ENTREVISTAS
“Hay más drogas en la política que en un recital de rock”
volanta
Lanza su primer CD solista y presenta banda nueva. Pero aclara: “Virus no se separó, sólo se toma un tiempo”. Una charla de frente y sin caretas, como le gusta al músico.
Marcelo Moura es un tipo pensante y frontal. Escucha cada pregunta, reflexiona, pero no pone piloto automático para responder. Y si hay algo que no le gusta, torea… siempre con respeto. Dice que es una persona pragmática, que no es de los románticos que sueñan imposibles. “Me importa pasar por la vida dejando una obra… Hay una frase de Ortega y Gasset que me representa: ‘Se es lo que se hace’. Y mi deseo es hacer y plasmar las cosas. Hace un rato estaba cenando con mi hijo y me preguntó como había superado la muerte de dos hermanos…”.
-¿Qué le respondiste?
-Que eso me trajo problemas colaterales, he perdido cierta sensibilidad y romanticismo, cosa que lamento, pero nada es gratis en esta vida.
A los 56 años, Moura está metido como loco en su debut como solista, con “Disculpen la Demoura”, que presentará el sábado, en La Trastienda, junto a The Panama Papers, como bautizó -apelando al humor negro- a su flamante banda.
-¿Cómo es esto que te hacés solista por la necesidad de enfrentarte a nuevos desafíos?
-No, no dije eso… Lo que dije fue que siempre me gustaron los desafíos y como creo que la gente tiene a Virus sellado en la época de los 80, la forma de hacer nuevas cosas debe pasar por otro lado.
-¿Este disco marca el inicio de una nueva etapa de tu vida?
-Definitivamente es una bisagra. Las responsabilidades son mucho mayores y la libertad resulta casi impune, ya que lo que antes decidíamos entre seis, hacía que muchas cosas quedaran en el camino… Ahora, en cambio, la posibilidad de decidir sobre todas las cuestiones, abre un panorama enorme, y si quiero poner un mono en pelotas colgando mientras toco el violín, sólo debo hacerlo.
-Aclaremos los tantos: ¿Virus se terminó? ¿Es una etapa cumplida?
-No, Virus no terminó, de lo contrario hubiéramos salido a decirlo. Es sólo que decidimos tomarnos un tiempo, son muchos años y está bueno parar un poco la pelota y ver dónde estás parado.
-¿Cuándo se percibe que hay un ciclo terminado?
-Rock & Roll, nene… Las cosas van cambiando, los ciclos no terminan, van mutando.
-¿Convertirse en solista y sacar un disco, no es una manera de decidir dar un paso al costado?
-Para nada. El hecho de hacer un disco solista convive con Virus. No es “ahora soy solista”. No, son cosas contrapuestas, puedo hacer un CD y seguir tocando en Virus. Es un dramatismo que no está en mi mirada, ni soy un esclavo de Virus, ni hacer algo solista significa terminar con Virus. Todo convive y suma.
-¿Cómo quedará Virus dentro de la historia del rock?
-Es algo que nunca nos ha preocupado. Sólo nos debemos explicaciones a nosotros mismos y estamos muy orgullosos de lo que hemos hecho y sin ninguna duda volveríamos a hacer lo mismo, porque está en nuestra esencia.
-En varias oportunidades dijiste que te criticaron mucho por convertirte en el frontman de Virus, luego de la partida de Federico, tu hermano…
-Sabía que tenía que atravesar por un proceso inevitable, porque Federico (murió en 1988) tenía sobre sus espaldas más de 500 shows; en cambio, yo debía enfrentarme por primera vez ante el público con cero experiencia. No existía la menor posibilidad de hacer un buen papel, pero agarré porque me gustan los desafíos. Tenía claro que tenía por delante un camino lleno de piedras y de espinas, pero vi una luz al final y fui a por ella.
-¿Te molestaron las críticas?
-Nunca me molestó que dijeran que cantaba mal o que me movía como si fuera de madera, porque coincidía con esas críticas, lo que realmente me provocaba un gran dolor era que proyectaran en mí las cosas que pensaban…
-¿Qué cosas?
-Por que ejemplo: “Marcelo intenta mantener un kiosco aprovechándose de la figura de su hermano”. Sí, yo cantaba pésimo, eso es algo que no resiste análisis, pero nadie puede ni tiene el derecho de adjudicarse leer mi mente y con total liviandad decir que es lo que yo pienso.
-Hace un par de meses hubo una polémica entre varios músicos: Héctor Starc había dicho que “a Spinetta lo mató la marihuana”. Y lo salieron a matar otros colegas. Sin embargo, Emilio Del Güercio habló de “la hipocresía que hay en el rock”. ¿Existe tal hipocresía?
-No tengo la menor duda de que el comentario de Héctor Starc sobre el Flaco ha sido al pasar, pero se decidió así titular la nota y levantó polvareda… Pero el mito del rock y la droga ya es demodé, la droga está en todos lados y la idea de asociar a los músicos con las drogas es de una ingenuidad llamativa. Las drogas están absolutamente ligadas al poder, a la corrupción, a la política, a la policía… ¿Cómo puede ser que se siga vendiendo la imagen del músico como un emblema de las drogas? Hay que asistir a las permanentes estupideces que dice la gente. Podés creer que a mí me siguen diciendo: “Che, Fede se daba con todo, ¿no?”. Ojo, no éramos Teresa de Calcuta, sólo quiero que dejemos de ser tan caretas. Sin lugar a dudas hay más droga en el Congreso que en un recital de rock.
-En lo personal, ¿vos, tuviste alguna vez problemas o lo controlabas?
-Hay un hilo muy delgado que nos puede hacer pasar de un lado al otro. Afortunadamente de los dolores se aprende y a nosotros todo lo que nos pasó tuvo un porqué y nos puso siempre en caja… Es un peligro cuando llegás a un estado en el cual te creés diferente, inmune y que nada te puede pasar. Así perdimos gente muy valiosa.
-¿Cómo lo ves a tu amigo Charly García? En los últimos meses tuvo apariciones en shows como invitado y lucía frágil. ¿Son las consecuencias de un pasado de excesos?
-Tengo el honor de ser amigo de Charly García a quien considero un genio. Puedo verlo seguido o no, que en nada cambia mi amor y respeto hacia él… Hablar de cómo está o por qué está como está me parece irrespetuoso. Charly es un genio y me parece de una gran pobreza los comentarios sobre su vida privada, sólo tengo palabras de agradecimiento por todo lo que nos da y sería un imbécil si juzgo la forma en que decidió vivir. Sólo sé que es uno de los genios más grandes que nos dio el arte… El tiempo no se mide por días, se mide por intensidad: uno puede hacer en un año lo que a otro le lleva 120 años y lo “correcto” no es más que una visión berreta de la vida. Ojalá estuviera el mundo habitado por cientos, miles o millones de Charlys Garcías y no por gente sin huevos, careta, que sólo construye una vida legal que nada nos aportará.
Fuente: La Razón
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