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ENTREVISTAS

«Esta es una película cargada de cosas que no se ven»

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El director del film Eva no duerme, que estrenó esta semana y fue una de las más comentadas en el Festival Internacional de Cine de Mar de Plata, cuenta cómo abordó uno de los momentos más oscuros de la historia argentina. Fanego y Arias cuentan su experiencia actoral.

Un cuerpo poético, que trasciende el paso del tiempo y se eleva en la memoria colectiva para siempre. Así reflejó el director Pablo Agüero al mito que significa Eva Perón, en la película Eva no duerme, una historia que decidió construir entre claroscuros y planos fragmentarios, para superar cualquier cuestión partidaria y propagandística y elevar la figura de una mujer convertida en heroína.

El film se estrenó el jueves pasado en los cines y parte de tres hechos concretos para referir a 25 años de historia argentina. Lo hace sin pretender dar una clase de historia, sino que busca plantear una metáfora universal acerca de la vida de los pueblos y sus mitos. Los tres momentos históricos de la película son: la muerte y el robo del cadáver de Evita, el secuestro y asesinato del general Pedro Aramburu y el retorno del cuerpo de Eva, con Isabel Martínez de Perón y López Rega como telón de fondo.

Eva no duerme participó en la competencia internacional de la 30ª edición del Festival de Cine de Mar del Plata y estuvo en los festivales de San Sebastián, Toronto y Roma. Fue ganador del premio en la sección Cine en Construcción del Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse, del Grand Prix Spadin 2012 al mejor guión y obtuvo el premio al desarrollo del Festival de Amiens 2012. Actúan en la película Gael García Bernal, Daniel Fanego, Denis Lavant e Imanol Arias.

Con 38 años, su director reflexiona junto a Tiempo Argentino acerca de las idas y vueltas de una película que le costó siete años de trabajo y el derrumbe de su vida personal, según sus propias palabras.

–¿Te preocupa la respuesta partidaria y a veces violenta de la gente cuando se tratan temas de la historia reciente?

–Es algo a lo que estoy atento, sé que esta película va a generar polémica. Hoy hay varios niveles de expresión, la gente en los foros de Internet suelen soltar algo bastante monstruoso. Creo que esta película va a generar un debate y me parece bien que eso pase, es el rol del arte y un rol que asumo, aunque a veces puede ser duro y genere situaciones de violencia, pero me parece que es el rol del arte: provocar y generar un debate.

–Dijiste que no querías hacer una película propagandística, pero es inevitable la interpretación de la historia. ¿Qué mirada quisiste dar?

–Hay hechos que son indiscutibles, como lo fue el bombardeo de un país por su propio ejército, una serie de golpes de Estado, prohibiciones políticas, algunas kafkianas, como prohibir que se mencione el nombre de Perón. Esas cuestiones ayudan a tomar conciencia de que en realidad hemos vivido medio siglo de dictadura, aunque esta película cuenta el camino más atroz hasta llegar al golpe de 1976, con ese cuarto de siglo anterior se explica cómo llegamos a esa atrocidad.

–Es una película que trabaja mucho el claroscuro y con referencias pictóricas concretas, ¿por qué?

–Trabajé conceptualmente con el claroscuro, buscando límites entre la luz y la oscuridad, entre la verdad y lo imaginario, entre la verdad y lo otro que se difumina, tienen una lógica narrativa también. Se traduce en la luz, en la manera de iluminar y de dejar que el espectador adivine en las sombras su propia verdad.

–¿Cómo trabajaste el registro documental?

–Una vez más el criterio fue no atribuirme una verdad única. En ese sentido, en vez de mezclar documental con ficción y de tratar de equipararlos, lo que busqué fue diferenciarlos. Se ven las imágenes históricas reales, después corto y aparece el relato de los hechos. Están muy bien diferenciadas las imágenes documentales y las de ficción. Hay tres bloques de documental y tres de ficción.

–¿Te parece que le faltaba al cine argentino desarrollar el peronismo, sin caer en la propaganda, ya sea a favor o en contra?

–En todos los años que investigué, me encontré con bibliografía y comentarios que eran críticas feroces y mentiras del peronismo y mentiras o ideas santificadoras del peronismo, que también eran otra mentira. Yo traté de construir una ambigüedad de lectura, no puedo decir objetividad porque no creo en tal cosa, pero sí en una ambigüedad que le permita al espectador situarse a sí mismo frente a los hechos. Parte de eso es la representación de los montoneros, que se presentaban a ellos mismos como pibes que están todo el día tocando la guitarra, pero yo los muestro más como personas que tenían un entrenamiento militar, que están haciendo un operativo, que son muy jóvenes y que van a participar de la violencia en la escena política nacional.

–¿La película trasciende al peronismo?

–Busqué generar una parábola universal que pueda trascender la cuestión partidaria de peronismo o antiperonismo. En ese sentido, me interesó buscar actores que fueran de otros lugares (como Gael García Bernal y Denis Lavant) porque son referencias anacrónicas. También decidí que cuestiones demasiado sórdidas no había que mostrarlas, se podían escribir pero no eran mostrables. Tomé la decisión de contar 25 años de la historia a partir de tres momentos y tres personajes. Y estar siempre desde el punto de vista de los enemigos, para crear una ambigüedad, como para que uno pueda cuestionarse, incluso ideológicamente. Claramente, mi héroe en esta película es Evita, así que sí es una película «Evitista».

