CULTURA
¿Y SI EL DESARROLLO SALVARA FAMILIAS?
Apicultura, paltas y desarrollo rural: cómo Salta puede generar trabajo sin romper familias.
Félix González Bonorino
Cuando visitas las comunidades o los barrios menos favorecidos de Salta te encontrás con una constante; los jóvenes se van a buscar nuevas oportunidades en otras latitudes.
Por ejemplo, Ikira. Ikira es una comunidad chané al Oeste de Aguaray, al norte de la provincia de Salta.
Es una pequeña población que tal vez no llegue a los 200 habitantes. Pero lo notable es que casi no hay jóvenes varones. Ellos conforman sus familias, tienen hijos y parten a trabajar. La mayoría se había ido a la Patagonia, al petróleo.
Entonces tenés una hilera de 12 casas construidas por el Instituto Provincial de la Vivienda, donde todas son madres, que se ocupan de sus hijos y esperan las remesas de sus esposos que viven alejados de sus familias.
Podemos imaginar los conflictos que surgen de esa situación.
Lo mismo sucede en otros barrios de Salta Capital o Tartagal, etc.
Pero esto no tiene por qué ser una constante. Obedece más bien a la falta de programación económica, la inconsistencia en la articulación de proyectos posibles.
Por ejemplo, retomando las actividades rurales, la apicultura no está desarrollada en la provincia de Salta, sin embargo aquí nomás, en el Chaco la información nos dice que tienen 10 veces más colmenas que salta. (83.000 vs 8.300 colmenas)
Pero claro, esto no se desarrolla sola. Estamos hablado de 4 veces más apicultores en la zona. ¿Tenemos posibilidad de promover esta actividad?
Y la fruticultura alrededor de las paltas. Pasando la frontera, en Bolivia se están produciendo paltas de alta calidad que buscan nuevos mercados. Más al norte, Perú es el segundo exportador mundial de palta Hass. Cuenta con 28.000 productores, (97% son productores con menos de 5 has) exportan 690.000 toneladas por 1.300 millones de dólares. La superficie total es de una 80.000 has.
Entonces en la zona rural, solo con estas dos actividades podemos pensar en dar trabajo 30.000 familias propietarias y varios miles más de ayudantes.
Ikira es solo un caso más, un caso que tiene tierras donde ya crecen paltas que no son comerciales en este momento y monte donde desarrollar la apicultura.
Esto nos da una sola idea, es posible. Manos a la obra.
¿Qué es lo que nos pasa?
Podríamos sostener que el problema son los cambios de políticas permanentes, pero incluso cuando las políticas se sostienen largo tiempo, no logramos destrabar estos nichos.
¿Podemos pensar en integrar estas dos actividades? Por supuesto. Son complementarias.
Solamente en la zona boscosa, hay cerca de 7 millones de has. Es decir que lo necesario para exportar en serio es una mínima parte. Hay tierras aptas.
Pero claro, necesitamos inversión en cuatro ejes fundamentales:
Organización: para incorporar conocimiento, escala comercial, capacidades tecnológicas y seguridad asistencial común.
Formación: porque nadie nació sabiendo y las técnicas y buenos usos tienen que transmitirse formalmente.
Inversión: no estamos hablando de cifras gigantescas, solo hay que entender la importancia del mediano y largo plazo en materia agrícola ganadero, además del soporte cuando las cosas anden mal y haya que recuperarse y
Acompañamiento: pieza fundamental de todo el sistema es el monitor entusiasta. Sin él todo fracasa, porque los problemas surgirán y allí el soporte externo, económico, técnico y emocional se hace fundamental.
Hace al menos 10 años que en la provincia de Salta los programas de desarrollo rural se han desfinanciado, y así se hace muy difícil.
Otras provincias han tenido políticas sencillas pero constantes y tienen los logros correspondientes. En Mendoza el Instituto de Desarrollo Rural se ocupa de estos aspectos o en Córdoba, donde la función se distribuye entre varios organismos, siendo el Ministerio de Bioagroindustria la cabecera y la Subsecretaría de Agricultura familiar la que vela por el desarrollo a pequeña escala.
Tenemos que crear esta organización productiva concreta, autárquica y con presupuesto propio, que observe a la familia salteña con su potencial real de desarrollo y construir propuestas concretas.
Las familias de Ikira no quieren desarmarse, quieren amarse y la desidia política las somete al dolor.
(*) Autor
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