ENTREVISTAS
Peretti protagoniza Showroom: «Muchos directores me llaman para que haga lo mío y me enorgullece»
volanta
Protagoniza Showroom, película que se estrena en cines esta semana y donde interpreta a un hombre «sumamente triste» que sólo concibe la vida en la ciudad. Además ensaya teatro y acaba de rodar en España.
Esta es la historia de un personaje complejo: Diego, un hombre triste, tiene un único objetivo, volver a vivir en la capital cueste lo que cueste. Con esa premisa, decide dejar a su familia en el Delta del Tigre y se transforma en un obsesivo vendedor dentro de un edificio en construcción, una maqueta perfecta que lo llevará a vivir situaciones absurdas al borde de la locura. De eso se trata la nueva película que tiene Diego Peretti como protagonista, Showroom, y que estrena esta semana.
«El marco de la historia me parecía original, era además adecuado para el tipo de problemática que tiene el personaje y bueno, obviamente en consonancia con lo que quiere el director, uno arma a alguien que dice algo», comenta a Tiempo el actor, uno de los más solicitados en la pantalla grande, y que se consolidó en los últimos años con personajes memorables en te (Desde “El Tarta» de Poliladron al psicoanalista Guillermo Montes en En terapia). «No es nada más interpretar y decir creíblemente determinados textos, sino que hay como un canal paralelo donde se comunica y se atrapa al espectador», sentencia Peretti hablando sobre su tarea, y recuerda que vivió esa sensación en sus dos últimos films, La reconstrucción, de Juan Taratuto, donde compartió elenco con Claudia Fontán y Alfredo Casero y en Papeles al viento, que protagonizó junto a Pablo Echarri, Pablo Rago y Diego Torres. Pero Showroom también tiene algo especial.
«Reconozco que me obsesiono con algún personaje o con algo de trabajo y me cuesta ver con claridad».
Para él esta película tiene «otro tipo de emotividad, donde los personajes no hablan tanto sino que lo hacen a partir de acciones que realizan, o con sus miradas y con respuestas físicas. Me gustó mucho hacerla de esa manera. Es un guion difícil, hablamos mucho con Fer Molnar -el director-, no es una película simple para analizar, pero llegamos a buen puerto «, dice.
Por estos días el actor está ensayando La chica del adiós -aquella comedia romántica que obtuvo cuatro nominaciones y un premio Oscar al mejor actor para Richard Dreyfuss en 1977- donde compartirá escenario con Paola Krum y trabajará por primera vez bajo la dirección de Claudio Tolcachir, en el teatro Metropolitan donde recibió a Tiempo Argentino.
– ¿Reflexionás sobre el lugar que ocupás en la historia del cine nacional?
– Lo hago, pero no llego a ninguna conclusión. No me sirve. ¿Qué lugar ocupo? ¿Hay un lugar que ocupar? ¿Vale la pena pensar en eso? La verdad que no pero a veces uno se piensa en torno a cómo lo ven, piensa en cómo el resto toma lo que uno hace. No sé. Lo que sé es que hay muchos directores que me llaman con intenciones de que sea yo mismo, que haga lo mío, con mi estilo. Eso es lindo, me llena de orgullo. Hasta de España. Vengo de Sevilla, de filmar y me pidieron lo que vieron de mí en otras películas; eso debe ser algo bueno. No tengo idea sobre qué lugar ocupo como actor, o referente cultural, para poner un título que me queda muy grande, pero para decirlo de alguna manera.
– ¿Qué filmaste en España?
– Una película que se llama La noche que mi madre mató a mi padre de Inés París, donde trabajé con Belén Rueda, y la verdad que me divertí muchísimo. Fue un placer.
– En Showroom, ¿sentiste pena por tu personaje?
– Es un personaje que está hecho añicos y sí, al verlo me causa lástima, pero no me causó lástima cuando lo hice porque eso no está bien, no hay que verlo como bueno o malo. Simplemente hay que meterse y con las reglas de juego claras, hacerlo. Las reglas son los aspectos psicológicos que se destacan para solucionar los problemas que se le enfrentan. Se trabaja en la creación de las maneras de reaccionar del personaje ante determinadas situaciones, que muchas veces son distintas a las tuyas. Eso es muy copado de hacer. En este caso es un personaje sumamente triste. Es alguien que se convierte en un autómata de un sistema de trabajo y cuando lo corren de ese lugar, se confunde. Su trabajo es su sueño en la vida, perdiendo el eje afectivo sobre su familia. Vivir en la ciudad es para él lo más importante, no estar ahí es caer en la indigencia, lo cual es una locura.
– ¿No puede tu personaje apreciar vivir en contacto con la naturaleza?
– No, porque no está sano, no ve la parte positiva de nada. Colapsa y mal interpreta todo. Lo único que le interesa es lo que en su cabeza significa no bajar de clase. El se queda siempre detrás de la zanahoria que él mismo ofrece. la vida de ensueño y confortable, pero todo en el marco de lo material. Es un personaje sin espiritualidad. En ese sentido es bravo de hacer. Las escenas que me tocó hacer son para describir cinematográficamente donde está parado el personaje desde lo humano. Y en ese sentido, es alguien que nunca se mira al espejo para pensar “¿Qué es lo que estoy haciendo?”. Sino lo contrario, se obsesiona con los demás, lo atraviesa la envidia, la avaricia, y encima no se da cuenta. Es un soldado del sistema que ya no tiene combustible e insiste en ser parte de ese sistema que lo expulsa. Es una alienación muy solapada, es un proceso interno que no entiende nadie. Tampoco es alguien con gran lucidez, no entiende lo que le ocurre, ni tampoco es alguien con heroísmo. El tipo se vuelve loco de a poco en el trabajo y pierde todo.
