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ENTREVISTAS

Cormillot: «La realidad del país es delirante»

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La alimentación saludable es sólo una de las facetas de este peronista rebelde e inquieto, amante del tap y fanático de los animales.
El consultorio en el que trabaja hace 34 años conserva libros de páginas gastadas, fotos por doquier, cientos de regalos e infinidad de anotaciones dispersas por el escritorio. A pocos metros y siempre firme, está Mirta, la secretaria que hace 45 años maneja la puntillosa agenda del doctor más reconocido al momento de hablar de alimentación saludable.

“Acá tengo toda mi vida”, resume Alberto Cormillot, mientras despliega una pequeña libreta impresa llena de cuadros, fechas y cuadros desplegables. Sólo con ese ritmo se entiende que a los 78 años haya completado un currículum de cifras increíbles: más de 50 libros y 7000 artículos publicados, 35 posgrados en obesidad, 254 congresos. La lista es interminable.

Fue un pionero en el tratamiento de los trastornos alimenticios, introdujo en el país el bypass gástrico y las dietas personalizadas on line. Maneja la clínica de Nutrición y Salud, Dieta Club; dirige dos carreras en la Universidad ISALUD; fundó grupos de autoayuda para diversas adicciones e impulsó la ley nacional que reconoce como enfermedades a la obesidad, la anorexia y la bulimia. “Lamentablemente, nunca se reglamentó porque toca muchos intereses”, explica.

– Perfil.com: ¿Cómo decidió estudiar medicina?

– Alberto Cormillot: Me recibí para no tener que aguantar más a mi madre. Cuando terminé el secundario estuve tres años dando vueltas. Fui extra de cine en algunas películas, quería hacer otras cosas. Pero mi vieja me hinchó tanto que terminé dando las 27 materias que debía en la universidad en 14 meses.

– Era rebelde…

– Hice cuatro años en el Liceo Naval hasta que me echaron porque no quise aceptar las reglas. El último año lo terminé a escondidas, anotándome en otro colegio a través de unos amigos. Di todo libre y llegué a mi casa con el diploma y con la noticia de que me habían echado del Liceo. No me pudieron decir nada.

– ¿Cómo se llevaba con sus padres?

– Los adoraba. Mi papá era cobrador de la luz en la empresa Ítalo Argentina de Electricidad y mi mamá trabajaba de enfermera a domicilio y en la farmacia de mi abuelo. Yo nací literalmente en la farmacia y me crié jugando con bolitas de naftalina y acomodando jabones. Mi madre me enseñó a ayudar a la gente. Eso es lo que hago y lo que quiero hacer: ayudar y llegar a la mayor cantidad de gente posible de una manera amigable.

– ¿Por eso decidió convertirse en una persona mediática?

– Sí. Me considero un traductor. Soy una máquina de estudiar y corregir, puedo pasarme horas, tengo incapacidad de aburrimiento. Leo sobre todo y luego lo transmito. Aprendí estudiando a los mejores, a los líderes carismáticos. Una vez me fui a ver a Tibor Gordon, un manosanta que juntaba enormes cantidades de gente, para pedirle consejos de cómo comunicar para ayudar.

Cormillot participó en más de 12 mil programas de radio y tv. Hoy comparte el aire de la Mitre con Horacio Caride, de 5 a 6 de la mañana y luego hace una columna en Cada mañana que conduce el periodista Marcelo Longobardi. “Es el trabajo que más disfruté hacer en estos 50 años de permanencia en los medios”, admite el doctor.

– Pero ahí, aunque también habla de medicina, recurre mucho al humor político.

– Hago un personaje que se llama “El candidato”, que presenta propuestas políticas de una manera distinta, irónica, con mucha crítica de la realidad.

– ¿Qué opina de estos diez años de gobierno kirchnerista?

– El balance no es muy bueno. Se destruyó la cultura del trabajo. La palabra disciplina fue bastardeada y un país sin reglas está perdido. La realidad del país es delirante.

– ¿Cómo ve las políticas públicas de salud implementadas desde Nación?

– ¿Qué políticas? Todavía no vi ninguna. Se gastan millones en tratamientos de cáncer y HIV, pero no hay una sola campaña de detección temprana del cáncer, la diabetes o la hipertensión. Se podrían hacer muchas cosas. El Ministerio de Salud no está sólo para entregar medicamentos y dar vacunas.

– ¿Se siente identificado con algún cuadro político?

– Soy peronista histórico por herencia familiar, pero hoy no sabría definir muy bien al peronismo. Tuve tres cargos políticos y me han ofrecido otros desde muchos lugares, pero me siento cómodo con lo que hago. Sin embargo, siempre que hay elecciones me hacen alguna mala jugada como preventiva por si se me ocurre presentarme en la oposición.

– ¿Cómo fue que empezó a bailar tap?

– Una vez estaba dando una charla sobre obesidad y en un momento expliqué que el fracaso de una dieta se debía a que ésta no se tomara como prioridad. Dije que uno postergaba lo importante y puse come ejemplo que hacía 30 años que mi sueño era aprender zapateo americano, pero que otras cosas habían lo habían relegado. Entonces, uno de los presentes me dijo: “Ya que habla tanto, por qué no lo hace”. Tenía razón. Así que a los 68 años empecé a tomar clases y hoy ya he participado de varios espectáculos. Incluso aprendí a hacer aéreo, jazz, y otros bailes.

– También incursionó en la cocina

– Un fracaso. Hice cursos con (Guillermo) Calabrese y con Estela Dima, pero nunca pude aprender a cocinar. Por suerte siempre tengo alguien que me termina haciendo de comer.

– ¿Qué fue lo más duro que le tocó vivir?

– Hace unos años tuve dos complicaciones de salud. Me detectaron cáncer de hígado y de cólon. Las dos veces me operaron con éxito, aunque en el último post operatorio sufrí una infección que casi me mata y la pasé muy mal.

– ¿Le tuvo miedo a la muerte?

– No. Sólo me preocupaba lo que pasara con todo lo que armé en estos años. No quiero que mi familia sea “Cormillot-dependiente” y le complique la existencia a mis hijos cuando ya no esté. La única vez que le tuve miedo a la muerte fue cuando fui a Irak de voluntario en 2001 durante la invasión norteamericana. Fui con el comité cívico-militar de reconstrucción de Bagdad y colaboré con las autoridades del hospital Al-Kindi. Ahí sí, llegó un momento en el que me pregunté “Por Dios, ¿qué hago acá?”. Pero ya estaba ahí.

– ¿Qué lugar ocupa la familia?

– Uno muy importante. Con la madre de mis hijos hicimos todo esto, nunca me divorcié. Adrián y René trabajan con nosotros. Nos juntamos a comer dos veces por semana. Los animales también son una parte fundamental de mi vida. Tengo siete perros, un gato, la tortuga y muchos peces. El fin de semana es de ellos.

– ¿Y los amigos?

– No tengo muchos porque la amistad es algo que se cultiva con el tiempo, cosa que no tengo. Me junto con algunos de hace años a comer una vez por mes, pero hoy mi prioridad es el trabajo y el tap.

– ¿Siente que le quedan muchas cosas por hacer?

– Un montón. Corregir, escribir, estudiar. Lo que más me gustaría es hacerme tiempo para escribir un libro de ficción. Sólo puedo mirar para adelante, el espejo retrovisor está un poco empañado.

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