–¿En qué interpretaciones podés ver el salto universal del cual hablás?

–Leí un artículo canadiense que decía que la película puede referir a cómo está sepultada la política en Canadá. No tengo idea de la historia canadiense, pero me pareció muy bueno que se diga eso. Esta película va mucho más allá de que se compartan los momentos simbólicos del peronismo, la película puede referir a otra cosa, va al hecho de que somos un país que ha pasado la mitad de su historia en dictaduras y que la voz de Evita, estemos de acuerdo con ella o no, prueba que por más dictaduras o represiones que haya, no se la pudo apagar. A un mito no se lo puede apagar. Una voz no se elimina. Eso me parece hermoso y cálido. Va más allá de Eva Perón en sí misma. Esto puede pasar en cualquier país, con otra figura o idea. En nuestro caso fue Evita, la que dijo que iba a volver muerta o viva, fue ella. Y la que le dijo a la gente que tenía que luchar por sus derechos fue ella. Esta es una película que está cargada de cosas que no se ven.

«A la ideología uno la lleva en el cuerpo o no la lleva»

Daniel Fanego decidió interpretar al general Pedro Aramburu en la película Eva no duerme, sabiendo que este personaje entraba a escena de una manera y salía de otra. «Cuando el tipo llega al lugar donde lo secuestran, entra de traje y con un reloj importado, acomodándose el pelo y después le van a pegar un tiro. Esa curva era muy interesante. Pensé en este hombre, que era un poco más grande que yo y que estaba en un momento cumbre de su carrera política. Él pretendía encumbrarse políticamente en una suerte de alianza política con Perón y la aparición de estos montoneros lo ponen frente a su destino y se convierten en su oráculo», cuenta el actor, quien viajó a Mar del Plata para el estreno del film en el Festival de Cine. «Me interesaba representar el hundimiento de este tipo, que tenía cierto prestigio social y político. Leí unos reportajes de los años ’60, en los cuales él se mostraba muy optimista de que Argentina aceptara formar parte de la alianza para el progreso. Eso me conmovió, porque luego supimos que esa alianza no era otra cosa que una delegación de la escuela de torturadores. Mi personaje parecía Gary Cooper, pero era un dictador que trataba de modernizar lo que había sido», explica Fanego.
El actor sostuvo que la política nunca se puede eludir en el arte: «El cine, el teatro, la literatura son siempre políticos. Ya la disponibilidad espacial es política: hay uno que habla y otro que escucha. Ese mecanismo lo convierte en un hecho político. Eva no duerme se refiere a hechos de la política argentina, pero además es política por su camino estético. Tal vez las políticas y las ideas más importantes estén en esa búsqueda, en los claroscuros del film o en el militar embelesado por el cuerpo de Eva. Los que conocemos la historia sabemos todo lo que ha padecido ese cuerpo, que ha estado guardado, escondido, trasladado de mil maneras distintas y llevado no sabemos de qué manera a Italia, para ser sepultado de pie, como al Facundo para que no descanse. Y Eva no descansó y a Aramburu lo encontraron en un sótano. Pero la luz de Eva va a brillar infinitamente, sobre el mundo. El director de cine se pone por encima de cualquier cuestión partidaria y se dedica a filmar. Después, la ideología uno la lleva en el cuerpo o no la lleva.»

Arias: el médico obsesionado con Evita
Por Nicolás Peralta

Para Imanol Arias esta es la segunda vez que encarna un personaje que vive sucesos de la historia argentina. La primera fue en 1984 cuando protagonizó Camila de María Luisa Bemberg, componiendo al sacerdote español Ledislao Gutiérrez. En este caso, es el médico español Pedro Ara, quien por encargo de Juan Domingo Perón embalsamó el cadáver de la abanderada de los humildes, Eva. Sobre su pesonaje, Arias cuenta a Tiempo –desde España y por teléfono– que «al principio fue una relación de rechazo, él no comulgaba con las ideas de Evita, era de origen aristocrático y despreciaba el peronismo. Luego se lleva una gran sorpresa al conocerla. Tuvo una enorme curiosidad, se convirtió en una obsesión mas allá de lo político.»
El actor español de 59 años, antes de filmar leyó el libro que publicó el propio Ara, que se llama El caso de Eva Perón, donde el galeno relata el año y medio de trabajo con el cadáver dando su visión clínica, y releyó Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez, para poder tener las dos visiones. «Es una película que trasciende la historia que se propone contar. Se analiza de forma muy sintética, y admirable, algo que ocurrió, pero artísticamente es muy elevada, muy fina. Es una cinta que no entra en el conflicto político del peronismo sino que aborda apenas una etapa y tiene un valor estético por encima del razonamiento o la polémica».
El actor reconoció el talento de Pablo Agüero, el director. «Sus películas nunca pasan desapercibidas, provoca cosas, por su manera de relatar. Sus planos son muy teatrales y eso provoca cosas en el espectador», afirma. «Es un director que da que hablar y tiene mucho futuro. Fueron ocho días de rodaje pero la verdad hablamos mucho antes y después de eso. Me mostró toda su pasión y eso es lo mejor que le puede pasar a un actor.»
Arias volverá a Buenos Aires en mayo, para filmar Maldito tango, de Lucas Figueroa. «Siempre que puedo voy a la Argentina. Me gusta ir a ver teatro, a visitar amigos. En este caso voy a hacer una comedia negra con acción, que pinta bien. Tienen mucho talento para hacer cine allí, sin dudas».

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