INTERÉS
Llamativo: tres condenados por el Triple Crimen se fugaron de un penal de máxima seguridad
volanta
Los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci redujeron a tres guardias y huyeron en el auto de uno ellos. Afuera de la cárcel de General Alvear los esperaba una camioneta. La gobernadora María Eugenia Vidal removió a la cúpula del Servicio Penitenciario provincial y el Ministerio de Seguridad ofreció una recompensa de 2 millones de pesos.
La fuga es escandalosa por donde se la mire. Primero, por el tenor de los presos que se escaparon. Segundo, porque ocurrió en una prisión de máxima seguridad. Y tercero, por las implicancias políticas que podría tener. Los investigadores no tienen dudas: los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, condenados a perpetua por el triple crimen de General Rodríguez, contaron con logística y connivencia de algún sector del Servicio Penitenciario Bonaerense. Por eso la primera medida que tomó la gobernadora María Eugenia Vidal fue remover a toda la cúpula del SPB y al jefe de la Unidad Penal de General Alvear, y el Ministerio de Seguridad provincial ofreció una recompensa de 2 millones de pesos para quien brinde datos concretos sobre el paradero de los evadidos.
El hecho sucedió ayer a la madrugada en esa cárcel ubicada en medio del campo, a unos 260 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires. El penal, que fue inaugurado en abril de 2000, tiene una población que supera los 1700 presos y la seguridad está a cargo de 560 guardias.
Los tres condenados estaban alojados en el área de Sanidad y sin la custodia especial que solían tener. Allí los habían trasladado hace un tiempo desde el Sector 3 del Pabellón 10, conocido como «Autodisciplina», que compartían con policías corruptos y Marcelo «Popó» Brandán Juárez, líder del grupo de Los 12 Apóstoles, que en marzo de 1996 protagonizó el sangriento motín de Sierra Chica. En Sanidad, donde antes estuvo alojado otro preso famoso, el uruguayo Luis Mario Vittete Sellanes –ideólogo del golpe al Banco Río de Acassuso, ocurrido en enero de 2006–, se encontraron con una vigilancia más laxa y el beneficio de no estar encerrados en celdas.
Según informaron fuentes policiales, todo comenzó a las 2:20 de la madrugada cuando los hermanos Lanatta sorprendieron al guardia que estaba a cargo de ese sector realizando la ronda de rutina. Lo amenazaron con un arma –después se supo que era una réplica– y lo redujeron. A la fuerza lo llevaron hasta la Conserjería, donde inmovilizaron a un segundo agente, a quien dejaron encerrado en un baño.
Con absoluta tranquilidad, se cambiaron la ropa que llevaban puesta por remeras oscuras y los pantalones que usan los penitenciarios. Luego, lograron que el guardia que tenían como rehén les entregara las llaves de su auto, un Fiat 128 Europa –patente UVH 333– a nombre de un ex agente del Ejército. Los Lanatta y Schillaci concretaron la primera parte del plan sin sobresaltos.
Siempre de acuerdo con la versión oficial, los tres presos se subieron al coche con el guardia como rehén y recorrieron unos 200 metros hasta la puerta de ingreso del penal. Allí, doblegaron a un tercer custodio al que le sacaron su arma reglamentaria. Al que tenían en el auto lo hicieron bajar y lo dejaron allí maniatado y amordazado, y escaparon de la cárcel en el Fiat con el nuevo rehén a las 2:40. Cinco minutos más tarde, una cámara de seguridad ubicada en el cruce de las avenidas Belgrano y 9 de Julio, en el vecino barrio de Villa Belgrano, captó a los hermanos Lanatta y a Schillaci bajando del auto. En la imagen también quedó registrada una camioneta negra que dobló a gran velocidad por la prolongación de 9 de Julio rumbo a la Ruta Nacional 205.
Esa camioneta, una Toyota Hilux, también fue hallada abandonada por la policía. Es decir, los evadidos contaron con un tercer vehículo para huir y con al menos dos cómplices.
Poco después, el guardia, de apellido Santos, logró desatarse, salió del auto y pidió ayuda a vecinos. Tras un llamado al 911, en cuestión de minutos una decena de patrulleros llegó al lugar. También se hicieron presentes el fiscal Cristian Citterio, a cargo de la UFI 20 descentralizada en General Alvear, y el juez de Garantías Nº 3 de Azul, Federico Barberena. En el Fiat, los peritos secuestraron una réplica de un arma.
Tras la decisión de Vidal de remover a la cúpula del SPB y del penal de General Alvear, el rol protagónico lo asumió el ministro de Seguridad bonaerense Cristian Ritondo, quien ayer al mediodía anunció «la máxima recompensa posible» para quienes puedan aportar datos chequeables o la ubicación de los prófugos, y además informó que todas las fuerzas de seguridad estaban detrás de los evadidos, en lo que calificó como una «cacería humana».
«Se escaparon justo los que no se tenían que escapar», sostuvo una fuente de la investigación que conoce las internas del SPB. «Esto no fue casual, estos tipos contaron con logística y ayuda para fugarse. No lo hicieron solos. Hipótesis hay muchas. Puede ser un vuelto por el proyecto de Vidal para que la Legislatura declare la emergencia penitenciaria, pero no descartamos otras posibilidades», agregó.
De los tres evadidos el más conocido es Martín Lanatta. En plena campaña electoral, fue protagonista de una denuncia que tuvo más repercusión mediática que judicial: acusó al ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández de estar detrás del triple crimen de General Rodríguez. Si bien la causa no avanzó, sí tuvo un impacto decisivo en la elección a gobernador bonaerense. «
Ya habían intentado escaparse
Los hermanos Cristian y Martín Lanatta ya habían protagonizado un intento de fuga cuando estaban alojados en la cárcel de Sierra Chica.
Ese intento fue descubierto el 20 de diciembre de 2013, cuando los guardias hicieron una inspección y observaron que los Lanatta, junto con Marcelo Schillaci –el único de los cuatro condenados en el triple crimen de General Rodríguez que no se fugó ayer– habían limado y desmontado una de las rejas del pabellón. Los presos habían tapado el trabajo con cal para no levantar sospechas y en la celda los guardias hallaron tres celulares. Algunos movimientos extraños en el exterior hicieron suponer a los investigadores que contaban con cómplices fuera del penal.
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