser humano a las exigencias que tendrá la competencia, incluidos los elementos sicológicos y espirituales, individuales y grupales. La pretemporada es, en este sentido, un momento de objetivos específicos tales como la búsqueda de acuerdos sobre reglas de convivencia grupal, el encuentro —siempre inestable— del justo medio entre el ejercicio de la autoridad y el margen de libertad de los individuos, la aproximación al surgimiento de liderazgos positivos y el aislamiento de posibles conductas nocivas, inclusive, por qué no, la negociación de condiciones de trabajo óptimas en el caso de planteles profesionales, sobre la cual sentar las bases de un correcto “clima de vestuario”.
En este punto entra también la posibilidad de ir estableciendo los códigos y las formas de comunicación que permitan una retroalimentación entre el sentir general de los jugadores, los referentes principales que son portavoces y la conducción, información mutua que sirve como insumo para los ajustes necesarios.
Es una constante de ciertos films, la imagen de un peregrinar, de un viaje inmenso que puede no ser religioso, sino épico, bélico o de un pueblo en movimiento. Los personajes abandonan en general un lugar familiar para lanzarse a lo inquietante, a lo extraño. Del sacrificio implicado en ese camino y las pruebas arduas que conlleva, los personajes saldrán fortalecidos al final del mismo, casi transformados en otros, en la medida en que el grupo les confiere una identidad colectiva. Y podrán sentirse dotados de un nuevo poder.
La pretemporada es, quizás, asimilable a ese tipo de peregrinar, pero esta vez hacia el interior, donde las individualidades se van amalgamando a través de un enorme sacrificio, en un camino de búsqueda del equipo. Tomando una de las máximas de otros ámbitos: si se quiere la paz, el mejor medio de conservarla es prepararse para la guerra. Si se quiere la gloria, también.
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