Connect with us

ECONOMÍA

LA FUERZA ES EL DERECHO DE LAS BESTIAS…

Published

on

(*) Autor

La Máscara de la Barbarie: Imperios, Violación Sistémica del Derecho Internacional y la Persecución Brutal como Teatro de la Decadencia

La historia de los imperios en declive está escrita no solo en sus bancarrotas, sino en la sangre de las naciones que saquean y en los gritos silenciados de los «enemigos» que fabrican. Existe un punto de inflexión macabro en la trayectoria de toda hegemonía moribunda: la transgresión flagrante y sistemática de las leyes y acuerdos internacionales deja de ser una excepción clandestina para convertirse en una política de Estado abierta, casi exhibicionista. Este es el síntoma terminal de un poder que, al sentir erosionarse sus fundamentos económicos y morales, recurre a la barbarie como herramienta de distracción, reafirmación y castigo ejemplarizante. Hoy, en la era de las redes sociales, este teatro de la atrocidad adquiere una dimensión nueva y contradictoria: se multiplica el escrutinio, pero también se perfecciona la maquinaria de desinformación para convertir la evidencia del crimen en un espectáculo que oculte la decadencia.

El Guion Clásico: Romper las Reglas para Demostrar que No Hay Reglas

Los imperios se construyen, en parte, sobre un orden legal que ellos mismos diseñan y del que son garantes. Su caída comienza cuando empiezan a ver ese mismo orden como una cadena.

· España: El Requerimiento de 1513 fue una grotesca farsa legal que justificaba, ex ante, la conquista y el saqueo de América. Si los pueblos indígenas se negaban a someterse a la Corona y al Papa, la guerra y la esclavitud eran «legales». Fue la creación de un marco ad hoc para convertir el saqueo en un derecho. La brutalidad contra los «enemigos» (desde líderes indígenas como Túpac Amaru hasta poblaciones enteras) no era un efecto colateral, sino el mecanismo central de extracción de riqueza y terror disuasorio. La Inquisición fue la institución dedicada a «cazar» al enemigo interno (herejes, judíos, disidentes), usando su exterminio público (autos de fe) como un espectáculo para reforzar el poder real en tiempos de crisis económica.

· Gran Bretaña: El imperio se basó en el «libre comercio» impuesto por los cañones de la Royal Navy. El saqueo institucionalizado de India a través de la Compañía de las Indias Orientales, que desangró la economía local provocando hambrunas masivas, era un crimen contra la humanidad disfrazado de empresa comercial. Las leyes (como las Actas de Navegación) existían para estrangular a los rivales. Cuando las colonias o naciones soberanas se resistían, la respuesta era una violencia ejemplarizante (masacres como la de Amritsar) destinada a borrar cualquier ilusión de autodeterminación. La «caza» del enemigo tomó forma de represión de movimientos independentistas, presentados como bárbaros e ingratos ante la opinión pública metropolitana.

· Unión Soviética: El colapso de la URSS fue precedido por su violación más flagrante de sus propios principios y del derecho internacional: la invasión de Afganistán (1979). Fue una guerra de agresión pura, un intento desesperado de proyectar fuerza mientras la economía se estancaba. Internamente, la «caza del enemigo del pueblo» fue una constante, pero en su fase terminal, la persecución de movimientos nacionalistas en las repúblicas bálticas o del Cáucaso se volvió más violenta y visible, un intento de aferrarse al territorio por el terror cuando la ideología ya no convencía a nadie.

El Caso Actual: Estados Unidos y la Era de la Atrocidad Espectacularizada

Estados Unidos, en la Etapa 5 del patrón, exhibe este comportamiento con características propias de la hipermodernidad.

1. La Arquitectura de la Impunidad y el Saqueo Moderno:

* Guerras de Agresión: La invasión de Irak en 2003, basada en la fabricación de pruebas sobre armas de destrucción masiva, es el arquetipo de la transgresión imperial moderna. Violó la Carta de la ONU y el derecho internacional consuetudinario. No fue un error, sino una demostración de fuerza: las reglas no nos aplican. Guantánamo simboliza la creación de un espacio legal extraterritorial donde la tortura (eufemísticamente «técnicas de interrogatorio mejoradas») se practica contra los «enemigos» designados, anulando la Convención de Ginebra.

* Saqueo Sistémico: El saqueo ya no es solo de oro, sino de recursos estratégicos (petróleo, minerales) y de datos. Las sanciones económicas unilaterales (como el bloqueo a Cuba o Venezuela) son un instrumento de guerra económica que viola la soberanía y el derecho al desarrollo, causando escasez y sufrimiento en poblaciones civiles para forzar cambios de régimen. El asesinato de generales extranjeros en terceros países (como el de Qasem Soleimani en Irak) es un acto de fuerza bruta que dice: «Nos arrogamos el derecho de ejecutar sin juicio a quien designemos como amenaza, donde sea».

