ENTREVISTAS
“Ya no busco el tema ideal”
volanta
“Con la vida aprendí a tomar las canciones como lo que son. Ya no tengo el idealismo de encontrar la canción perfecta”, dice Diego Frenkel, que atraviesa su mejor momento desde que dejó La Portuaria. El finde abrió el show de Sting y el sábado llevará “Ritmo» a Niceto.
La pregunta por La Portuaria lo incomoda a Diego Frenkel, le molesta. La búsqueda constante de este músico lo llevó a sentirse limitado dentro de aquel grupo y se quitó el ancla, según él en buenos términos, para volar solo hace un tiempo.
Dice que no se arrepiente porque “cada paso que uno da lo hace con conciencia”. Desde entonces su camino en soledad le ha dado buenos réditos: “El día después”, “Célula” y “Espontáneas” fueron bien recibidos por la crítica y sus seguidores. Aparecieron las giras, los recitales por todo el país y los shows importantes como el del fin de semana en el que abrió el show de Sting (“cuando terminé de tocar tuve que volver a saludar, algo inusual en un show así”), o el del sábado próximo en Niceto, donde presentará “Ritmo”, su nuevo álbum.
“Fueron largas tardes de ensayos, metegol y café. Así se fogueó el grupo que me acompaña y el disco nació ahí, en ese encuentro en el que algunos se convirtieron en adictos al metegol y otros al café”, le grafica a La Razón Diego, que interrumpe por un segundo su discurso para pedirle un cortado al mozo de su bar favorito. “Amo grabar -retoma-, soy feliz adentro de un estudio. Siento que este disco es el renacer de una energía luminosa. Hay empatía en la banda, hay algo muy rítmico, por eso también siento que es un disco sanguíneo con una energía potente”.
-¿Sos exigente al momento de componer? ¿Te cuesta llegar a terminar un tema?
-No es tan lineal pero en el disco me tomé mucho tiempo para crear. Algunas canciones fueron una búsqueda intensa de “darle” hasta pulir la piedra. Fueron producto de muchas variables. Y hay temas de un origen claro que se resuelven con otra naturalidad. Con la vida aprendí a tomar las canciones como lo que son. Las dejo fluir y ya no tengo el idealismo de encontrar la canción perfecta, no es un objeto que hay que encontrar. Es como un devenir, son como seres vivos que pasan por vos.
-¿Cuál es el estado ideal para componer?
-Son muy diversos. Durante mi trabajo en “Ritmo” pasé por muchas cosas, recuerdo una noche frente al mar, fue un momento brillante. Ahí compuse “Océano”. Estábamos con amigos en Mar del Plata y me conecté con el mar, un momento espiritual y a la vez místico. Las emociones que llevan a hacer música son diversas pero no tan definidas, se mezcla la realidad objetiva y lo material. Nunca soy literal, eso mata al espíritu y a mí me agobia. La poesía no habla de la razón.
-“Ritmo”, ¿te hizo feliz?
-La felicidad es un estado fugaz, dura poco, va y viene. Lo que puedo comprender como un estado más permanente es el bienestar anímico, físico y espiritual. Lo que más la sostiene es el amor y los lazos afectivos como una familia que amo y una banda y un disco que sí me tienen feliz.
Frenkel vuelve al comienzo y aclara sus sentimientos: “En La Portuaria no había nada que hacer”. Ahora, solo, todo luce inagotable para este músico que ya llegó a los 50.
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