ENTREVISTAS
Vigo Mortensen: «Una estrella de cine hoy es un producto»
volanta
Tenía siete años cuando de la mano de su mamá entró al cine a ver Doctor Zhivago (David Lean), protagonizada por Omar Sharif, «la rosa púrpura del Cairo», de su progenitora. «Ella me llevaba a ver películas sofisticadas. Íbamos mucho al cine y nos gustaba ver cómo eran las salas, los edificios… recuerdo que paraban las cintas en la mitad y comprabas pochochos o chocolates. Así vi Martín Fierro de Nilsson, por ejemplo, que me encantó. Mi mamá siempre tuvo pasión por el cine. A mí lo que más me gustaba era ver cómo ella miraba las películas, cómo se fascinaba. Yo creo que mi madre hubiera sido una buena actriz y le hubiera gustado, pero era otra generación», recuerda Viggo Mortensen, en el salón de un céntrico hotel marplatense. Allí presenta Jauja, film de Lisandro Alonso que participó de la Competencia Internacional del Festival de Cine y que esta semana llegó a las salas del país.
Para el actor de origen danés, infancia latinoamericana y presente neoyorkino, hablar de las películas en las que participó no es una tarea tediosa. Según Tiempo Argentino, si sale a venderla es porque él ya compró. Es parte de mi trabajo, por eso dudo y pienso mucho antes de decir que sí. Si uno hace bien su tarea, o al menos como me gusta hacerla a mí, hay que preparar a fondo el personaje, meter toda tu energía y tu concentración en el trabajo de equipo y ayudar a promocionar la película por todos lados. Es un proceso largo y vale la pena pensar bien si se trata de algo que te gustaría ver».
Fue un verdadero placer rodar en Río Negro, La Pampa y en Santa Cruz con Lisandro y su equipo, contando en familia un cuento singular, cruzando las llanuras con un pingo criollo.
–¿Qué tiene Jauja para que ahora estés hablando de ella?
–Me pareció una propuesta muy interesante. Primero me la contó Fabián Casas (guionista y amigo de Mortensen) y después conocí a Lisandro Alonso y me contó un poco más sobre las aventuras de este hombre (interpreta al capitán Dinesen, de origen danés) a quien se le escapa la hija con un joven, en medio de la Patagonia, un lugar que ve como peligroso, estando ya en un país extraño. Lo sentí como un comienzo clásico para una aventura diferente. Esta es una película con muchas capas, para verla varias veces, no sé si con una vez es suficiente.
–¿En que momento de tu carrera llegó Jauja?
–Nunca se sabe si un laburo es el fin de una etapa o un comienzo. Puede que Jauja haya llegado en el ocaso de mi carrera, o que recién empiece a aprender a trabajar de una manera consistentemente eficaz. En lo personal, esta película me ha dado una linda oportunidad para echarle un buen vistazo a todo lo que me pasó desde mi crianza en la Argentina hasta este momento. Fue un verdadero placer rodar en Río Negro, La Pampa y en Santa Cruz con Lisandro y su equipo, contando en familia un cuento singular, cruzando las llanuras con un pingo criollo.
–Al no estar la historia en primer plano, ¿cómo es para el actor la vinculación con el guión literario?
–En este tipo de películas hay cosas que van sucediendo ahí y eso está bueno. Por ejemplo, cuando el capitán va caminando en las piedras y se resbala es algo que pasó ahí y dije eso de qué país de mierda, que resultó muy gracioso y quedó. Trabajamos unos días antes de rodar con el guión y lo importante era estar seguro de que estaba bien el mapa, donde íbamos, fue algo distinto, donde lo escrito no era lo primordial, pero te vas adaptando. También me gustó mucho todo el tema del idioma y la adaptación al danés, donde aparecen cosas que no esperabas y es una sorpresa grata. Hay ciertos guiños que por cuestiones idiomáticas unos entienden más que otros o lo comprenden de otra manera. Yo en Cannes estaba sentado en la misma fila con daneses y se reían todo el rato cuando los franceses no se reían tanto. Yo no creo que este hombre piense un momento que es como Don Quijote, tiene su torpeza y está fuera de su lugar, pero cree que hay una manera de enfrentar las cosas y es absurdo en ese paisaje, con su uniforme y sus cosas.
–¿Cómo fue el rodaje?
–Fue arduo en lo físico para todos pero nos reímos mucho, la pasamos bien. Nos juntábamos para buscar algo de comer, cocinábamos. La película se hizo en familia, fue una experiencia ideal en lo colectivo.
–Después de trabajar en megaproducciones de Hollywood, parecés un rockero que deja la banda para arrancar solista en algo más austero.
–En realidad, quienes han trabajado conmigo en películas de alto presupuesto saben que también yo soy así. Me preocupo por el vestuario, por cómo se utilizan los objetos que tengo de utilería, hablo con toda la gente que me puede ayudar. El rodaje es una especie de circo ambulante, un universo bastante completo en lo creativo. A mí me interesa aprender, sea una película chiquita o una megaproducción.
–Sos considerado una estrella de cine, pero en apariencia no vivís como tal. ¿Qué define a una estrella de cine y qué te diferencia de esos parámetros?
–Hago mi trabajo e intento respetar el de los demás. Una estrella de cine hoy en día me parece que es, claramente, un producto. Así de claro; y cuando, además de venderse a sí mismo, la supuesta estrella también vende perfumes, relojes, café o autos de alta gama, es difícil olvidar el producto que ha llegado a ser y perderme en el personaje que intenta encarnar para un cuento de cine, aunque su actuación sea decente.
–¿Qué cine te interesa mirar hoy?
–No tengo un género preferido, ni una nacionalidad. Me interesa el trabajo original, las maneras singulares de contar cuentos nuevos o antiguos. Por eso me gusta tanto Jauja y el trabajo de Lisandro. Él le da a nuestro cuento de aventura, a este western argentino-danés, una mirada muy personal y compleja. Los ritmos artísticos de Lisandro, y su forma de mostrar los paisajes y de meter a los personajes en ellos, son audaces y transportan al espectador de una manera muy distinta a la que tiene cualquier otro director actual. Me interesa el cine que provoca preguntas sin dar respuestas claras. Al que me respeta como espectador, al que pide mi participación.
A lo largo de la charla varias veces Viggo evoca a su madre, como si hablar de cine lo llevara en un nexo directo a esas primeras visualizaciones en grandes salas de barrio. Hoy es él quien la lleva de la mano a muchos de sus estrenos, Alfombra Roja incluida. De esos artificiales y divertidos eventos recuerda uno en particular. En 2004 Mortensen rodó Hidalgo: océanos de fuego. Al estreno invitó a su mamá junto con su marido. El actor pasó por la alfombra roja a caballo y desde arriba del equino daba entrevistas y hacía responder al animal cuando no le interesaba demasiado el tema. Cuando ingresó a la sala con su madre, 40 años después de aquel Doctor Zhivago, la rosa» salió de la pantalla. No era Jeff Daniels –como en el film de Woody Allen–, claro, pero ahí estaba Omar Sharif, quien protagonizaba la cinta con Viggo. Él presentó a su madre como una gran fan y el otrora galán le tomó la mano y se la besó con una ternura impresionante», describe Mortensen, ante la atenta mirada del celoso marido, quien pensaba: ¿Qué pasa acá? ¿Se están levantando a mi mujer en mis narices?
El aporte Viggo
Para Lisandro Alonso, director de La Libertad y Los Muertos, Jauja es su primera experiencia con actores profesionales. Sin embargo, el director dice que no percibió una gran diferencia. Para mí fue medio lo mismo. Me senté y aprendí como aprendo de los que no son actores. Cuando tengo la posibilidad de pasar un mes, un mes y medio con otra gente, por mas que parezca que somos de dos mundos que diferentes estamos todos al mismo nivel, de aprendizaje y de ponerle el mismo tenor al trabajo. Eso a mí me hace informarme de cosas que me parece que me hacen bien y me hacen mejor persona. Con Viggo es fácil porque te mira de reojo y se da cuenta de todo. La actriz que actúa con él, por ejemplo, es hija de actores pero no había filmado creo que ni un corto y en la primera escena que filmamos, le dije a Viggo: ¿Che, qué se le dice a los actores? Porque ella tenía unos nervios mortales. Él se reía y me dijo: Si te gusta decile que está bien y si no te gusta decile que está bien pero que vas a hacer otra».
–¿Qué le aportó Viggo a Jauja?
–Además de su gran trabajo, yo la verdad quiero seguir haciendo películas y que estén en los cines cerca de mi casa, no en la Cinemateca así que espero que de alguna manera con Viggo, que toma ciertos riesgos, tal vez se lé de más visibilidad a esta propuesta de un cine que no es ni mejor ni peor, es uno más. Ojalá la presencia de Viggo aporte una curiosidad.
Un papá a lo Jauja y una mamá curiosa
–Contás que el amor por el cine llegó a través de tu mamá ¿Tu papá a qué se dedicaba?
–Tenía una granja en Dinamarca y no terminó la escuela, se fue a los 14 años. Después logró entrar en una universidad, una Business School de los Estados Unidos y se enseñó él mismo a hablar inglés pero nunca perdió el acento que tiene. No sé cómo logró ser aceptado pero hizo en dos años una carrera de cuatro. Trabajó en varios negocios, y lo mandaron para Sudamérica, donde sus conocimientos de agricultura le sirvieron para tener trabajos cuidando granjas. Mi mamá podría haber hecho otras cosas pero acompañó a mi papá mientras hacía sus estudios y cuidaba de mis hermanos y de mí.
–¿Siempre tuviste el respaldo de tu familia para ser actor?
–De mi padre no, mi padre me veía trabajar de barman y me decía: Esto no se te da, es una pérdida de tiempo. Es un poco como el personaje de Jauja. Pero después le gustó y ahora que me va bien siente que el tiempo me dio la razón. En cambio mi mamá siempre se interesó por mi trabajo, quería saber el nombre del director con el que trabajaba, cómo era el personaje, la historia. Estaba muy encima y ahora que ya es mayor extraño un poco todo eso.
–¿Te gustaría dirigir? ¿Qué tipo de historias te interesaría contar?
–Creo que lo haré, tarde o temprano. Tengo un par de cuentos que me gustan, pero todavía no he decidido ni cuál contar, ni cuándo podrá ser.
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