ENTREVISTAS
Muscari: «Tengo una vida tan buena que no la voy a compartir con cualquiera»
volanta
Debutará con “Leonas” junto a Nazarena Vélez, Carmen Barbieri y Carlos Calvo en Mar del Plata. Amores, paternidad y frustraciones personales.
Es viernes, 15 pm. San Telmo, Buenos Aires. Es un dúplex pero bien podría ser otra cosa: un templo de arte; la pulcritud; esa ansiada tranquilidad que deviene de toda armonía. Sentado en un sillón rojo, lo rodean adornos hindúes y cuadros que recuerdan a las principales actrices de sus obras, su familia y admiración por Marilyn Monroe.
Muscari –como le gusta que le digan- habla pausado, enfatiza en algunas frases y cambia de posición a cada rato. No está nervioso, ni incómodo. Sólo concentrado en lo que dice, como quien conoce la importancia de cada palabra en una idea. “Me gusta que la gente separe mis productos de lo que soy y que se destierre ese mito de que estoy trabajando todo el tiempo”, advierte.
– Perfil.com: ¿Quién es José María Muscari?
– Muscari: Soy una persona en construcción continua, un ser imperfecto, con permanentes estallidos de felicidad, pero sin la sensación de ser feliz todo el tiempo porque la gente que es feliz todo el tiempo me parece gente idiota. A diferencia de lo que transmiten mis creaciones, soy muy clásico, alejado de todos los excesos. A la hora del sexo, los disfraces me aterran y a los juguetes sólo los quiero ver en las jugueterías. Soy un agradecido de las cosas que me pasan, porque trabajé para lograrlas. Aunque, al margen de que me vaya muy bien en algunos aspectos, en otros, siento que soy un ser con fallas, totalmente perfectible, por eso voy a terapia.
– ¿Cuáles son esas fallas?
– Mi talón de Aquiles es mi aspecto amoroso. Mi trabajo fluye y, en el ámbito personal, no me enamoro fácilmente. Considero que el amor es algo muy elevado y entonces no me pongo en pareja con cualquiera. Me cuesta encontrar a alguien con el cual quiera compartir mi vida.
– En un comienzo compartiste esa vida con mujeres, ¿cuándo te dejaron de atraer? ¿Y cómo lo asimilaron tus padres?
– Fue a los 20 años cuando fui a bailar y un chico me preguntó si me podía besar y acepté, diciéndole que era un juego y que al otro día nos íbamos a olvidar de todo. A partir de ese momento, nada fue un juego o sí. Volví a estar con mujeres, funcionaba muy bien sexualmente pero emocionalmente ya no sentía nada. Mi mamá un día encuentra una foto mía con mi novio de entonces en un cuaderno personal y le cuento que era mi pareja. Me abrazó y dijo que me iba a apoyar siempre. En cambio, con mi papá nunca se me presentó la situación de tener que contárselo. Se murió hace poco y creo que se fue sabiéndolo, sin tener que preguntármelo. Desde ese momento, estuve en pareja diez años con diferentes hombres y, ahora, hace 4 años que estoy soltero. Por eso lo emocional es una zona fértil a construir, a plantar y sembrar.
– ¿Te preocupa?
– No, el amor nunca me preocupó. Me gustaría que me incomode un poco más estar soltero. Conozco muchas personas que precisamente por preocuparse consiguen entablar y sostener relaciones con mayor frecuencia. Aunque suene un poco soberbio, en mi caso, siento que tengo una vida tan buena que no la quiero compartir con cualquiera.
– ¿Quiénes fueron esos afortunados?
– Tuve cuatro parejas importantes, dos de dos años y dos de tres. Fueron un médico, un camarógrafo, un físicoculturista y un publicista. Personas con las cuales aprendí, y sé que ellos también conmigo. Me gustaba que no tuviesen relación directa con mi profesión. Realmente no puedo estar con alguien que haga lo mismo que yo, me deserotiza. Tuve oportunidades con personas del medio pero las deseché. Me gusta llegar a casa y no hablar de mi trabajo, conocer un mundo nuevo.
– ¿Parte de la inseguridad de que te busquen más por el Muscari famoso que por el privado?
– Puede ser que a veces sienta que aquellos que se acercan del medio lo hacen más por el lugar que ocupo que por lo que soy. Tampoco es algo que me quite el sueño. Por ahora soy feliz así. En esta época donde el amor pasa más por WhatsApp, por los emoticones que por las relaciones piel a piel, prefiero estar solo hasta que llegue el indicado.
– A propósito, manifestaste tu deseo de adoptar como padre soltero, ¿te pusiste una fecha concreta?
– No. Tampoco quiero hacerlo de viejo. Hoy no puedo imaginarme como padre por mi vorágine laboral, un hijo merece tiempo. Sí tengo decidido adoptar. La paternidad es una decisión tomada, no una expresión de deseos. Sé que va a llegar, tarde o temprano. Creo más en la ley del afecto que en la de la sangre. Y me di cuenta que es más un proyecto personal que compartido. Sí es de a dos, mejor. Pero mi paternidad va más allá de mi estado civil.
Anfitrión, servicial y obsesivo de la limpieza. Así es Muscari en su hogar. Tan espontáneo y predispuesto como lo evidencian sus trabajos. Sin embargo, en ciertas ocasiones, dejarse llevar plenamente por su intuición en la elección de sus elencos, le generó algunos problemas: las peleas entre las actrices de su obra “Familia de mujeres” es un claro ejemplo de ello.
– ¿Qué te dejó la temporada pasada en Villa Carlos Paz?
– Con “Familia de mujeres” aprendí que no hay que guiarse plenamente por la percepción, que hay que oír más: el otro cuando habla dice cosas muy claras sobre lo que es y uno a veces no las quiere ver. En ese momento fui muy egocéntrico, no quise escuchar referencias porque estaba seguro que iba a poder solo y me confundí en el casting. Más allá de que le fue bien de público, ese espectáculo significó una frustración personal. Pero la vida se constituye de situaciones buenas y malas. Porque ese mismo verano tuve la felicidad de haber aceptado hacer una obra popular y exitosa como “Los Grimaldi” con Naza (Vélez).
– A propósito de Nazarena Vélez, desde el suicidio de su marido y, por otro lado, con la pérdida de tu amiga Norma Pons, la muerte indirectamente estuvo presente en tu vida, ¿pensás en ella a menudo?
– Pensé en la muerte previamente el año pasado con mi obra “Póstumo”, que era una reflexión sobre la vida, la muerte, qué pasa con el cuerpo, el más allá, si existe el cielo, el infierno, el purgatorio. Después lo que me sucedió es la vida: asimilar dos ausencias como las de Norma y Fabián desde lo personal y profesional. Con respecto a “La casa de Bernarda Alba”, la obra siguió con la mayor entereza y naturalidad, entendiendo que Norma se fue en un momento muy bueno de su vida. En cuanto a lo de Fabián, la pérdida de una persona tan joven y de una manera tan antinatural es incomprensible e irreparable. Y sólo alguien que estuviese en su cabeza podría entenderlo. Lo único que puedo hacer es quedarme con sus mejores recuerdos. A la muerte hay que tomarla como lo que es: algo natural, que a veces llega en momentos inesperados y otras, más previsibles. Pero siempre la tengo presente desde ese lugar, como algo aceptable. No le tengo miedo, sólo respeto.
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