ECONOMÍA
La devaluación en las góndolas: el pan y la carne, alimentos de lujo
volanta
Un informe de la BBC de Londres visibilizó en estos días lo que muchas veces nos preguntamos desde estas páginas, una tragedia que debería avergonzarnos y que, sin embargo, permanece ausente en la mayoría de los medios argentinos.
¿Por qué hay hambre en Argentina si se produce comida para 440 millones de personas? ¿Por qué el tercer productor mundial de miel, soja, ajo y limones; el cuarto de pera, maíz y carne; el quinto de manzanas; el séptimo de trigo y aceites; el octavo de maní no alimenta como corresponde a sus 44 millones de compatriotas? ¿Por qué en la nación que hace tiempo se jactaba de ser el granero del mundo hoy hay más de 13 millones de pobres y entre uno y tres millones que sufren hambre?
La paradoja que asombra al mundo, se explica, agrega el informe londinense, por la frágil economía de un país azotado por años de políticas erráticas como las que hoy aplica la administración Macri y que resultan en traumáticas espirales de inflación, devaluación y recesión.
Podríamos abundar en detalles que ya hemos explicado, pero las góndolas, espejos de esa realidad, cuentan la crisis como nadie. Son momentos estos en los que muchos de los alimentos exhibidos en el supermercado se vuelven, para tantos, imposibles: imprescindibles de la mesa de los argentinos como la carne y el pan, resultan, de pronto, privilegio para unos pocos. Cada vez más pocos.
El kilo de milanesas, desde $200
Tras la última devaluación, los principales cortes de carne comienzan a registrar aumentos en torno al 10%. De esta manera, los cortes populares de milanesa (cuadrada, nalga o bola de lomo) parten de los $200 en adelante; el kilo de asado, vacío o paleta pasará a tener valores de referencia de entre $170 y $175; mientras que el de bife angosto arranca en los $180.
Aunque no se descartan mayores subas. Pues, el alza del dólar tracciona sobre otros precios, como el costo del traslado que aumenta en función del incremento de los combustibles y los peajes; o el valor del maíz que alimenta la hacienda. También, están los tarifazos en luz y gas que enfrentan los frigoríficos. El límite, aclaran en el sector, lo pondrá la recesión: si la caída en el poder adquisitivo continúa estancando las ventas, a los carniceros no les quedará otra que asumir mayores costos.
La harina, un 111% más cara
También, el golpe en el bolsillo se volverá a sentir al ir a la panadería. El precio del pan ya registra subas de más del 15%, por lo que el kilo podría llegar a los $90. Esto se explica porque la bolsa de 50 kilos de harina que la semana pasada estaba en $600, hoy se vende entre $900 y más de $1.000. Sufre el cliente y sufre el panadero: “Esto es una locura. Las panaderías se funden y cierran. Es algo que no pasó nunca, ni siquiera en plena crisis del 2002”, aseguraron desde la Cámara de Industriales panaderos.
En el supermercado, también la bolsa de un kilo de harina 000 se disparó en más de un 111% durante el primer semestre, antes de la nueva devaluación, según el último registro del Indec.
Gemas inalcanzables
La carne y el pan no son los únicos productos que aumentarán. Los supermercados y mayoristas advirtieron que comenzaron a recibir listas de precios con ajustes al alza del 15% en promedio, y que el mayor salto se dará en octubre.
Los comerciantes dan por descontado que esto presionará sobre una inflación que en el primer semestre del año, antes de la última megadevaluación, disparó la docena de huevos a los $52 (casi un 55% más que el año pasado); los fideos por 500 gramos se incrementaron en casi un 38% y un paquete oscila en torno a los $30; el litro y medio de aceite de girasol trepó en el mismo lapso en más del 37% y se vende a más de $76; el litro de leche subió cerca de un 10% y no se consigue por menos de $25.
Es apenas una ligera lista de productos básicos en una canasta alimentaria que se encarece mes a mes y en una coyuntura que arroja datos tan crudos como reveladores: por ejemplo, que tras la suba de la harina los argentinos hayan empezado a consumir más polenta, y menos pastas. Y que las segundas o terceras marcas sean ahora la primera opción.
Según relevó la Consultora Focus Market, desde el año pasado a la actualidad se dispararon las ventas de polenta en un 20,34% contra las de arroz. También, el consumo de pastas frescas bajó -4,40%. Pues, mientras que la polenta subió un 28,69%, el arroz aumentó un 33,39%; las pastas secas cerca del 52% y las frescas un 34,60%.
Para cada vez más argentinos muchos alimentos se vuelven, en efecto, piezas de museo tras una vitrina, gemas preciosas exhibidas en góndolas que se miran pero no se llevan. Inalcanzables.
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