ENTREVISTAS
«Al hacer la película aprendí lo débiles que somos»
volanta
El actor español Antonio Banderas interpreta a Mario Sepúlveda, el minero que se convirtió en líder de sus compañeros durante los 69 días que estuvieron atrapados en una mina chilena en 2010. Una experiencia que lo modificó.
Era de esperar. Lo que pasó el 5 de agosto de 2010 en la mina de oro y cobre de San José, cerca Copiapó, al norte de Chile, tenía todo para llegar al cine: 33 mineros sobrevivieron el colapso de una roca de dos veces el tamaño del edificio del Empire State y quedaron atrapados bajo tierra durante 69 días, regresando a la superficie después de una exitosa operación de rescate que inspiró e impresionó al mundo entero.
Hollywood aprovechó el lustro e ideó su versión. Según consignó Tiempo Argentino, así nació Los 33, la película dirigida por la mexicana Patricia Riggen, que estrena el jueves en nuestro país y que se basa en el libro En la oscuridad de Héctor Tobar, adaptado para la pantalla grande por José Rivera, el mismo que firmó Diarios de motocicleta.
Este film está protagonizado por un ecléctico elenco encabezado por los españoles Antonio Banderas y Mario Casas, la francesa Juliette Binoche y el brasileño Rodrigo Santoro. “Fue una experiencia única”, afirma Banderas, el experimentado actor quien interpreta a Mario Sepúlveda -apodado “Súper Mario” por la prensa- percibido por los propios mineros como su líder en aquellos días de drama. “Es una historia sobre la fe y la fuerza ante la adversidad”, cuenta el malagueño.
«Lo que me resultó realmente extraordinario fue darme cuenta de lo mucho que tuvieron que ver las mujeres para que las autoridades se involucraran en el rescate».
Filmada en el Desierto de Atacama de Chile, tan sólo a kilómetros de donde ocurrieron los hechos reales y en la profundidad de dos minas localizadas en el centro de Colombia, Los 33 relata lo que sucedió bajo tierra y el drama de los que estaban en la superficie.
-¿Qué tan difícil te fue encontrar a tu propio Mario Sepúlveda?
-Siempre es un proceso difícil cuando estás tratando con gente de verdad. Lo hice antes cuando tuve que encontrar a mi propio Pancho Villa (en Presentando a Pancho Villa) y mi propio Pierre Dulaine (en Toma mi mano). El sentido de responsabilidad es enorme ya que vas a contar una historia que realmente ocurrió. Siempre es un peso sobre mis hombros. Para Los 33, sin embargo, tuve la oportunidad de conocer a Mario. Inmediatamente nos hicimos amigos. En cinco minutos me contó la historia de su vida. Es intenso, y un hombre de muchos rostros distintos. Puede ser dulce y muy duro al instante. Traté de encontrar un punto de equilibrio, ya que no es una película solamente sobre él, sino sobre todas las personas involucradas en esta tragedia, tanto bajo la tierra como en la superficie.
-Incluyendo a las familias de los mineros…
-Sí. Lo que me resultó realmente extraordinario fue darme cuenta de lo mucho que tuvieron que ver las mujeres para que las autoridades se involucraran en el rescate de los mineros. Y lo que fue que estos hombres sobrevivieran durante meses juntos, sin alimento ni esperanza, soñando con las mujeres que estaban, al mismo tiempo, desesperadamente tratando de movilizar al mundo para salvarlos. Es prácticamente increíble.
-Mario bromea –muy en serio– que es oportuno que hayan elegido a una mujer para dirigir la película. Patricia (Riggen) cree que uno de sus sellos distintivos es la escena de «la última cena». ¿Por qué creés que esa escena es tan importante?
-Se debe al hecho de que cualquier persona en el mundo podría reconocer que el motor que mantuvo vivos a los mineros estaba en esa escena, en ese sueño colectivo. Se convierte en una obsesión el hecho de que necesitás ese abrazo, necesitás esa charla, y realmente necesitás ese beso de tu hija. No tenés permiso de morirte sin el beso de tu mujer y la comida que te trae. Los mineros realmente llegaron a ese punto místico en el que se dieron cuenta de cuáles eran las cosas importantes de la vida.
-No el dinero, no los deportes, no las chicas sexies, sino la familia…
-Sí, y la pureza de esos momentos de pronto se pierde con la intoxicación de las noticias de afuera. Cuando reciben un telegrama del Papa, se empiezan a dar cuenta de que ahora son celebridades; la corrupción de la superficie. En la película, esto se representa por la oferta del libro de Mario y el secreto que la rodea. Tiene que resarcir a los demás cuando aún siguen atrapados bajo tierra. Es como si la herida estuviera abierta. Serán rescatados, pero la contaminación del mundo real es el precio a pagar por la salvación.
-¿Cuáles fueron los momentos más emotivos al filmar Los 33?
-El principal fue cuando Carlos Mamani, el minero boliviano, sueña con una vaca. Y esa vaca es como el animal dorado. Es bíblico. En ese momento lloré, realmente lloré.
-¿Cómo fue filmar durante semanas debajo de una verdadera mina?
-Todos nos enfermamos. En la mina más grande donde filmamos, en Colombia, era más tóxico el aire de lo que uno puede imaginar. Pasás una hora ahí y empezás a sentir un sabor metálico en la boca. Pero no nos podemos quejar por eso, para nada. Estuvimos ahí durante un tiempo muy limitado. Imaginate un trabajador que pasó 25 años trabajando ahí, sólo para llevar el pan hasta la mesa de su familia y literalmente enfrentándose a la muerte a diario.
