ENTREVISTAS
“No estoy en la tele porque no me llaman ni me necesitan”
volanta
Julián Weich no está en pantalla. Pero lejos de preocuparse, el conductor está más comprometido con las causas solidarias. Adoptó a dos jóvenes de Mozambique y dice: “Soy mil veces más feliz con menos”.
Julián Weich conoció el éxito de la mano de la tele. Estuvo al frente de programas con mucha audiencia, rebote y permanencia como “El agujerito sin fin”, “Sorpresa y media” , “Trato hecho” y “Justo a tiempo”, sólo por nombrar algunos.
Además, es Embajador de Unicef, dueño de un agua mineral llamada “Conciencia” -con fines solidarios (dona el 50 % de la ganacia)- y ahora lanza un pan dulce con iguales condiciones. Está abonado a múltiples causas solidarias, de hecho el 25 de septiembre será parte de #CuidarElAgua, un recital subacuático que dará Javier Calamaro en Puerto Madryn para concientizar sobre la importancia del cuidado del agua. Y dice: “Tenemos que cuidar el planeta, no sólo pensando en nosotros, sino en todas las generaciones que vienen. Además cuanto uno más concientemente vive, más feliz es. Cuando uno come consciente, toma consciente, respira consciente, vive consciente, es más feliz”.
Suena a eslogan, del agua y del pan dulce
(Risas) Mi propuesta de tomar conciencia es de todo, de lo que nos hace bien y de lo que nos hace mal. La idea de Javier Calamaro me encantó, por eso acepté: soy buzo desde los 15 años, conozco Madryn y me encanta, me pareció que era una actividad divertida, con un fin interesante que promueve el turismo, el bienestar de la gente y el uso responsable del agua.
¿Siempre fuiste así (léase comprometido con lo social, solidario, etc.) o ahora estás mucho más?
Siempre, pero ahora reconozco que estoy el triple. Descubrí que soy mil veces más feliz con menos.
¿Cuándo lo descubriste?
En realidad, no hubo un click, fue un proceso, una maduración. Y cada vez estoy más convencido y tengo más argumentos. Por ahí antes lo hacía porque pensaba que estaba bien y que quedaba bien hacerlo, pero con el tiempo me fui convenciendo de que todo tiene un sentido cuando lo hacés en forma consciente. Además hay un tema energético en nuestro planeta que cuando todo el mundo piensa de una manera positiva, las cosas cambian para positivo.
A pocos meses de cumplir los 50, hay cambios de vida que ya están hechos para Julián: “Me hice vegetariano, empecé a hacer budismo, yoga, meditación, a leer más. Empecé a creer más en lo que no se ve. Esta búsqueda se dio a raíz de una insatisfacción o incomodidad en la tierra, empecé a buscar cómo estar más cómodo y encontré todas estas herramientas que me hacen ser mucho más feliz con mucho menos”, enfatiza.
¿Estos cambios repercutieron negativamente en tu trabajo?
No, ¿por qué?
Ya no estás en la tele…
Sí, pero hace 5 meses estaba… mi cambio viene de mucho antes.
¿Por qué no estás en la tele?
Porque no me llaman.
¿Y por qué no te llaman?
Porque no me necesitan.
¿Y qué es lo que vos ofrecés, que a la tele no le cierra?
Yo tengo un montón para ofrecer, y el día que me necesiten voy a estar. A la gente le interesan muchas cosas que por ahí a los medios no. ¿Por qué no hay programas de solidaridad en la tele? Hay uno… “Un sol para los chicos”. Uno en un año. Está bien que lo hagan pero es lo único que hay.
Días atrás, en una entrevista radial, Julián contó que había adoptado a dos chicos de Mozambique de 26 y 22 años, que se suman a los cuatro biológicos que tiene de sus dos matrimonios (de 25, 21, 17 y 11 años). “No lo hago por salir en la tele, sino porque soy consecuente con mi acción. Y la acción me lleva a hacer cosas consecuentes con mis sentimientos y mis pensamientos. Creo que uno es responsable de producir actos de bien y no esperar a que la gente se inunde para mandar un kilo de azúcar o de yerba.
¿Cómo pensás tu futuro en unos años? ¿Con o sin tele?
El futuro no existe para mí, vivo el presente. Sí planifico un presente que me da un futuro. Además del agua y del pan dulce, estoy trabajando con unos filtros suizos que los vendemos en la Argentina y sirven para evitar enfermedades de grandes y chicos en lugares donde no hay agua segura, como el Chaco. Son cosas que tienen que ver con lo comercial pero a la vez son humanitarias. Gano menos que si estuviera en la tele. Pero mientras me haga feliz no me importa
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