OPINIÓN
La importancia estratégica del espacio latinoamericano de Integración: ejes y desafíos próximos. Por Erica Farcic
volanta
La corriente integracionista que ha ganado fuerza en los últimos diez años forma parte de una verdadera apuesta estratégica de toda Latinoamérica en su conjunto por construir y a la vez afianzar su identidad colectiva en el mundo, proyectándose, desde una perspectiva autonómica, dentro del sistema internacional.
El proyecto de consolidación de América Latina como actor internacional implica asumir la responsabilidad de comenzar a coordinar políticas en áreas fundamentales para el desarrollo sostenido de nuestras naciones y defender la multiplicidad de intereses que nos unen por poseer valores, costumbres y una historia en común.
Ello implica poder articular estrategias de desarrollo económico y social que nos permitan mejorar los estándares de vidas de nuestras comunidades, incrementar nuestra participación en el comercio internacional, combatir los índices de pobreza y de extrema desigualdad en la distribución de la renta en nuestras naciones e impulsar la generación de nuevos empleos y de mayor calidad.
En síntesis, implica la posibilidad de lograr un desarrollo sostenido desde una plataforma regional y propiamente latinoamericana, que permita afianzar capacidades de gobierno y afirmar nuestra autonomía como región, frente al conjunto de actores e intereses internacionales que interactúan en esta trama compleja de poder que configura al actual sistema internacional.
Es importante remarcar nuevamente la relevancia de este proyecto desde el punto de vista histórico, ya que desde comienzos de la construcción de Estados nacionales, tras el proceso independentista en América Latina, existieron proyectos de integración que no lograron consolidarse.
Esto se debió fundamentalmente a que los movimientos independentistas en América Latina vinieron de la mano de un cambio estructural en la matriz de vinculación de América con el mundo, en la que se asistió a un proceso fragmentario de vinculación entre los Estados nacionales nacientes; dando comienzo a una nueva dependencia económica con las potencias hegemónicas en crecimiento.
Cabe recordar que los intentos de integración llevados a cabo por Simón Bolívar en 1826 en el Congreso de Panamá y sucesivos gobiernos de la región fracasaron, debido a esta prioridad dada por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a su vinculación con Europa o Estados Unidos.
En consecuencia, las circunstancias históricas que dieron lugar al despegue de los Estados nacionales en Latinoamérica, determinaron en gran medida la configuración de esta matriz de desarrollo dependiente. De manera que escaso fue el margen para la gestación de proyectos integracionistas como el que hoy nos proponemos a partir del MERCOSUR Y la Unión Sudamericana de Naciones.
Si bien el nacimiento del MERCOSUR tuvo una motivación principalmente económico- comercial, ésta ha sido el cimiento de un proceso de concientización latinoamericano. Desde la firma del Tratado de Asunción en 1991, se trabajó fuertemente en la puesta en marcha un mecanismo de promoción comercial que dio lugar a un exponencial aumento del comercio intrabloque y extrabloque, generando grandes beneficios para los actores económicos de la región.
Con el reclamo de los actores sociales por la democratización del proceso y por una mayor participación, logró plasmarse en la estructura institucional del MERCOSUR la creación del Subgrupo de Trabajo de Relaciones Laborales, Empleo y Seguridad Social y la Comisión sociolaboral del Mercosur.
Por otro lado, la creación de un Foro Consultivo Económico y Social, quedó sellada en la firma del Protocolo de Ouro Preto. En el Foro participan los actores económicos de los países del Mercosur.
A su vez, la Declaración Sociolaboral del Mercosur consolida los progresos realizados en la dimensión social del proceso de integración. Aunque las disposiciones de la declaración no son susceptibles de aplicación directa, ya que dependen de la conformidad con las legislaciones vigentes en cada Estado Parte, dado que no existe todavía un derecho comunitario propiamente dicho del Mercosur, es importante destacar que hay un reconocimiento explícito y conjunto de los derechos sociales en el bloque, lo cual es importante, porque marca que la intención del proceso de integración no se acota meramente al plano económico.
