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OPINIÓN

La brecha de género en los espacios de poder. Por Lic. Lucía Chicatún

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Desde la década del 70´ ha suscitado gran interés la inserción de las mujeres en la vida política y económica, los espacios de poder y la toma de decisiones. Organismos internacionales como Naciones Unidas han promovido conferencias, declaraciones y convenciones en pos de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. La necesidad de atender al desequilibrio en términos de sexos de quienes acceden a los puestos de decisión se convirtió en una premisa carente de discusión y quedó instalado en el centro de la agenda política.

Quizás este sea el motivo que hoy ya no resulte una noticia destacada la elección de una mujer como presidenta, en la actualidad Dilma Roussef, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet ocupan el más alto cargo de gobierno y no es casualidad que las tres mandatarias lo hagan por segunda vez. Pero ¿cuál es el panorama en otros espacios de poder?

En América Latina y Caribe, el porcentaje de mujeres parlamentarias es de 26.4% y 14 países de esta región incorporaron leyes de cuotas que promueven su acceso a los cargos legislativos. Sin embargo, el resultado de las acciones afirmativas resulta muy dispar: Brasil, siendo uno de los primeros países en hacerse eco de estos reclamos e incorporando cuotas mínimas por sexo del 30% en las candidaturas, tiene solo un 8.6% de los cargos legislativos ocupados por mujeres, mientras que Cuba y Nicaragua sin poseer legislación al respecto, tienen los porcentajes más altos, 48.9% y 42.4% respectivamente. Incluso si tomamos los 10 países con mayor proporción de mujeres en los poderes legislativos, 6 de ellos carecen de cuotas.

Si analizamos los gabinetes ministeriales, Nicaragua lidera el ranking de participación de mujeres con un 57%, 15 países tienen entre 20% y 30% de ministras, 16 entre 10% y 20%. Varias investigaciones sobre la temática destacan que aún se sostienen los modelos tradicionales en los cuales las mujeres ministras se encuentran en las áreas de educación o desarrollo social.

En tanto en el ámbito local, se evidencian avances en el porcentaje de alcaldesas pasando de un 6% en 2002 a 12% en 2012 y 26% de concejalas según la CEPAL. Si bien las cifras parecen bajas, los cambios que se produjeron en los últimos 10 años reflejan grandes avances.

En el sector privado, la participación de las mujeres en altos cargos directivos no dista mucho de sus homónimas en política. El informe recientemente publicado por la OIT sobre las mujeres en la gestión empresarial señala a partir de una encuesta realizada en 1.300 grandes empresas del mundo, que el 87% de las juntas directivas están presididas por hombres y solo el 13% por mujeres. A su vez, de las 500 empresas más importantes solo 26 tiene mujeres en los puestos de CEO´s.

En cuanto a las estadísticas en América Latina, el World Economic Forum a partir del “Global Gender Gap” mide la brecha de género en 142 países por medio de cuatro indicadores: salud, economía, política y educación. Aquí se evidencia que en el ranking general América Latina se encuentra mucho mejor ubicada, con Argentina, Nicaragua, Ecuador y Cuba en los primeros 35 puestos, pero tomando en cuenta el indicador sobre la participación y oportunidades económicas de las mujeres, recién encontramos a Ecuador en el puesto 45 y el resto de los países por debajo.

A su vez, la investigación de la OIT muestra que si bien se puede observar un aumento de mujeres en cargos gerenciales, se concentran en determinadas funciones como comunicación, recursos humanos, administración, que obstaculizan su camino hacia los cargos directivos. Estas funciones a las cuales son asignadas, construyen “paredes de cristal” que reducen sus posibilidades de acceso a los más altos cargos directivos.

Algunos avances y desafíos

Como demuestran los datos relevados, la equidad de género tiene aún un largo camino que recorrer. Las grietas abiertas en el famoso techo de cristal (1) aún no son suficientes para romper con los obstáculos que se planteaban ya muchos años atrás y el crecimiento del liderazgo femenino continúa sosegado por los estereotipos de género, las mayores responsabilidades familiares de las mujeres y la cultura organizacional masculina.

En el marco de la celebración del 20º aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y la aprobación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, el 2015 permitirá revisar y evaluar las políticas implementadas por los países para reducir la brecha de género y pensar porqué las dificultades continúan siendo muy similares.

A fin de cuentas, no importa cuántas mujeres hay en puestos directivos, si no cuántas tuvieron la oportunidad de elegir y poder llegar a ese destino.

1- Techo de cristal es un término utilizado para hacer alusión a los límites invisibles que tienen las mujeres en el ascenso laboral.

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