INTERNACIONALES
Francia impuso toques de queda parciales tras un fin de semana de saqueos masivos y casi 2.400 detenidos
El gobierno de Emmanuel Macron ordenó medidas nocturnas en varias ciudades después de un fin de semana de disturbios con casi 2.400 detenidos, unos 1.000 policías heridos y 1.500 comercios saqueados.

El primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu, pidió este lunes a los prefectos del país decretar toques de queda parciales en distintas ciudades tras un fin de semana de disturbios que dejó casi 2.400 detenidos y cerca de 1.000 policías y gendarmes heridos. “Pedí a los prefectos decretar varios toques de queda esta noche, toques de queda parciales”, anunció el funcionario tras una reunión de crisis en el Ministerio del Interior, sin precisar inicialmente todas las localidades alcanzadas. Su gabinete de crisis quedó enfocado en tres frentes: asistencia económica para los comerciantes afectados, cobertura de los seguros y seguimiento judicial de los saqueadores.
Algunas medidas locales ya se conocieron: en Denain, en el norte del país, la alcaldesa socialista impuso un toque de queda de 21 a 6 para menores y adultos, vigente hasta el domingo 25 de octubre. En Pointe-à-Pitre y Les Abymes, en Guadalupe, el prefecto regional dispuso restricciones nocturnas solo para menores, y en Marsella la prefectura prohibió las manifestaciones y concentraciones entre las 12 y las 20 del lunes. Según cifras oficiales, la ciudad portuaria tuvo 107 agentes heridos durante el fin de semana, tres de gravedad.
Toques de queda parciales, después de un sábado de saqueos e incendios
Las marchas del sábado 17 de octubre, que reunieron unas 550.000 personas según el Gobierno y 800.000 según la central sindical CGT, derivaron en saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía en al menos diez ciudades. Unos 1.500 comercios fueron saqueados, entre ellos locales de Louis Vuitton en Burdeos; en Limoges, un incendio destruyó parcialmente la torre del reloj y el techo del ayuntamiento, del siglo XIX, y en Marsella vándalos encapuchados derribaron un busto de Marianne en la municipalidad. En Saint-Étienne, un joven de 17 años perdió la mano derecha por el estallido de una granada policial.
El presidente Emmanuel Macron habló por televisión el domingo y admitió fallas en el operativo de seguridad: “Esta noche todos sentimos ira y vergüenza”, dijo, y advirtió que “quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes buscaron derribar la República rendirán cuentas”. El mandatario rechazó la renuncia del ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien había reconocido que la policía “perdió el control” de las manifestaciones, y descartó declarar el estado de emergencia.
Las protestas habían arrancado semanas atrás como un reclamo estudiantil por las condiciones en los liceos y se fueron ampliando a los reclamos por el encarecimiento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos, hasta que grupos encapuchados se infiltraron en las marchas pacíficas. En el plano político, la líder de la derecha Marine Le Pen culpó a una “administración macronista agotada y desorientada”, mientras que el izquierdista Jean-Luc Mélenchon negó responsabilidad y apuntó contra la policía por el desorden, en momentos en que el propio Gobierno acusa a su espacio de “explotar” las protestas. Ya este lunes, manifestantes bloquearon el acceso al Museo del Louvre en París en apoyo al reclamo estudiantil, y una coalición de sindicatos junto con el movimiento de los chalecos amarillos convocó a una nueva movilización para el 5 de noviembre.

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