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“Bailar con alguien que amás es más fácil”

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Lo asegura Maxi Guerra en referencia a su esposa, Patricia Baca, con quien comparte escenario en “Quereme así… piantado”, el espectáculo que protagonizan en el Coliseo, en el cual homenajean al poeta Horacio Ferrer.

Hace años que Patricia Baca quería que su marido, Maximiliano Guerra, bailara “Balada para un loco”, el clásico de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. “Cada etapa de un bailarín tiene sus riquezas y sus matices. Y en estos años de Maxi, donde él ya bailó todo lo que quiso y más, y combina madurez y experiencia, me parecía muy interesante que hiciera ‘Balada…’, pero con una búsqueda diferente, contemporánea y actual”. Sin embargo, a su propuesta le faltaba una vuelta de rosca, un plus que finalmente llegó en unas vacaciones de la familia Guerra.

“¿Por qué no bailás ‘Balada para un loco’ y Micaela lo canta?”, le propuso Pato a su esposo, al ver la calidad artística de su hija tras su vuelta de Nueva York, donde se formó. A partir de ese disparador, que aceptaron con gusto Maximiliano y Micaela Guerra, surgió “Quereme así… piantado”, un espectáculo que combina bailarines, cantantes, actores, orquesta en vivo… todo con el objetivo de homenajear al gran poeta Horacio Ferrer.

El hilo conductor es la historia de amor de Horacio y Lulú (Michelli), quien oficia de narradora en la obra. Es una pieza muy emotiva con mucho amor y humor. También hay nostalgia, obvio, porque es tango. La gente se va muy llena del teatro”, cuenta Maxi.

¿Cómo es laburar en familia?
Maxi: Es maravilloso. A mí me encanta. Tengo el espíritu completo. Hace 15 años que bailo con Pato y es una sensación de plenitud. Es alguien a quien conozco, amo y confío. Nos conocemos mucho y por ende tenemos pocos errores y los que tenemos los solucionamos con más facilidad. Y acá se suma Micaela… es un orgullo, es muy emocionante. Es más, yo me tengo que olvidar un poco de que es mi hija y tomarla como una cantante profesional porque sino la emoción del padre puede llegar a superar a la del artista.

¿Es algo que imaginabas?
Maxi: No, la verdad que no. Yo siempre pensé que ella iba a despegar con su carrera por su lado. No lo imaginaba, por ahí era un deseo, un sueño, pero no lo tenía muy concreto. Se fue dando.
Patricia: Fue una sorpresa. Yo nunca asocié la carrera de Micaela con la de Maxi. El viene de un origen clásico, lírico, y ella tiene una formación fuerte en la comedia musical. Es una sorpresa de la vida. Podría ser la hija, querer cantar, pero no estar en el nivel artístico de Maximiliano, que es altísimo. Pero en este caso sí. Cuando vimos con el nivel que volvió de Nueva York ambos nos sorprendimos. Y para mí bailar con Maxi es un posgrado constante como artista. Yo no paro de crecer y aprender con él. Agradezco mucho poder compartir esta carrera con mi esposo, con el hombre que amo. Nos permite estar mucho tiempo juntos y compartir la pasión por la danza y el escenario.

¿Maxi, cómo es tu día a día con la doble función: espectáculo y director del Ballet Estable del Colón?
Es re cansador, pero es hermoso. Las dos cosas me tienen enamorado. El ballet de Mercosur es mi proyecto hace 16 años y ahora se sumó lo del Colón, que es un lugar que me pone muy feliz. Me pone muy contento porque hay muchas posibilidades de hacer cosas interesantes. Hay que ordenar mucho pero hay chances. Mi día cotidiano es ir al Colón, ensayar con el ballet o estar en la oficina hasta las 3 de la tarde, y de ahí ir a la escuela con Patricia, donde suelo estar hasta las 7 de la tarde. Es una etapa dura, pero mi familia lo entiende. Vale la pena todo lo que estamos haciendo con Pato porque cuando uno trabaja y está feliz con lo que hace, después eso le llega a los hijos y se los pasa inconscientemente.

Por último, ¿el “Bailando” es una etapa cerrada o se podría llegar a dar un regreso?
No. Yo creo que no. Ahora seguro no es el momento. Es un etapa cerrada. Quizás lo que me quedó es que cuando lo empecé a disfrutar nos eliminaron, pero nos costó mucho acostumbrarnos al “Bailando”. Es muy distinto a nuestro lugar de trabajo. Había poco lugar para mí como bailarín, para hacer las cosas a nuestra manera, había que acomodarse a un lugar que no es un teatro, hay mucho ruido cuando bailás, algo que desconcentra mucho… Pero bueno, fue una etapa que la disfrutamos y “nos fueron” cuando ya no fuimos funcionales al programa.

Fuente: La Razón

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