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OPINIÓN

Marcha… ¿del silencio?

volanta

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¿La marcha del silencio es un homenaje al fiscal Nisman o un atentado a su memoria y a los demás muertos en democracia? Esta es una pregunta que me permito incorporar al debate producido a raíz de su trágica muerte. Está claro que la gran mayoría de los argentinos deseamos fervientemente el esclarecimiento de su muerte y saber cuáles pueden haber sido los motivos que la hubiesen provocado, cualquiera fuese su causa. Nadie puede poner en duda el legítimo derecho a manifestarse y expresar sus ideas y sentir pero, entiendo, humilde y respetuosamente, que en muchos casos (y este es uno de ellos) lo que se impone es decir, hablar, demandar por lo que se considera justo. Miles de ciudadanos marcharon el 18 de febrero bajo la consigna “Homenaje al fiscal Nismam. Marcha del Silencio”, bajo esa consigna inicial y pasos más atrás de los fiscales (aparentemente) convocantes, la mayoría del arco político partidario opositor esgrimía sus conclusiones procurando sacar rédito a su accionar. En consecuencia, el sórdido discurso tenía las más variadas concepciones, sentir, banderías y objetivos. Comparto la idea de requerir al gobierno decisiones rápidas, efectivas y conducentes para arribar al fin querido por todos: el esclarecimiento de la muerte y sus causas. Para ello, aunque parezca una verdad manifiesta, nuestro sistema republicano exige al ejecutivo poner a disposición cuanto esté a su alcance (el haber relevado del deber de confidencialidad a un ahora renombrado ex agente de inteligencia puede ser una señal); al Judicial, administrar justicia manteniendo un criterio independiente de todos sus integrantes; y al legislativo, imponer a sus integrantes sentarse a debatir en el recinto y en las comisiones cuanto proyecto de ley sea puesto a su consideración. Los tres poderes de gobierno en la misma dirección que la constitución nacional les impone. Memoria, verdad y justicia era la consigna de Madres y familiares de detenidos desaparecidos que marchaban en plaza de Mayo. Era lógico el lugar elegido, sus hijos y familiares habían sido chupados desde el ilegítimo ejecutivo de la dictadura de entonces. Hoy nuestro reclamo es el mismo, en este caso particular, pero -a mi entender- el destinatario debería ser otro: El poder judicial, en cuya órbita exclusiva y excluyente se encuentra la potestad y posibilidad de esclarecer tan trágico hecho. Lamentablemente, debemos resaltar que han existido crímenes intolerables desde el advenimiento de la democracia, algunos de ellos resueltos, otros no y, obvio es decirlo, ninguno justificado. Comparto la idea de marchar a viva voz -reclamando memoria, verdad y justicia- para Nisman, Favaloro, Menem (h), Kosteki, Cabezas, Santillán, Ferreyra, Fuentealba, López, las víctimas del puente de Corrientes (gobierno Alianza), los 84 muertos de AMIA y el atentado a la Embajada de Israel. Los 700 procesados y condenados (civiles y militares) por delitos de lesa humanidad, no bastan. La justicia, verdad y memoria debe ser para todos. Y esa es la tarea que les incumbe a los jueces y fiscales, hubiesen marchado el 18F o no.

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