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ENTREVISTAS

“Gilda soñaba con ser popular, lástima que no vivió para verlo”

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Viajaba en el mismo micro en el que murió la bailantera. Fue uno de sus músicos y ahora se interpreta a sí mismo en la película que protagoniza Natalia Oreiro. “En la filmación se me hizo un nudo en la garganta”, confiesa.

¿Cuál sos vos, Edwin? “En la película estoy con gorrita y pelo largo, atrás de Natalia cuando ella canta, tocando el bongó. Igual que hace 20 años, estaba atrás de Gilda”.

Edwin Manrique, peruano y percusionista. Tenía 24 años y estaba recién llegado de su país natal cuando le ofrecieron formar parte de la banda de Gilda en 1993. Sobrevivió al accidente en el que la bailantera perdió la vida. Ahora hace de sí mismo en “No me arrepiento de este amor”, el film que protagoniza Natalia Oreiro y que se estrena el jueves. “No fue sencillo para Gilda que con más de 30 años se lanzaba al mundo de la bailanta con muy poco apoyo y siendo tan flaquita. Los empresarios se fijaban mucho en la imagen”, recuerda Edwin de ese momento, cuando las reinas de las bailantas eran Gladys la Bomba Tucumana o Lía Crucet y les sobraba carne y curvas.

-Sin embargo, vos te quedaste con Gilda, ¿por qué?
-A mí particularmente me gustaba mucho su voz, cuando me dieron el cassette para ensayar sus temas, su voz me encantó y apostaba al proyecto, era todo casero. Nuestro primer ensayo lo hicimos en la casa de la mamá de Gilda, en Devoto, y tocábamos bajito porque ahí también funcionaba un jardín de infantes (donde Gilda había trabajado) y además porque la cumbia no era muy popular, despertaba mucho prejuicio, especialmente en el barrio.

Edwin recuerda cómo fueron creciendo, de a poco. “Lo que muestra la película es real, el problema con el representante, las discográficas, las amenazas y cómo de a poco Gilda fue entrando en el gusto popular”. En 1995 cambiaron las cosas, la cantante llegó a un acuerdo con Leader Music, en enero de 1996 lanzó “Corazón valiente” y a los dos meses se convirtió en Disco de Oro. Hubo más reconocimiento y trabajo para todos. Giras por el interior y por Bolivia, estadios y boliches emblemáticos de la movida en Buenos Aires: Metrópolis, Fantástico, Terremoto… “Fue nuestro mejor momento. Nos reunieron a todos y nos dijeron: ‘el que quiere invertir, hagalo ahora con confianza, cómprense una propiedad, etc…’. Nos mostraron la agenda, estaba repleta hasta 1997. Yo me compré un auto”.

Y cuando sentían que estaban tocando el cielo con las manos y empezaban a disfrutarlo, llegó la tragedia. El micro que los llevaba de gira chocó contra un camión en la ruta en medio de una tormenta, a 10 km del puente de Zárate Brazo Largo: murieron 7 ocupantes del micro, entre ellos, Gilda, su hija, su madre y uno de los músicos.

Edwin narra los hechos cronológicamente como si el tiempo no hubiese pasado. Pero pasaron 20 años. Y algunos menos tuvieron que transcurrir hasta que él pudiera apagar la luz para dormir por las noches sin que lo invadieran las imágenes de la tragedia. También pasó mucho tiempo para que pudiera volver a subirse a un micro. Fueron meses y años tristes. Se recuperó rápidamente de las heridas físicas, de las emocionales tardó un poco más. “Es cierto eso que dicen que el tiempo cura las heridas, yo no hice ningún tratamiento y de a poco fui retomando mi vida. Me casé con mi novia de entonces, a quien había conocido por Gilda, ellas eran amigas, y tuve dos hijos que hoy tienen 18 y 9 años”.

-¿Cómo siguió tu vida laboral una vez que te recuperaste físicamente?
-Pasaron 8 meses, ahí se fueron los ahorros, en ese tiempo no pensaba en el trabajo. El golpe de las muertes había sido muy fuerte. Jamás me había imaginado que alguno de nosotros podía tener un accidente o morirse… éramos muy jóvenes. Después hicimos un disco póstumo con temas que Gilda había dejado grabados en forma casera. Y en 1997 armamos una banda que se llamó Los Gorilas. Viví un tiempo más de la música y luego trabajé de otras cosas. Ahora volví.

-¿Cómo te tomó la idea de hacer esta película?
-Muy bien. Al principio me convocaron para hacer la música del film y cuando fuimos a grabarla, surgió la idea de hacer de nosotros mismos. Y me encantó. Ahí estamos con Dany de la Cruz (trompetista), Marcelo Innamorato, y el hijo de Raúl Larosa (que murió en el accidente), Jordan, que en el film hace de su papá. Lo disfruté mucho.

-¿Cómo la ves a Natalia?
-Ella está muy linda y es muy buena. Se estudió a la perfección los gestos de Gilda, la veo muy parecida. Se me hizo un nudo en la garganta en la grabación… y después cuando la volví a ver en la película. Fue muy conmovedor.

-¿Cómo era Gilda?
-Una mujer frontal, de carácter, imaginate si no lo hubiera tenido, jamás hubiese llegado a donde llegó. Siempre luchó por su sueño: llegar a la gente con su música. Cuando se le complicó quiso cambiar de estilo, pensó en el reggae. También le gustaba mucho Gloria Stefan y los conciertos de Tina Turner le encantaban. Tenía mucho carisma y era muy amable con la gente.

-Y el mito de santa ya había arrancado en vida, ¿vos lo creés?
-Yo no creo en los santos pero sí en la energía. En el caso de ella, trascendió tanto el fanatismo que se convirtió en veneración. Ella se reía y le decía a la gente ‘yo no soy ni bruja, ni santa’. Pienso que en algo hay que creer, y la gente eligió creer en Gilda. Se hizo muy popular, justo lo que ella quería. Una vez le preguntó a Toti Giménez (que fue su pareja y manager): “¿Cuándo seré popular?”. “Cuando la hinchada de Boca cante tus temas”, le dijo él. Y sucedió. Lástima que ella no vivió para verlo.

Fuente: La Razón

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