OPINIÓN
Macri procesado, Morales lo encubre, por Emilio Raffo
volanta
Conforme lo pusiéramos de manifiesto desde este portal con motivo de la sesión de la Cámara de Senadores desarrollada en el pasado mes de agosto, en donde debía rendir cuentas el jefe de Gabinete nacional (ver ¿El senador Morales hace lo políticamente correcto, está de joda o qué le pasa?), sectores de los denominados opositores se manifestaron “acremente” respecto de la procedencia o improcedencia de que la misma fuese conducida por el titular constitucionalmente habilitado, es decir, el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, modalidad que se ha mantenido hasta el presente, no sólo en las sesiones sino también mediante una campaña constante de ciertos medios de información. ¿Es esto políticamente correcto?
Ha sido por demás difundido el elocuente y enjundioso discurso del senador de Jujuy, Gerardo Morales (aquella provincia reconocida y recordada por el histórico éxodo en las batallas de la independencia y que también diera destacados aportes a nuestra cultura nacional, de las manos de Jorge Calvetti, Medardo Pantoja, Néstor Groppa, y en donde año tras año se celebra el Tantanakuy piloteado por el maestro Jaime Torres), que en muchos casos se ha caracterizado por una suerte de desierto jurídico en sus exposiciones.
Morales se ha opuesto férreamente a que el vicepresidente de la Nación cumpliera con su mandato y obligación constitucional, anunciando el retiro de su bancada y, para rematar, de manera histriónica, dirigiéndose al presidente de la Cámara, diciéndole: “Está de joda tocando con la Marcha de Rolando”, abandonando aquella recordada y vigorosa retórica de sus correligionarios como Leandro Alem, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Oscar Alende, Moisés Lebhenson, Amadeo Sabattini y, más cercano, Raúl Alfonsín.
Es absolutamente cierto que el vicepresidente de la Nación ha sido procesado en una causa, en la que, eventualmente, podrá ser sometido a juicio (cuando aquella decisión se encuentre totalmente firme), y en el mismo, con el debido proceso, el fiscal formulará su acusación; entonces el señor Boudou procurará defenderse y, llegado el caso, se dictará su condena o absolución. Todo ello, respetando las normas pertinentes y bajo la atenta mirada de muchos medios de difusión (oficialistas y opositores) y, por ende, de la ciudadanía interesada en el tema.
El senador Morales señala que el vicepresidente está de joda, demostrando una vez más el empeño en ridiculizar y disminuir todo lo que ocurre y se resuelve en nuestra patria y, como consecuencia de ello, resaltando lo que se hace en otros lares, las más de las veces calificados en los países desarrollados, democrática y socialmente cultos, etcétera. ¿Es esto lo políticamente correcto?
Parafraseando a Séneca, “a nuestra patria la amamos… no porque sea la más grande o la mejor, sino simplemente porque es nuestra”. Señalábamos entonces qué es lo que ocurre en otros países. Así el caso del presidente Nixon de Estados Unidos, que se mantuvo en su cargo, desde el 17 de junio de 1972, cuando estalló el escándalo de Watergate, hasta el 8 de agosto de 1974, cuando renunció a dicho cargo luego de que el Gran Jurado Federal lo consideró copartícipe de conspiración (marzo de 1974).
En 2007, el presidente alemán, Christian Wulff, anunció su dimisión a causa del escándalo de tráfico de influencias en el que se vio envuelto por una actuación que tuviera en un cargo de jefe regional, mandato anterior al renunciado. No esperó una decisión, las normas allí vigentes expresamente establecen la incompatibilidad del desempeño y la confesión de algunos de los hechos develados. ¿Era esto lo políticamente correcto?
Ahora bien, ¿qué ha ocurrido más recientemente en nuestra república?
El gobierno de la Alianza, asumido en 1999, debió afrontar un público escarnio de corrupción, precisamente en la Cámara de Senadores en la cual hoy trabaja el senador Morales (a la sazón funcionario de ese gobierno). Como consecuencia de ello, el entonces vicepresidente “Chacho” Álvarez, en lugar de combatirla -como se comprometiera en documentos publicados en la época- resolvió renunciar al cargo -desde una bacanal confitería de su barrio porteño- y llamarse a silencio durante algunos años… ¿Era lo políticamente correcto?
Como consecuencia de ello, luego de que el entonces presidente de la república también renunciara a su cargo y se retirase en el helicóptero de la Casa Rosada -sumiendo al país en una de las crisis económicas, políticas, institucionales, económicas y sociales de mayor gravedad recordadas- fue acusado, primero, y luego procesado a raíz de las denuncias formuladas por un ex secretario administrativo de la Cámara de Senadores.
Si bien el hecho no sería absolutamente igual -el presidente había abandonado el cargo dos años antes del vencimiento del mandato-, lo cierto es que el doctor Fernando De la Rúa debió afrontar una bochornosa afrenta mediática, social y judicial, hasta que finalmente fue absuelto, juntamente con otros acusados. Si bien dicha resolución aún no se encuentra firme, hasta el momento esa es la decisión que hoy puede comentarse. ¿Era esto lo políticamente correcto?
Antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa debo recordar una frase, que no es mía, que señala: “La Argentina es el único país en el mundo en el cual, cuando uno dice algo de buena fe, tiene que salir a explicar que no quiere decir todo lo contrario”.
Hasta tanto ello ocurra, como ha sucedido por caso con el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, ingeniero Mauricio Macri, gozará de la presunción de inocencia.
Como lo señala una caracterizada profesora de Derecho Penal en un trabajo por ella escrito -a quién no cito expresamente por no contar en este momento con su autorización para hacerlo-: “De acuerdo al principio de inocencia establecido por la constitución nacional en el artículo 18, todo habitante de la nación goza de sus derechos en la medida que no exista condena judicial y las restricciones que se impongan a su pleno ejercicio solo pueden tener como objetivo asegurar el fin estatal de determinar la existencia de un delito y hacer responsable a su autor. De donde se sigue que toda restricción a los derechos de los habitantes que vaya más allá de las necesidades del proceso, resulta ser un sometimiento innecesario e injustificable”.
Recientemente se ha difundido (aunque no fue tapa de algunos diarios, como sí lo fue reiteradamente el procesamiento del vicepresidente) la decisión del juez Casanello de rechazar un pedido de sobreseimiento de Macri, en consonancia con otro rechazo de similar tener que efectuar en el mes de julio de 2014 la Sala I del Tribunal de Apelación que integran los doctores Ballestero y Farah. Ocultando ahora la maniobra mediática que publicitara La Nación, en su edición del 22 de mayo de 2014, al titular: “Mauricio Macri reclama que la Justicia defina si lo envía a juicio oral”, como una maniobra que pusiera en evidencia su inocencia. Como lo fue el pedido de su propio juicio político presentado en la Legislatura que fuera rechazado o adormecido por sus propios correligionarios. ¿Es esto lo políticamente correcto?
Con la mayor y más absoluta candidez e inocencia esperaba ver, leer o escuchar al senador Morales o a sus correligionarios reclamar el apartamiento de su actual cargo de jefe de Gobierno o su paso al costado de su anunciada postulación a presidente de la Nación, posibilidad esta ciertamente mucho más gravosa para la Argentina y hasta un fraude a sus eventuales electores.
Cuando esto pensaba, me acordé del dicho acuñado en forma anónima e inveterada: “Entre bueyes no hay cornadas”. (7/1/2015)
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