OPINIÓN
«El modelo sindical argentino a la luz de las últimas observaciones de la OIT»,por Oscar Cuartango
volanta
En los últimos tiempos el modelo sindical argentino ha sido constantemente cuestionado, esencialmente por la hoy escindida CTA y demás interlocutores, quienes han aprovechado para ello las observaciones efectuadas por la OIT y los recientes pronunciamientos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación atinente a la temática.
No se puede desconocer que la Libertad Sindical dejó hace mucho tiempo de ser un principio troncal de la propia OIT para ser un derecho humano fundamental, hoy incorporado en distintos pactos y tratados internacionales suscriptos por la Argentina.
También es verdad que nuestro modelo sindical es el fruto de una elaboración jurídica por un lado y el devenir histórico-político del movimiento sindical. La unidad promocionada, no es ni más ni menos que la condensación legal de lo que los propios trabajadores optaron en cierto momento histórico como la mejor forma de defender sus intereses.
Lo cierto es que cabe analizar el eje de los cuestionamientos de la OIT para entonces desmitificar las constantes críticas al modelo. Reitero, que la esencia, es decir promover al sindicato mas representativo no está en discusión en la propia OIT, de hecho ello es considerable como razonable por el organismo.
Los ejes de las críticas giran esencialmente sobre los siguientes puntos:
■ Los requisitos impuestos para ser considerada como la organización sindical más representativa y poder disputar entonces la personería gremial. Hoy la reglamentación lo estipula en una mayoría de afiliados cotizantes del 10%.
■ La preferencia del sistema a los sindicatos denominados verticales (de actividad) por sobre los de profesión o empresa.
■ La facultad exclusiva de aquellos sindicatos con personería gremial de poder retener ‘en nómina’ del empleador la cuota sindical.
■ El ámbito de cobertura de la denominada tutela sindical a aquellos representantes gremiales pertenecientes a organizaciones con personería gremial, extremo este quizás de los más cuestionados y por sobre todo por recientes fallos de la CSJN y la SCBA en el ámbito local. Es en éste último punto donde la OIT y las interpretaciones judiciales ponen énfasis en lograr un pie de igualdad en aquellos sujetos que integran organizaciones sindicales independientemente del estatus jurídico que están detentes. Este es quizás uno de los elementos más críticos y que necesitan un arduo debate, pero que no puede dejar de desconocerse que necesita ser actualizado a los mínimos internacionales en la materia.
El modelo es perfectible y actualizable, pero sin perder de vista que el actual sistema de unidad promocionada fue el que los actores sociales adoptaron como el más válido para la defensa de sus intereses. El modelo no es anacrónico como muchos pretenden, ni está petrificado. Las constantes luchas y pujas sindicales demuestran el constante dinamismo lo que demuestra que el modelo como tal funciona en la realidad. Hay que ser extremadamente prudente a la hora de criticar el mismo. Muchos de los interlocutores de la crítica plantean un modelo liberado de formas que llevará a la fragmentación y pulverización del movimiento obrero, realidad que nos lleva a aquella conocida frase del Martín Fierro, ‘si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera’. El proceso hoy existente de acumulación desmedida de capitales y grupos económicos necesitan de un sindicalismo fuerte, unido y cohesionado por su propia voluntad.
Es aquí donde concluyo con una necesidad esencial. En lugar de criticar el modelo y permitir su fragmentación, hay que ahondar y perseguir la democracia interna de las organizaciones existentes, la transparencia, periodicidad de mandatos y representaciones de las minorías.
Las dirigencias sindicales deben tener verdadera legitimación de origen, desde sus bases, evitando con ello los reiterados conflictos hoy existentes (denominados intra-sindicales) entre las cúpulas y los delegados de empresa. Esos son síntomas de una enfermedad –la falta de democracia– que debe curarse antes de amputar de lleno el modelo hoy existente como pretenden los críticos al modelo.
Por último, ningún cambio será válido sin el previo debate y compromiso de los actores colectivos del mundo del trabajo. No se pueden aplicar mágicamente recetas dadas por la OIT que en gran medida desconoce nuestra realidad histórica y política. Cualquier reforma deberá acompañar la realidad que pretende regular y esencialmente, servir para la defensa de los intereses de la clase trabajadora e indirectamente de la sociedad toda.
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