ECONOMÍA
La inflación en «U»: Por qué el «éxito» anual de Caputo esconde un rebote peligroso
La publicación del 31,5% de inflación acumulada para 2025 le permitió al Ministerio de Economía presentar un éxito estadístico: la cifra anual más baja en ocho años. Sin embargo, el análisis técnico del IPC de diciembre (2,8%) confirma lo que la calle percibe y los mercados ya descuentan: el proceso de desinflación se agotó a mitad del año pasado y Argentina entró en una fase de rebote sistemático.
🎢 De la desinflación al rebote: 8 meses al alza
Lo que el oficialismo presenta como una «meseta de estabilización» es, en rigor técnico, una curva en «U». Tras el desplome inicial de la inflación a principios de 2025, el índice tocó su piso entre mayo y junio. Desde julio, la inercia cambió de signo:
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El fenómeno del rebote: Diciembre marcó un 2,8% mensual, consolidando el octavo mes consecutivo donde la inflación encuentra un piso cada vez más alto.
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El «piso de cristal»: Para economistas como Roberto Cachanosky, este comportamiento demuestra que el programa financiero chocó contra sus propios límites. Sin una reactivación real, el Gobierno solo logra «estabilidad» enfriando la economía, pero la estructura de costos (tarifas, combustibles y salarios atrasados) presiona desde abajo.
🔍 La metodología bajo la lupa: ¿Qué mide (y qué no) el INDEC?
Para entender por qué el 2,8% oficial se siente como un 4% en la calle, hay que revisar la cocina del IPC:
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La trampa de los promedios: El 2,8% es un promedio que licúa subas críticas. En diciembre, Transporte (+4,0%) y Vivienda/Servicios (+3,4%) lideraron la tabla. Cuando los gastos fijos suben por encima del promedio, el ingreso disponible se pulveriza más rápido de lo que indica el índice general.
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El peso del Alquiler: El IPC sigue utilizando una estructura de ponderación que subestima el peso real del alquiler en el presupuesto familiar. En un contexto de contratos desregulados, el costo de «techo» se mueve a una velocidad que el INDEC no termina de capturar con sensibilidad mensual.
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Canasta desactualizada: El índice mide consumos basados en encuestas históricas. En 2026, con el cambio forzado hacia segundas marcas y la eliminación de productos premium de la mesa familiar, la «inflación percibida» por el consumidor es mucho más alta porque los productos básicos son, justamente, los que más suben (Alimentos +3,1%).
💬 La batalla de los relatos en X
La polarización es total. Por un lado, el ala dura del oficialismo y figuras como Patricia Bullrich celebran el 31,5% anual comparándolo con el fantasma de la hiperinflación de 2023. Para ellos, cualquier cifra por debajo del 3% es una «victoria cultural».
En la vereda opuesta, el arco sindical (ATE/CGT) y analistas independientes advierten que esta «paz» se sostiene sobre un cementerio: jubilaciones que no recuperan poder de compra y una recesión que impide que los comerciantes trasladen costos a precios por falta de demanda.
«Es una estabilidad de cementerio. Si la economía intenta reactivar un solo punto del PBI, la inflación vuelve a saltar porque la oferta está destruida», advierten en los threads financieros de X.
✅ Conclusión: ¿Victoria o tregua vencida?
Celebrar el 31,5% anual es mirar el espejo retrovisor mientras se acelera hacia un muro.
El desafío de 2026 no es cuánto bajó la inflación respecto a la gestión anterior, sino cómo evitar que el rebote iniciado en el segundo semestre de 2025 se convierta en una nueva espiral.
Caputo festejó el promedio, pero la tendencia le está ganando la pulseada.
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