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¿Quién es «Pequeño J»?: la saga narco detrás del triple homicidio en el conurbano

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Extradición y caída de "Pequeño J": el cerebro del triple crimen de Varela llega al país

La espera terminó para los investigadores bonaerenses. Este lunes, cerca de las 19 horas, aterriza en suelo argentino Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido en el mundo del hampa como “Pequeño J”. Su arribo, bajo un fuerte operativo de seguridad, marca el inicio del proceso judicial por el cual se lo señala como el autor intelectual de una de las masacres más sangrientas del último año en el conurbano: el triple crimen de Florencio Varela.

El sangriento episodio de septiembre

El caso que se le imputa ocurrió en septiembre pasado y tuvo como víctimas a Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Gutiérrez. Según la hipótesis que maneja la fiscalía, no se trató de un hecho de inseguridad al azar, sino de un ajuste de cuentas meticulosamente planeado. El móvil detrás de la ejecución de las tres jóvenes habría sido una venganza por el robo de un cargamento de cocaína, una práctica conocida en el territorio como «mejicaneo».

Una estirpe narco que cruzó fronteras

Con apenas 20 años, «Pequeño J» no es un recién llegado al mundo delictivo. Nacido en Trujillo, Perú, creció bajo la sombra de su padre, Janzen Valverde Rodríguez, cabecilla de la organización “Los Injertos de Nuevo Jerusalén”. Su progenitor fue asesinado en 2018 por una banda rival, dejando un vacío que su hijo habría llenado expandiendo las redes de influencia hacia el Atlántico.

La familia Valverde Victoriano representa una saga criminal de tres generaciones. Sus tíos y tías figuran en los registros policiales peruanos con antecedentes por extorsión, homicidios y robos de repuestos. Este entorno facilitó que Tony, a pesar de no tener antecedentes penales previos en su país natal, pudiera articularse rápidamente con las bandas delictivas del sur del Gran Buenos Aires.

El «Laboratorio Trujillo» y el Conurbano

Expertos en seguridad describen a la región de La Libertad (Perú) como un laboratorio de nuevas estructuras violentas que replican sus modelos en otros países. La caída de «Pequeño J» en Pucusana fue el resultado de una operación coordinada entre el Ministerio Público peruano y la policía bonaerense. La investigación sugiere que el joven aprovechó debilidades estatales y redes de transporte para exportar la ferocidad de las bandas trujillanas.

Su llegada hoy a la Argentina no solo busca cerrar el caso de las jóvenes de Varela, sino también desentramar los vínculos ambiguos que su familia mantendría con estructuras del Estado en Perú, un fenómeno de corrupción institucional que facilita el tránsito de cargamentos y sicarios por la región.

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