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OPINIÓN

El intangible más valioso

volanta

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Sin dudas el PRESTIGIO es el intangible más valioso de los países en la comunidad internacional, y la mayor contribución que estos hacen al sistema internacional. La comunidad internacional no es una entelequia; por el contrario está construida sobre la legalidad y la legitimidad de los que la componen.

A esa amplia base de sustentación global, el de la legalidad y la legitimidad, se suman un buen número de tangibles e intangibles que no constituyen insumos de ocasión que pueden ser adquiridos solo por un buen marketing. De ellos, los tangibles pueden ser construidos, lo que no necesariamente adiciona una percepción positiva de los intangibles que se pueda intentar exhibir.

Los intangibles no pueden fingirse, y muchos de ellos encuentran en la legalidad y la legitimidad, su fundamento.

Existen países que no tienen tangibles, y tampoco intangibles. Algunos de ellos carecen de supuestos básicos que les permitan formar parte plena de la arena internacional de manera plena, aun siendo estados debidamente reconocidos.

En la cúspide de la valoración positiva se encuentra el prestigio. Este se relaciona con diferentes variables, y que no necesariamente están referidos al poder duro, la extensión del territorio o el número de sus habitantes.

Gigantes económicos y portentos territoriales no por ello son necesariamente prestigiosos. En algunos casos no lo son para nada.

Y países que llegaron a alcanzar algún grado de consideración, pueden haberla perdido por causas que le acarrearon deméritos evidentes.
Los países nórdicos son paradigma de prestigio internacional. Otros lo tienen en menor medida, ciertamente.

Argentina ha perdido parte importante de su prestigio pasado, y debe recuperarse. Esto es en
buena medida un desafío para la dirigencia política. No es posible ser prestigioso conviviendo con importantes disfunciones en el sistema que, por ejemplo, posibiliten elevados grados de discrecionalidad y corrupción. A su vez la discrecionalidad política y la corrupción atenta contra la credibilidad, la cultura, la apertura de mercados, la competitividad.

Diferentes mediciones de organizaciones internacionales, dan cuenta de ello.
Situaciones tales como incumplimiento de fallos de la justicia, nacional o internacional, la falta de satisfacción y cumplimiento de los contratos, las restricciones a las importaciones o exportaciones o al comercio con transparencia, opacidad en determinadas conductas públicas de los funcionarios, dificultades para el acceso al servicio de justicia o limitaciones para lograr juicios justos, están en el centro de los problemas que acarrean merma de prestigio para un país.

Corregir errores o erradicar motivos de demérito constituye sin dudas un desafío mayor a toda sociedad y su dirigencia.

El prestigio nacional, en tanto intangible, ni se compra ni se vende. No está disponible en el aparador de un mercado, pero sin dudas es tan real que influye decisivamente en la percepción de los propios valores por parte de terceros estados, beneficiando a quien lo posee con otro valor incalculable; la confianza.

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