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OPINIÓN

«El rol de los sindicatos frente a la globalización: bases para un nuevo modelo de gobernanza» por Luciano Tosco

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La caída del Muro de Berlín, que supuso el desmoronamiento del sistema soviético, marcó una nueva etapa en el proceso de producción y acumulación del capital, afectando, consecuentemente, el sistema de relaciones laborales. Ello nos pone frente al ejercicio de reflexionar sobre el fenómeno de la globalización, de cómo éste afectó la forma de producción internacional, las consecuencias que tuvoen el mundo del trabajo y del rol que asumió el movimiento obrero en el marco de este proceso de transformación.

La globalización es un hecho. Pero esto no significa que haya que aceptar una determinada política de globalización, una determinada forma de administrarla, la cual ha estado dominada por el neoliberalismo. Empero, habría que preguntarse si es posible repensar el modelo, tal y como está planteado, de forma tal de revertir los graves problemas que ha provocado.

Tal como lo mencionara previamente, la consolidacióna fines del Siglo XX de un mundo global, trajo consigo profundos cambios en las formas de producción internacional y de organización del trabajo que se forjaron al calor de fenómenos propios de los tiempos que corren, tales como la liberalización de los mercados y del sistema financiero,el rápido y constante cambio en el desarrollo de las tecnologías de la información, la reducción de los costos de transporte y comunicación y la mayor disponibilidad de materias primas.

Por otro lado, la emergencia de nuevas potencias industriales como China e India, generaron las condiciones necesarias para la aparición de lo que podríamos definir como una globalización de la competencia, generando un doble efecto: por un lado, un aumento de las presiones competitivas para las grandes empresas y la necesidad de adoptar estrategias basadas en la reducción de costo y la búsqueda de flexibilidad y, por el otro, la progresiva homogenización de las prácticas de producción y organización empresarial,cuyas expresiones más significativas y evidentes son la externalización y subcontratación.

A su vez, el progresivo paso -en las últimas décadas-de un sistema de reglamentación internacional de las condiciones de trabajo a uno marcado por la desregularización internacional, configuró el sistema en torno a la noción de comercio justo, esto es, reconocer algunos derechos fundamentales del trabajo con el objetivo de prevenir la competencia desleal basada en la reducción de la protección del trabajo .

Finalmente, la desigualdad social aparece como parte de este modelo intrínseco donde el trabajador pierde su relación con el empleador, obteniéndola del mercado, que a su vez lo demandará en la medida en que sus niveles de aprendizaje sean superiores.En este marco, los sistemas de educación del trabajador van por detrás de las nuevas formas de producción, siendo el desempleo parte del ajuste constante de este modelo. Visto desde esta perspectiva, la formación profesional se presenta como el nuevo sistema de protección de los trabajadores, en detrimento del trabajo estable.

Podrá advertir el lector que este modelo de globalización supuso fuertes cambios al mundo del trabajo. Frente a este complejo escenario, la comunidad internacional está llamada a revertir los efectos negativos provocados por la actual etapa del capitalismo,cuya ineficiencia quedó al descubierto con la crisis financiera de 2008, por lo que la necesidad de mejorar la gobernanza de la globalización, como alguna vez lo afirmara Stiglitz, sigue siendo una asignatura pendiente.

En este camino, el movimiento obrero internacional ha tenido un rol preponderante como promotor de la lucha por la justicia social. Basta con recordar que los sindicatos, junto con otros actores sociales, fueron quienes en Seattle en noviembre de 1999 dijeron basta a este modelo, marcando un punto de inflexión en la administración tecnocrática de la globalización.

Desde aquella época, se han dado algunos pasos, quizás los primeros de un largo camino en pos de la construcción de un modelo de gobernanza más participativo y democrático.En este sentido, en el plano internacional, espacios más representativos como la OIT y el G20 fueron ganando espacio y dentro de ellos también ganaron participación los actores sociales. Este avance, que marca un retroceso de la globalización tecnocrática a favor de una globalización más democrática, está reconociendo de forma cada vez más firme la importancia del diálogo social.

Hoy en día, los sindicatos tienen voz en el G20, donde los Presidentes y Ministros escuchan periódicamente sus opiniones. También participan en bloques regionales como el MERCOSUR, donde cumplieron un rol fundamental en la génesis y consolidación de la dimensión sociolaboral, o en organismos como la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde van ganando cada vez mayor institucionalidad. La OIT, por su parte, se va consolidando como el espacio por excelencia de participación y discusión entre los Gobiernos y los actores sociales con miras a la adopción de normas internacionales.

Estos hechos, en mi opinión positivos, le aportan al fenómeno de la globalización una bocanada de aire fresco, al tiempo que fortalecen la posición y el rol del movimiento obrero en el proceso de negociación internacional. Ya no se trata sólo de defender los intereses de los representados en la fábrica o en la oficina o de participar de la política nacional para garantizar que se respeten los derechos e intereses de los trabajadores, ahora también deben participar de los Foros donde se decide cómo se gobierna, cómo se organiza el sistema internacional. Esto implica un enorme desafío, que requiere repensar el rol del sindicalismo, de sus tácticas y estrategias, pero también nos pone frente a las puertas de un modelo de gobernanza más participativo, democrático y solidario, cuyo pilar fundamental descansa en el diálogo social.

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