POLÍTICA
«Apuntes sobre la militancia», por Gabriel Fernández
volanta
Hoy es un buen día para plantear comprensivamente el rechazo al macartismo de cuño local.
La táctica que borró la vida política norteamericana es esta: Cuando alguien propone o realiza una acción que beneficia a los intereses populares, surge una voz –periodista, dirigente, vecino, lo que sea- que indaga “¿No será usted comunista?”. A partir de ahí, el apasionado por mejorar la vida de su gente deja de proponer y realizar, y dedica su energía a demostrar que no es comunista, que en verdad es alguien que se preocupa por los demás.
Así se anula la vida política y se abre el camino –los Estados Unidos son ejemplo transparente- al gobierno de los monopolios y las grandes corporaciones. A ellos no se les pregunta por qué hacen lo que hacen; medios, referencias y ciudadanos parten de admitir que absorber recursos de la sociedad es legítimo. Mucho más legítimo que hacer política.
En la Argentina ese formato está a la orden del día desde hace una década con intensidad sobreactuada. Rara vez se habla de “comunista” aunque cada tanto, también. Aquí el macartismo se orienta a la detección de “militantes”, “kirchneristas”, “populistas”, “peronistas” y variantes cercanas.
Grandes marchas populares son devaluadas en las coberturas y apuntadas como “acto de militantes K”. Iniciativas beneficiosas para la población en general son vetadas como “populistas” y reciben el aditamento “autoritarias”. Análisis de fondo y trabajos historiográficos finos resultan menoscabados como “relato militante” o “versión peronista”.
Los Miserables hasta idearon una frase que les calza sólo a ellos, pero la proyectaron sobre nuestros pibes: “nadie es kirchnerista gratis”. Ese fue un gran golpe al espíritu militante que venía creciendo en las nuevas generaciones. Circuló mucho en 2015 y contribuyó al asalto del Estado por esa operatoria de negocios ilícitos llamada Cambiemos.
La militancia en la Argentina es una parte vasta de lo mejor que ha elaborado nuestro pueblo.
Durante tantos años, hombres y mujeres surgidos del subsuelo de la Patria han generado actos épicos, soluciones inteligentes, luchas apasionadas, reconstrucciones sobre ruinas. Y han padecido persecuciones desatadas por los poderosos y concretadas por sus alcahuetes.
Esas persecuciones han sido acompañadas, claro, por compatriotas zonzos que odian a los militantes porque su existencia les recuerda que nunca se jugaron por nada. Los necesitan deshonestos, para encubrir su triste indiferencia.
El macartismo en la Argentina es la utilización peyorativa del concepto “militante” –con sus variantes- para referirse a lo más valioso de esta tierra. Así que en este día, no está mal reflexionar al respecto, mientras se alzan las banderas de la Causa Nacional.
Si la política queda en manos de quienes se enriquecen arrebatando los bienes sociales y de quienes entregan la riqueza local a intereses externos, el país no tiene destino.
Este militante peronista señala, hoy como ayer:
Sí, militante. ¿Y qué?
Por Gabriel Fernández
Director La Señal Medios

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