– ¿Vos podés, en épocas de mucho trabajo, buscar el equilibrio para no alejarte de tu familia?
– Por suerte sí. Reconozco que me obsesiono con algún personaje o con algo de trabajo y me cuesta ver con claridad, pero ahí debe aparecer la lucidez para ver lo que es importante, que el árbol no te tape el bosque. Me gusta mucho trabajar, pero a veces uno tiene días en los que sabe que no va tener un espacio propio y eso aniquila a cualquiera, pero tratás de manejarte. Tratás de pasar esos momentos, pero después buscar pasarla bien.
– ¿Te resultan interesantes los problemas económicos como eje temático en los guiones?
– Cuando provoca una distorsión psicológica sí, es interesante. Es un puente para hablar de otras cosas. Hasta qué punto los problemas en el sistema productivo, en el sistema económico, provocan la deshumanización de las personas, y en consecuencia una enfermedad, es ahí donde el foco se vuelve interesante. Pero acá se muestra como alguien ya venía enfermo, destruido y cómo a eso se le suman las dificultades económicas. Es alguien abatido, bombardeado, y las supuestas dificultades económicas le hacen aflorar problemas que estaban ahí.
– ¿Tratas de armar el mapa psicológico de cada personaje que hacés?
– No, si sé la letra, trato de vivirlo con naturalidad. Lo que no me gusta es no reflexionar sobre lo que acabo de hacer, hablo con el director, con mis compañeros. No me gusta hacerlo así nomás y pasar a otra cosa. Me gusta descansar, tomarme mi tiempo para reflexionar.
– ¿Hay algo de psiquiatra en vos como actor?
– No sé cómo hubiera sido mi formación intelectual como actor si no fuese psiquiatra. Empecé a estudiar teatro en la carrera de medicina, y todavía no sabía que quería ser psiquiatra, o sea que es algo que no tengo claro. Creo que tenía la misma mentalidad que ahora para encarar las cosas. Yo lo tengo separado, para mí soy psiquiatra y actor, por separado, son dos partes de mí, pero la manera en que se filtra una sobre otra no te lo puedo asegurar. Lo que sí sé que a partir de que conté ese pasado mío, el interés periodístico por ese tema no cesó. Tanto que muchos que me saludan en la calle me lo recuerdan. Pero bueno, no pasa nada.
– ¿Qué decís cuando a los actores se le pregunta sobre temas fuera de su labor?
– Y es medio una cagada, porque tenés que opinar a veces sin saber. No es que tenés que opinar, pero si te preguntan quizás decís lo que a vos te parece pero sin pretender tener razón. Es una tómbola. En la mesa de Mirtha Legrand, me ponen con Nelson Castro, a quien respeto, pero dice que la presidenta tiene una enfermedad psiquiátrica, y yo como colega médico también intervengo porque me parece que no era tan así. Para mí era sentido común, pero después el revuelo y la compaginación arman tremendo lío. Para un lado o para otro, en contra o a favor, y se deforma el intercambio que pudimos tener en vivo. Ahora hay una polarización tremenda que tiñe todo y es una cagada. Mucha gente, por ejemplo, ni mira En Terapia por que sale en la TV Pública. Eso es un paso que hay que transitar, para en algún momento decir, «bueno basta, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa». Creo que va a llegar ese día.
Inspirada en el exilio económico
Fernando Molnar – co-realizador del documental argentino Mundo alas, basado en una gira musical por la Argentina realizada entre 2007 y 2008 por León Gieco junto a un grupo de jóvenes artistas con capacidades diferentes por diferentes- debuta en el terreno del largometraje de ficción con la comedia negra Showroom, contando con un guion de su creación pero también suscripto junto a Sergio Bizzio y Lucía Puenzo, dos importantes referentes del guión en la industria local.
Durante la última edición de Pantalla Pinamar, el ya clásico encuentro cinematográfico argentino – europeo, de la ciudad balnearia, donde se proyectó el film, el director manifestó que la película muestra como una vivencia personal «el exilio económico de la década del 90, donde muchas familias se tuvieron que ir de esta ciudad y no veían la forma de volver» le sirvió de inspiración. «Ese exilio económico significaba no pertenecer más a una sociedad acomodada, a no tener los amigos del club o del café. Eso, sumado a mi pasión por el análisis del comportamiento humano que lo traigo del documental, conformó la historia», agregó.
La primera ficción de Molnar participó también del Festival Internacional de Cine de Punta del Este, en la 21 Mostra de Cine Latinoamericano de Catalunya, y fue ganadora de WIP Unasur Cine Premio Cinecolor Argentina.
«Este universo de la venta inmobiliaria me gustó, son esos lugares que te venden una ilusión de vida en donde todo parece perfecto, pero en realidad nada funciona», dijo Molnar. En ese sentido, consideró que en esos lugares «los departamentos son minúsculos, además, te ofrecen una parrilla en la terraza que parece de papel, y ponen que tiene piscina y es un jacuzzi de uno por uno. Todo ese universo de plástico y de ilusiones es algo que me interesó mucho».
«La suma de universos de mensajes de situaciones personales resultaron esta idea de película», afirmó el director, y añadió además que los filmes «no dejan un mensaje único».
Fuente Tiempo Argentino.
Periodista: Nicolás Peralta
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