-¿Qué tan importante fue filmar bajo tierra?
-Fue esencial. Uno de los mayores aciertos de Patricia fue la selección del reparto. Después de todo, iba a tener que trabajar con un grupo de hombres que se tenía que llevar bien, atrapados durante semanas bajo tierra con ella y su equipo. Y todo salió maravillosamente; nunca hubo momentos raros. Todos estábamos juntos. Decidimos que pasara lo que pasara, íbamos a estar ahí como espectadores para las escenas de los demás. Hubo muchos aplausos debajo de esa mina. Cuando los verdaderos mineros nos visitaron el nivel emocional salió de todo rango. Fue muy hermoso. Y cuando nos pasamos a Chile a filmar en el Desierto de Atacama, ya éramos una familia. Mi hija nos visitó y jugó fútbol con el elenco, nos reímos mucho.
-Antes de filmar hablaste con un ex minero para empezar a acercarte a tu personaje. ¿Cómo fue?
-Sí, el cuidador de mi casa de Aspen, Mike, fue minero de carbón durante 12 años y hablé de todo lo que tiene que ver con la minería. Leyó el libreto y me dijo que se acercaba mucho a su experiencia como minero. Estaba con la vanguardia, el grupo de personas que ganaba más dinero, ya que operaba los martillos eléctricos que podían causar una explosión en cualquier momento. Estaba jugando con su vida y recuerda estar enojado todo el tiempo. Pero al mismo tiempo, la camaradería entre los mineros, me dijo, era extraordinaria.
-Y es una de las razones por las que ocurrió el milagro de los 33 sobrevivientes en Chile…
-Sí, y Mario. Tuvo una vida difícil desde el momento en el que nació. Y eso fue exactamente lo que ellos necesitaban ahí, alguien que supiera lo que significaba ser un sobreviviente. Inmediatamente se dio cuenta de la importancia de racionar la comida y el agua. Hay un momento de mucha verdad cuando mi personaje y el de Mario Casas se dan cuenta de que la salida de emergencia no va a funcionar e impide que los mineros se coman la comida sin un plan. Él es el que pone el orden. La llave del contenedor de la comida se la dieron a él por una buena razón. La sigue llevando consigo, por cierto.
-¿Qué es lo que más recordás de tus charlas con él?
-Una vez me dijo: “Antonio, no tenés ni idea de lo que el hambre puede hacerte a ti y a tu cerebro. Es muy difícil explicarlo. Te transforma en un animal. Conocés al ser primario, al hombre primitivo.” Todos lo sintieron. Hablaron de la sensación de que tu cuerpo se consuma a sí mismo mientras vos te vas haciendo más pequeño, más delgado y más débil. El hambre es tan intenso que te convertís en algo parecido a un animal, a una bestia. Eso me impresionó mucho.
– ¿Qué aprendiste de Los 33?
– Lo débiles que somos. Y lo mucho que valoro ciertas cosas después de entender la vida de estos mineros.
Los 33 está dirigida por la cineasta mexicana Patricia Riggen. Además de Banderas participan del film el español Mario Casas, la francesa Juliette Binoche y el brasileño Rodrigo Santoro.
Estreno con polémica
La producción hollywoodense Los 33 llegó a los cines chilenos el 6 de agosto y hubo repercusiones de todo tipo. Fue muy bien recibida en la taquilla: entre el primer jueves y domingo cortó 248.897 tickets en 140 pantallas, liderando el ranking del fin de semana con más del 55% del mercado y triplicando la recaudación de Minions, el gigante destronado. Estos números la ubican, en Chile, por encima de las cifras conseguidas en sus primeros cuatro días por Harry Potter, Iron Man y Transformers, entre otras sagas, y de dramas como 50 sombras de Grey (222.730) o La pasión de Cristo (173.239). Entre las películas chilenas se ubicaría en el puesto dos histórico, sólo por debajo de la producción local más taquillera de todos los tiempos, Stefan vs Kramer, que debutó con 333.857 espectadores.
Pero, tal como dio cuenta el fin de semana pasado la sección Cultura de Tiempo, las polémicas no tardaron: los derechos que firmaron los mineros para la producción de la película (por 600 mil dólares) significaron ceder los derechos de la historia a perpetuidad a un estudio de Hollywood según la ley de California. Ahora algunos mineros quieren revertir la situación por vía legal, aunque será muy difícil lograrlo.
Además llovieron las críticas por «no ajustarse a la realidad» (aunque se sabe que la ficción siempre se toma sus licencias, no era lo que muchos esperaban)y por su «carácter proselitista». Esta semana la filial argentina de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) se solidarizó con el crítico de cine chileno Leopoldo Muñoz, quien el 6 de agosto renunció a su lugar como principal crítico del diario Las Últimas Noticias, luego de que sus editores responsables decidieran publicar con su firma, pero sin su consentimiento, un texto correspondiente al estreno en su país de la película. En dicho texto había sido eliminada una serie de consideraciones políticas, en las que el crítico calificaba a la película como «una herramienta de propaganda» vinculada al ex presidente chileno, Sebastián Piñera, y señalaba el rol de principal productor local del film que ocupa el empresario Carlos Eugenio Lavín ( cercano a Piñera, acusado de mal manejo de dinero para campañas políticas). Además uno de los actores chilenos de la cinta, Alejandro Goic, no fue invitado al estreno, siendo bastante sospechoso luego de que haga publico su apoyo a Bachelet y siendo el único que no estuvo en la avant premier de la cinta.
Entrevista: Gentileza Fox.
Producción: Nicolás Peralta.
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