El gran avance en este sentido se ha logrado a partir de la creación del Parlasur, ya que constituye la gran apuesta a la participación ciudadana del MERCOSUR. En este sentido, hoy la Argentina, con la aprobación de la ley que establece la elección directa de los parlamentarios ha dado un paso importantísimo en su concreción, a los que deberán sumarse los de Brasil, Uruguay y Venezuela, ya que Paraguay ya tiene parlamentarios elegidos de forma directa desde el 2008.
En este marco, el Mercosur enfrenta grandes desafíos, entre ellos: trabajar en la concreción y perfeccionamiento de mecanismos de coordinación de políticas públicas. En materia económica, esto resulta extremadamente necesario, dada la interdependencia de las economías que conforman el bloque, a fin de atenuar el impacto de los movimientos económicos externos que afectan a cada uno de los Estados Parte y acrecientan sus vulnerabilidades.
Avanzar en una mayor coordinación en áreas como infraestructura, educación, Ciencia y tecnología y relaciones exteriores, resultará altamente prioritario también. Cabe destacar que se han comenzado dar pasos importantes en cada una de estas áreas.
En materia de infraestructura, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) es un proyecto destinado a promover la organización y desarrollo del espacio sudamericano sumamente importante para la modernización y desarrollo de la infraestructura de la región en el que se deberá trabajar fuertemente en los próximos años.
En relación a la inserción del bloque en el contexto mundial y a su interacción con otros actores internacionales es necesario hacer referencia a dos pilares vinculados con las relaciones externas.
En principio, a las relaciones del Mercosur con los demás países latinoamericanos. El cambio registrado en la concepción del Mercosur respecto de su política de ampliación como bloque, es decir, que nuevos países ingresen como miembros plenos, ha sido central en este proceso de concientización Latinoamericana. La integración de Bolivia, y Venezuela al esquema original, es producto de una mayor conciencia y de una voluntad política de integración en pos de la construcción de una unidad regional con tinte fuertemente político.
Los Estados Latinoamericanos han reconocido en este contexto que es posible enfrentar integralmente los desafíos que suponen nuestras alternativas de desarrollo, si apuntamos a generar mecanismos de mayor coordinación de políticas entre los países que conforman la ALADI. Además de ello, no es un dato menor el hecho de que mas de la mitad del comercio reciproco está constituido por manufacturas cuyo destino es la comunidad latinoamericana.
La posibilidad de alcanzar acuerdos de liberalización comercial, con otros países de la región individualmente o en conjuntamente con la Comunidad Andina de Naciones, devendrá en grandes beneficios para la región, dado que generará un mayor intercambio comercial y contribuirá a la ampliación del mercado.
El segundo pilar hace referencia al capitulo de relaciones externas del bloque, es el vinculado con las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea. Como antes mencioné, la consecución de alianzas estratégicas constituye un elemento fundamental en el proyecto de consolidación del Mercosur en el escenario internacional. La última cumbre de presidentes del Mercosur presentó avances en este sentido, siendo que es una negociación que ya lleva casi dos décadas sin resultados, y parecería ser que estaríamos próximos a la firma de un acuerdo birregional que constituirá una alianza estratégica económica y política que tendrá gran repercusión en términos de beneficio mutuo y sumamente importante para el desarrollo y crecimiento de ambas regiones.
Para finalizar, hoy más que nunca se hace evidente que la única alternativa para alcanzar un desarrollo autonómico y sostenible en el tiempo, solo es posible a través de una estrategia compartida en el actual escenario de poder internacional. Hacerlo desde una nueva plataforma política latinoamericana, constituye nuestra mejor opción estratégica, ya que con nuestros vecinos compartimos un mismo espacio geográfico, una misma cultura, los mismos objetivos nacionales y similares desafíos para lograr nuestro desarrollo económico y social autónomo.
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