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ENTREVISTAS

Daniel Melingo: «Le temo a la quietud»

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Rockero histórico, tanguero por adopción y andariego infatigable, Daniel Melingo asegura: “Hace 40 años que sólo pienso en música”. No entiende por qué es tan querido en Europa y por qué en el país “pocos saben qué música hago”.

Melingo parece un personaje. Una imitación de sí mismo. Visualmente podría ser una de esas criaturas rockeras que parodia Capusotto, con la diferencia de que Melingo tiene todo clarito.

Esa claridad que le dio su pasado nutrido por popes del rock: integró célebres bandas como Los Abuelos de la Nada y Los Twist, también tocó junto a Charly García, y en sus años de andariego por España, creó la banda Lions in Love.

Ahora está en Argentina, intentando «reconciliarse» con sus orígenes, ya que paradójicamente el autor de “Chalamán” y “Cleopatra” es profeta en Europa. “Viajé durante los últimos diez años, tocando para públicos ajenos a nuestro idioma, y nunca salí solo de gira por el interior argentino ni tuve una serie de shows en Buenos Aires”, hace saber.

Qué rareza la tuya…
Es notable que nunca se haya dado la oportunidad. Recorrer la Argentina es mi gran asignatura pendiente, aunque vengo de hacer shows por el interior.

¿Por qué tan poco roce con Buenos Aires y el interior?
Porque nunca me convocaron, no es que siempre preferí ir al exterior. El artista va adonde hay laburo y, paradójicamente, tengo más laburo del otro lado del charco que de éste. Yo voy donde hay necesidad de mí.

¿Cómo es eso de “donde hay necesidad de mí”?
Es que pienso que las puertas de un destino no se abren con insistencia o por una simple promoción de un disco. Y en mi caso, de golpe, se abrieron las puertas de Europa y empezaron a caer propuestas y pasé a ser un habitué del Viejo Continente. Rarísimo pero reconfortante.

Vos habrás ido más veces a París que a Córdoba…
Que no te quepa la menor duda… No me enorgullezco, pero se dio así. En los últimos diez años hice en Europa unos cuatrocientos conciertos. Y justamente París es la ciudad donde más veces me presenté, alrededor de veinte.

¿Te sentís un poco bicho raro en la Argentina?
Me siento a mis anchas en Europa y es algo que me entristece un poco, me desacomoda…

Melingo es un hiperactivo: en los últimos años editó “Tangos bajos”, “Ufa”, “Santa Milonga”, “Maldito tango”, “Corazón y hueso”, “Linyera” y ya está embarcado en el nuevo material. “Me propuse sacar un disco cada dos años. Más que una catarsis, es una meta de laburo”.

¿Evita el aburguesamiento?
No creo que me aburguese nunca. Como dice mi maestro Charly García, nosotros pensamos constantemente en música. Yo hace más de cuarenta años que me dedico a esto y no hay día que pase sin que esté trabajando en la música.

Se te siente obsesivo. ¿También te permitís disfrutar?
Sí, soy tan ‘obse’ como disfrutador. Ojo, la obsesión es necesaria para la constancia. Es clave ser obsesivo. No vas a encontrar ningún compositor que no lo sea…

¿Hay obsesiones positivas?
La mía es una obsesión de búsqueda, de allanar el camino, de andar aunque no sepa el destino. Pero necesito saber que me muevo, que voy. Le temo a la quietud, me genera incertidumbre…

Tus raíces son rockeras pero te corrieste al tango…
Soy un músico heterogéneo. Convengamos que no pertenezco al tango, sino que formé parte del ejército del rock, que es donde nací. Después me abrí a otros géneros y se dio un romance fogoso con el tango.

¿A qué se debió?
A la búsqueda de la identidad. Desde hace varios años creo, siento, que en general se mira más hacia adentro en todo. Me surgió una fuerza interior que me empujaba hacia el tango, que es nuestra mayor raíz musical.

Muchos han criticado tu tango.
Por los radicales, que son talibanes que prefieren que el tango siga como hace cien años.

¿Y qué les respondés a quienes dicen que lo tuyo no es tango?
Que tienen razón, pero yo como porteño de Parque de los Patricios no puedo esconder mi “tanguedad”, qué le voy a hacer.

“Linyera”, sinónimo de tener libertad

¿Por qué le puse ‘Linyera’? Porque el linyera me representa con la búsqueda de su libertad por sobre todas las cosas”, responde Melingo, que es más abarcativo: “Yo, quizás, no sentía que contaba con esa libertad, que no es una libertad ansiada por quien está tras las rejas, sino una libertad de búsqueda, una libertad espiritual, una libertad de acción y de decisiones. La búsqueda de una libertad que ponga fin a mis insatisfacciones. Hoy me siento algo más libre, un artista más intuitivo que académico, que se deja llevar por las percepciones, especialmente en lo performático, en lo teatral. Pero no me liberé del todo… Sigo en la búsqueda plena”.

Fuente: La Razón

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