2. La Caza del Enemigo y la Brutalidad como Mensaje:

* Persecución Transnacional: La cacería ya no es solo local. Se ejerce a través de la extraterritorialidad de leyes como la FCPA (Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero) o la invocación de la «jurisdicción universal» solo cuando conviene. Figuras como Julian Assange son perseguidas globalmente por el «pecado» de exponer los crímenes de guerra del imperio. Su encierro y tortura psicológica son un mensaje claro para cualquier futuro denunciante.

* Brutalidad Doméstica como Proyección de Poder: La militarización de la policía, las tasas desproporcionadas de encarcelamiento de minorías, y la violencia en la frontera (separación de familias, condiciones inhumanas) no son anomalías. Son la manifestación interna de la misma lógica imperial: el poder se ejerce, en última instancia, mediante la coerción física sobre los cuerpos de aquellos que son designados como «amenaza» (inmigrantes, comunidades racializadas, disidentes). La brutalidad hacia ellos es un ensayo y una demostración de fuerza para la población en general.

3. Las Redes Sociales: El Nuevo Campo de Batalla para Tapar la Decadencia

Aquí es donde el patrón adquiere una dinámica nueva y crítica. Las redes sociales, en teoría, deberían hacer imposible ocultar las atrocidades. Sin embargo, el imperio en decadencia las ha cooptado como herramienta para un doble juego perverso:

· El Espectáculo de la Fuerza: Los ataques con drones, las incursiones militares y las sanciones se anuncian y se tuitean. Se crea una narrativa en tiempo real de «precisión» y «justicia». El asesinato de Soleimani fue casi un evento en directo. Esto sirve para alimentar una base doméstica con la ilusión de un poder omnipotente y decisivo, tapando la realidad de guerras perdidas y quiebras económicas. Es la versión del siglo XXI de los autos de fe o de las ejecuciones públicas: un teatro de crueldad para reforzar la autoridad.

· La Niebla de la Desinformación: Cuando las atrocidades son expuestas (fotos de Abu Ghraib, videos de matanzas de civiles por drones), la maquinaria se activa para crear niebla. A través de cuentas bots, «granjas de trolls», influencers pagados y algoritmos que privilegian el conflicto, se siembra la duda («¿serán reales las imágenes?»), se cambia el tema («pero miren lo que hace el otro bando») y se criminaliza al mensajero («son noticias falsas enemigas»). La verdad se atomiza en mil relatos, y la barbarie se convierte en un debate más, perdiendo su fuerza moral condenatoria.

· La Fabricación del Consenso del Odio: Los imperios en declive necesitan un enemigo unificador. Las redes permiten micro-dirigir la ira de la población hacia chivos expiatorios designados: inmigrantes, activistas climáticos, periodistas críticos, países rivales. La brutalidad contra ellos no solo se justifica, sino que se celebra en foros online, creando una espiral de deshumanización que hace políticamente viable una represión cada vez más abierta. La decadencia interna (infraestructura colapsada, salarios estancados, crisis de opioides) se atribuye a estos «enemigos», desplazando la culpa de las élites gobernantes.

La Barbarie como Último Acto

La violación descarada del derecho internacional y la persecución brutal de enemigos designados no son, por tanto, meros excesos de un poder robusto. Son los estertores de un poder que se desmorona. Son la prueba de que ha agotado su capacidad de liderar mediante la legitimidad, la prosperidad compartida o el ejemplo moral. Solo le queda la fuerza bruta y el espectáculo del terror.

En la era de las redes, este proceso es a la vez más visible y más susceptible de ser manipulado. El imperio ya no puede esconder fácilmente sus crímenes, pero ha aprendido a inundar el espacio digital con tanto ruido y narrativas alternativas que la condena se fragmenta y diluye. Usa la visibilidad en su contra, transformando cada atrocidad en un spoiler de una guerra de narrativas donde, finalmente, gana el que tiene más poder para amplificar su mentira.

El patrón histórico, sin embargo, es claro: cuando un imperio recurre de manera sistémica y teatralizada a la barbarie como herramienta de gobierno, está anunciando al mundo que ha entrado en su fase terminal. Está intercambiando el largo plazo de la hegemonía consensuada por el corto plazo del control mediante el miedo. Y la historia muestra que, una vez empezado este camino, el colapso final no es una cuestión de «si», sino de «cuándo».

La máscara de la civilización se cae, y solo queda el rostro de la decadencia violenta, retransmitida en directo para quien quiera ver.

(*) Fernando Silvestre

 

 

Advertisement

DÓLAR HOY

Dólar Blue
Cargando...
Compra: -
Oficial
Cargando...
Compra: -
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias