Connect with us

OPINIÓN

Evocación de los 70 años del sueldo anual complementario. Por Gonzalo Cuartango

volanta

Published

on

Ó una vuelta sobre las ideas de Johm Mainard Keynes, Juan Domingo Perón y los tiempos que corren.

Se cumplieron hace unos días los 70 años de la sanción de la Ley que impuso el pago del Sueldo Anual Complementario y desde estas líneas voy a tratar de trazar un panorama de los alcances del instituto y de los efectos prácticos que tuvo y tiene el establecimiento de la más radical de las medidas keynesianas que haya adoptado gobierno alguno de nuestro país.

No me llevo muy bien ni con la historia ni con la economía, de manera que esos dos acápites, que son centrales en el planteo de este instituto jurídico, porque su abordaje permitiría conocer el nacimiento y el desarrollo del instituto de que aquí, trato los dejo para quienes puedan realizar su abordaje con más entusiasmo y mejores conocimientos que yo.

Todos los manuales de Derecho del Trabajo que puedan ser consultados en cualquier biblioteca pública de cualquier ciudad del país, van a dar cuenta de cada uno de los pasos cumplidos por este concepto absolutamente revolucionario con la precisión, con la nitidez y con las ansías que amerita un estudio profundo sobre el tema.

La intención de este trabajo es focalizar la cuestión sobre otros aspectos que son tan importantes como aquellos pero que, quizás, quedan afuera de los estudios que hacemos los doctrinarios del derecho cuando nos ponemos la toga y tratamos de hacer del derecho un laboratorio de ideas complejas que no siempre tienen correlación con la realidad.

Voy a tratar de explicarme. El Sueldo Anual Complementaria es, para mi gusto, la medida más revolucionaria, más progresista y de mayores alcances que haya tomado ningún gobierno en la República Argentina. Tal como su nombre lo indica, el Sueldo Anual Complementaria significa el pago de un salario anual más a cada trabajador. Esto es, ni más ni menos, la carga que impuso la legislación que primero sancionó la obligación como una carga que el empleador debía cumplir al finalizar el año calendario y que luego fue desdoblada en dos momentos.

Significa que el empleador deberá pagar trece salarios al año y que el trabajador percibirá un salario más al año por el solo hecho de poner su fuerza de trabajo a disposición del empleador. Pero significa, además, una enorme redistribución de la riqueza que tiene enormes consecuencias en la economía del país.

Y sin pensar mucho en las consecuencias de lo que voy a decir, me animo a en este momento a afirmar que la sanción de la norma que impuso el pago del Sueldo Anual Complementario significó el momento en que Juan Domingo Perón se vistió de John Mainard Keynes y dejó su sello indeleble en la historia de nuestro país, pero también en su cultura, en la economía y en la concepción de los momentos en que se percibe el Sueldo Anual Complementario como dos instancias que modifican el ciclo económico y la vida cultural de los argentinos.

Nuevamente voy a tratar de explicarme. John Mainard Keynes fue un economista británico del Siglo pasado, cuyas ideas tuvieron un enorme desarrollo en la etapa posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando con la economía de los Estados que participaron en ese primera gran confrontación mundial absolutamente quebrada, Keynes propuso que la actuación del Estado debía ser más activa que nunca, exactamente a contramano de lo que proponían muchos de los estudiosos de la ciencia económica de aquel momento.

Quizás la frase que distinga con mayor nitidez la propuesta económica de Keynes y que mejor sirva a la definición que trato de trazar en estas líneas es aquella que sirvió como respuesta a una discusión que mantenía con un economista de una línea claramente contraria a la propiciada por Keynes. Aquel economista sostenía que en el estado de cosas que se verificaba con posterioridad a la Primera Guerra Mundial la intervención del Estado debía limitarse a las cuestiones mínimas indispensables y que todo el desarrollo de la economía debía quedar en manos de los capitales privados, porque un Estado quebrado no estaba en condiciones de hacerse cargo de las actividades que podrían dar lugar a la reactivación de la economía.

La respuesta de Keynes a este planteo fue tan sencilla como directa y contundente. Sin asegurar la veracidad de las palabras que usó en aquel momento, Keynes replicó que si el Estado no tenía ninguna actividad que cumplir, porque estaba quebrado, lo que debía hacer era comenzar a hacer pozos, porque de esa manera comenzaría a generar actividad económica que daría recursos a los trabajadores que se abocaran a hacer esos pozos y que esos trabajadores volcarían sus salarios a la economía del país que, de esa manera, comenzaría a reactivarse. Y que, si terminados esos pozos no había otras actividades que cumplir, el mismo Estado debía taparlos.

Desde aquel momento todas las teorías que impulsan la actuación del Estado como motor para reactivar la economía de cualquier país son denominadas como keynesianas por oposición a todas aquellas otras teorías que tienen el rasgo de limitar la intervención del Estado a las funciones más elementales, mínimas e indispensables, a las que la ciencia económica denomina “liberales”.

La sanción de la norma que impuso que los empleadores deberían pagar un decimotercer salario por año es, sin ningún lugar a dudas, la más keynesiana de las medidas que pudo haber adoptado el General Perón hace ya 70 años. Porque pagar a un trabajador un salario anual más significa que ese decimotercer salario se va a incorporar a la actividad económica del país en forma casi inmediata. Es que el trabajador asalariado difícilmente vaya a dedicar ese ingreso extra que se genera dos veces por año, en los meses de Junio y Diciembre, para ahorrar, porque el trabajador destina su salario a la subsistencia cotidiana. Y, en consecuencia de ello, en el momento en que percibe su Sueldo Anual Complementario lo vuelca a la actividad económica de manera casi inmediata.

De ello se sigue que el Sueldo Anual Complementario o Aguinaldo tiene un efecto multiplicador sobre la economía de cualquier país, porque el trabajador que percibe su Aguinaldo lo utiliza para comprar aquellos productos a los cuales no puede acceder con su salario regular ó para cancelar las cuotas de los productos que compró mediante planes de ahorro ó de crédito, con lo cual la activación de la economía es una consecuencia inevitable del pago del Sueldo Anual Complementario en los términos en que Keynes propugnaba que el Estado debía intervenir en la economía de los Estados que habían participado de la 1ª Guerra Mundial, aunque más no fuera para hacer un pozo y posteriormente taparlo, porque al generase trabajo el producido de ese trabajo se volcaría a la economía del país, que comenzaría, de esa manera, con un círculo virtuoso.

Nada más y nada menos que ese es el efecto principal que tiene el Sueldo Anual Complementario en nuestro país. Cada vez que el calendario anticipa la fecha de pago de las dos cuotas en que se divide el Aguinaldo en la legislación argentino, de manera inconsciente, los trabajadores toman nota de las cosas que tienen que comprar ó de las obligaciones que tienen que cancelar. Y de manera inconsciente también los comerciantes saben que se producirá una inyección de dinero en el circuito económico que generará una cantidad de dinero circulante que modificará el ámbito económico y el ánimo de los operadores del mismo. A nivel de la teoría económica mundial, Keynesianismo puro; a nivel de nuestro país, peronismo puro.

Dos hechos puramente fácticos me van a permitir graficar mis palabras: vivo en pleno Centro de La Plata, Capital de la Provincia de Buenos Aires, y una vez por año, al acercarse las festividades de Navidad y Año Nuevo, se realiza en “mi zona céntrica” la Noche de las Vidrieras; esa actividad comercial consiste en que un día determinado los comercios de la zona céntrica extienden su horario de atención más allá de cualquier jornada de trabajo y el día trabajan en el horario de 20 a 24 horas; este año la Noche de las Vidrieras se desarrolló el 17 de Diciembre de 20 a 24 horas y como ocurre cada año fue un verdadero “hormiguero de gente” que aprovechaba para hacer sus compras navideñas.

Estoy absolutamente seguro de que si no existiera el Sueldo Anual Complementario como lo prevé la legislación de nuestro país, ese efectos sería imposible, porque, si bien ese día todavía no se había producido el vencimiento del pago del Aguinaldo, la sola previsión de que el asalariado cobraría esa porción extra que contempla la legislación de nuestro país permitió que muchísimos asalariados volcaran a la actividad económica el dinero que tenían destinado a celebrar esta época del año que tanta trascendencia tiene para los argentinos. A nivel de la teoría económica mundial, Keynesianismo puro; a nivel de nuestro país, peronismo puro.

Pero, incluso, desde el otro lado del mostrador, el que agrupa a aquellas personas que deben abonar el Sueldo Anual Complementario, y que, en consecuencia, resultan afectados por esta medida que tan francamente estoy elogiando, recuerdo claramente que mi abuelo materno era un comerciante de la ciudad en que “nació” el Peronismo, Berisso; el comercio de mi abuelo era una mueblería que se encontraba sobre una de las avenidas, la Avenida Ríode Janeiro, que canalizaba el acceso de trabajadores a los frigoríficos que hicieron famosa a la ciudad y que dieron lugar a las marchas que, encabezadas por Cipriano Reyes, dieron lugar a otro hecho histórico para el Peronismo de nuestro país, el 17 de Octubre de 1.945.

Todos los trabajadores que llegaban para trabajar en los Frigoríficos de la ciudad de Berisso desde La Plata y Ensenada “debían” pasar por la mueblería de mi abuelo y así era casi inevitable que compraran a crédito para pagar mensualmente los muebles que necesitaban para sus casas. Vale decir, que mientras funcionaron los Frigoríficos en la ciudad de Berisso esa mueblería fue una especie de “supermercado” que vendía mucha cantidad de muebles a crédito mensual. Una pequeña empresa muy redituable. Cuando cerraron los frigoríficos, comercialmente la zona murió y con ella la mueblería.

Pero lo que aquí viene a cuento es que mi abuelo no era, precisamente, un peronista. Al contrario, por ser el titular de una pequeña empresa muy redituable, su visión era más la de un empleador que la de una persona que vive de su salario. Y, en consecuencia, de ello las grandes banderas del peronismo le eran ajenas y hasta las repudiaba. Pero el momento en que se pagaba el Sueldo Anual Complementario era un momento en el que le brillaban los ojos. El sabía que en esa época aumentaban las ventas en forma casi inconsciente y mejoraba la marcha del comercio en forma indefectible, de manera que, a pesar de tener que pagar el Aguinaldo de sus empleados y de aumentar los costos que tenía que afrontar, el gusto por el salto que daría la actividad económica se le escapaba en una sonrisa que era más fuerte que su antiperonismo y le marcaba los surcos de la cara de la manera en que solo el futbol y los nietos podíamos lograr. Reitero lo que dije previamente, a nivel de la teoría económica mundial, Keynesianismo puro; a nivel de nuestro país, peronismo puro.

Creo que al lector de este ensayo le debe haber quedado más que claro que las fechas, los números de leyes y de Decretos pasaron a un tercer plano en el texto del mismo. La significación y los alcances de la medida que cumplió 70 años hace unos pocos días superan en mucho los datos históricos o los números que puedan tener que ver con el decálogo numérico de las normas de nuestro país. El Sueldo Anual Complementario es la medida de distribución del ingreso más amplia, más generosa y de mayores consecuencias prácticas que haya adoptado alguna vez la política argentina. Sus alcances son tan inmediatos y tan significativos que hasta quienes resultaron perjudicados por la misma, en la medida en que debían afrontar mayores costos laborales, no pudieron dejar de reconocer lo efectos multiplicadores que sobre la actividad económica tuvo la implementación del Aguinaldo.

Sus efectos culturales son tan considerables y tan explícitos que alcanza con ver la intensidad de la actividad comercial cada vez que se acerca la fecha de pago de los Aguinaldos, dos veces por año. Casi como una mancha de nacimiento, el Aguinaldo es parte de la cultura de nuestro país y es parte del ideario del pueblo asalariado en forma tan profunda que sus efectos son, a esta altura, inconscientes. Más aún, esos efectos se perciben en quienes deben pagar los mayores costos de abonar un decimotercer sueldo anual y en quienes van a cobrar ese salario. Tan simple y tan profundo como eso.

En tiempos en que tan fuertemente debatimos sobre el rumbo económico a seguir, el recuerdo de que hace 70 años se implementó una medida de este tipo y, fundamentalmente, de los alcances y de las consecuencias que tuvo y que tiene la distribución del ingreso es un aporte que merece ser valorado adecuadamente. La significación que Keynes tiene en el mundo económico de nuestros días y la inconmensurable figura que Juan Domingo Perón significa en la vida y en la cultura de los argentinos nos debería hacer pensar de que manera vamos a encarrilar la economía argentina en estos momentos de cambio.

Creo que son las dos claves que surgen de este trabajo: Tomar en cuenta los alcances de una medida como el Sueldo Anual Complementario y obligarnos a considerar el rumbo económico a seguir en nuestro país.

Advertisement

DÓLAR HOY

Dólar Blue
Cargando...
Compra: -
Oficial
Cargando...
Compra: -

Tendencias