INTERNACIONALES
Venezuela: El ataque que reordena el tablero regional
En la madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas especiales Delta Force de Estados Unidos ejecutaron la «Operación Determinación Absoluta» contra Venezuela. El objetivo era Nicolás Maduro. Lo capturaron en su residencia dentro del Fuerte Tiuna, Caracas. El ministro de Defensa Vladimir Padrino López denunció que EEUU asesinó «a sangre fría» al equipo de seguridad presidencial. Las cifras preliminares hablan de al menos 47 muertos, 23 militares y 24 civiles. Maduro fue trasladado a Nueva York y está detenido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, enfrentando cargos por narcoterrorismo ante tribunal federal en Manhattan. El Tribunal Supremo de Venezuela ordenó que Delcy Rodríguez asuma la presidencia interina.
¿Detención o secuestro?
Jurídicamente ambiguo. Estados Unidos tiene órdenes de captura vigentes desde 2020 contra Maduro por narcotráfico con recompensa que escaló a USD 50 millones. Esa recompensa fue clave para obtener inteligencia según exfuncionarios. Pero ejecutar un operativo militar en territorio soberano sin aval de ONU o OEA configura violación del derecho internacional. Para Washington es cumplimiento de orden judicial. Para Caracas y la mayoría del Consejo de Seguridad que rechazó la operación, es agresión. La captura dentro de una instalación militar venezolana desdibuja cualquier narrativa de «entrega voluntaria».
¿Maduro se entregó o lo entregaron?
La evidencia apunta a entrega interna. Una llamada telefónica entre Trump y Maduro en noviembre fue «prácticamente un ultimátum» para que renunciara, según fuentes. Trump dio la orden del operativo poco antes de las 11pm hora Miami. La pregunta crítica: ¿Cómo llegó Delta Force al interior del Fuerte Tiuna sin resistencia masiva? La captura limpia sugiere colaboración de sectores militares venezolanos. Padrino López sigue en su cargo. Diosdado Cabello participó de la primera reunión de gabinete con Delcy
¿Qué motivó a Trump?
Victoria externa rápida, Trump prometió en campaña «solucionar Venezuela en 100 días». Necesita demostrar capacidad de acción unilateral que contraste con multilateralismo de Biden.
Venezuela es laboratorio de doctrina «America First 2.0»: acción militar sin aliados, resultados inmediatos, capitalización mediática.
Domesticamente, distrae de inflación persistente cerca del 4% y deuda pública en USD 36 billones.
Geopolíticamente, expulsa influencia rusa y china de la cuenca del Caribe.
Trump ya advirtió que Delcy Rodríguez pagará «precio muy alto» si no coopera, y que EEUU gobernaría Venezuela hasta «transición segura»
¿Hay pacto Rusia-EEUU?
No explícito, pero sí tolerancia táctica. Rusia condenó retóricamente pero no activó defensa antiaérea S-300 desplegada en Venezuela ni movió activos militares. Moscú prioriza Ucrania y Medio Oriente, no puede sostener frente en el Caribe. El silencio operativo ruso sugiere entendimiento implícito: Washington no toca intereses energéticos ruros directos y Moscú no escala militarmente. Rosneft mantiene operaciones petroleras. Es coexistencia pragmática, no alianza.
¿China queda fuera?
No completamente. Beijing pidió a EEUU liberar «inmediatamente» a Maduro y condenó el «flagrante uso de la fuerza». Pero no activó mecanismos de defensa económica ni militar. China tiene USD 60.000 millones invertidos en Venezuela pero prioriza relación con EEUU en contexto de guerra comercial y tensiones por Taiwán. La condena diplomática sin acción concreta muestra que sacrifica el peón venezolano para no escalar con Washington. Probable renegociación futura de activos con gobierno post-Maduro.
¿Delcy Rodríguez maneja la economía?
Ella es arquitecta de esquemas de evasión de sanciones vía criptomonedas y triangulación con Turquía e Irán.
Ahora maneja todo. Como presidenta interina controla PDVSA, acceso a divisas y relaciones con acreedores internacionales. Su supervivencia política depende de cómo negocie con Washington. Trump la amenazó públicamente. Delcy sabe que sin Maduro, su margen de maniobra es estrecho. La primera reunión de gabinete con Padrino López y Cabello define si hay transición negociada o resistencia.
¿Trump acelera por problemas domésticos o por el sueño del tercer mandato?
Es una combinación letal de necesidad y ambición. Ante una inflación persistente del 4% y una deuda pública de USD 36 billones, Trump utiliza a Venezuela como su «gran victoria mediática» para cohesionar a su base de cara a las elecciones de medio término (midterms) de noviembre de 2026.
Sin embargo, el objetivo de fondo es el «Proyecto 2028». Al consolidarse como el «héroe que liberó el hemisferio», Trump busca acumular un capital político sin precedentes para desafiar la Enmienda 22 de la Constitución, que prohíbe un tercer mandato. Su círculo íntimo ya empieza a instalar la narrativa de que, en un contexto de «emergencia hemisférica» y éxito militar, el país no puede permitirse un cambio de liderazgo en 2028. Venezuela es el laboratorio para probar si su base exigirá una reforma constitucional o una interpretación judicial que le permita permanecer en el poder más allá de enero de 2029.
📉 Lo que viene
El foco se traslada ahora al Distrito Sur de Nueva York, donde el juicio a Maduro promete ser la «Caja de Pandora» del Siglo XXI.
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El colapso de los aliados: La caída de Maduro es un golpe mortal para Cuba y Nicaragua. Sin el subsidio petrolero venezolano, se espera que el régimen de La Habana enfrente apagones totales y una crisis de suministros que podría forzar una transición. Trump ya ha advertido que el fin del chavismo es solo el primer paso para expulsar la influencia de la «Troika de la tiranía» del Caribe.
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Secretos en el banquillo: El juicio en Manhattan no se limitará a Maduro. Con testigos de alto nivel como Hugo «El Pollo» Carvajal (exjefe de inteligencia) y antiguos tesoreros, saldrán a la luz las rutas del Cártel de los Soles, nombres de bancos internacionales que lavaron dinero del régimen y, lo más explosivo, los vínculos de financiamiento con movimientos políticos en toda América Latina y grupos como Hezbollah.
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El «Reality Show» de la Justicia: Para Washington, el proceso será un evento mediático constante durante los próximos dos años. Cada revelación sobre corrupción y narcoterrorismo será capitalizada por Trump para reforzar su imagen de «Ley y Orden» a nivel global, dejando a sus opositores internos con muy poco margen de maniobra para criticar sus métodos.
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