OPINIÓN
Todos unidos, ¿triunfaremos?
volanta
Por: Lic. Carlos Alfredo Vázquez. Soy hijo de un fervoroso militante radical ya fallecido y una madre alfonsinista (desencantada) que vivió su primera elección junto con el retorno a las urnas de 1983, año en el que juntos me vieron nacer.
Aún recuerdo las noches en vela de mi primera infancia, signadas por el cassette blanco con la chapita de bandera argentina y el sobreimpreso RA que aludía tanto a la República como al electo presidente al que siguen llamando «padre de la democracia». Ese cassette marcó muchas de mis primeras anotaciones políticas, porque en el compilado de discursos que habían servido para que Raúl Ricardo Alfonsín llegara a la presidencia de la Nación había algo que, yo no sabía bien por qué, llevaba a mi padre hasta las lágrimas en las noches frías de Bahía Blanca.
Era así. El tipo se sensibilizaba en demasía al escuchar los discursos proselitistas de Alfonsín, quizá porque el contenido de esas palabras no era únicamente proselitista. Había, además, un proyecto de país que en sus discursos seguían el legado que había dejado Alem, el que marcó el rumbo partidario durante casi un siglo: «que se rompa y no se doble». Había una idea revolucionaria, sin armas, para refundar la Nación después del terror.
A mi viejo, que ya no está, probablemente le costaría mucho entender lo que ocurrió esta madrugada en Gualeguaychú. Y no sólo porque haya triunfado la postura que llevó a la Convención Ernesto Sanz, sino porque probablemente nunca hubiera avalado las ideas de Julio Cobos de acercarse también a algunos sectores del peronismo. Y quizá, aunque con más cariño que certeza, se hubiera acercado algo a los planteos de Ricardito Alfonsín. Tal vez un poco por ser hijo de quién es, pero otro poco porque hubiera coincidido con su contundente afirmación: “Vamos a ser un socio minoritario de una coalición. No ocultemos con retórica la realidad de los hechos”.
Claro que la afirmación de Ricardito es llamativa si uno recuerda que el enunciador es precisamente quien dilapidó votos radicales en 2011 al aliarse a Francisco De Narváez, aunque allí ambos terminaron por ser minoritarios y quizá algo haya aprendido de esa experiencia.
Como mi viejo no está, he buscado acercarme a la postura de los Convencionales en algunos afiliados a la UCR que tengo a mano. Pero no muchos logran entender la postura asumida en esa votación, ni el rol que 330 convencionales puedan tener para federalizar ese acuerdo de trasnoche. Y de hecho, los más jóvenes, despotrican afirmando que se olvidaron de Alem, Irigoyen y las añejas doctrinas partidarias. Cuesta imaginar, por ejemplo, que hubiera dicho Arturo Illia si le contaran que su partido se acercará a un empresario neoliberal cuando a a él le valió la presidencia sólo intentar impulsar una Ley de medicamentos que regulara el peso de las empresas en la salud de la ciudadanía.
En twitter, el alineamiento de la UCR con el PRO en la interna nacional es visto por algunos (sobre todo por los legisladores y funcionarios macristas) como una alianza estratégica para vencer al kirchnerismo en las elecciones generales de octubre. Sin embargo, como ocurrió anteriormente con la aproximación de Elisa Carrió a las filas amarillas, cabe preguntarse qué gana y qué pierde cada espacio con figuras que tienen su peso específico en el escenario electoral.
La respuesta comenzará a tejerese a partir de ahora y se deberá cerrar el 20 de junio, cuando cada Alianza, Frente y/o Partido oficialice la presentación de sus listas de precandidatos.
En una primera aproximación a esas lecturas, está claro que el macrismo ganó con sus últimos dos afiliados (Carrió y la UCR) una mayor proyección y estructura a nivel nacional. Quizá, si logra aceitar esas estructuras en el electorado, también cuente con más aliados estratégicos en determinadas provincias.
No está tan claro aún si Carrió o la UCR sumaron algo a sus arcas con esos acuerdos. Por lo pronto, la juventud radical (que aún existe aunque muchos quieran obviarla o reducirla a Franja Morada) acusó a Sanz de buscar ser «el vice de Macri» y llevar en ello a todo el partido tras de sí.
No obstante, la linealidad que hasta la crisis de 2001 existió detrás de los sellos partidarios, no se ha respetado desde entonces. Ya no existe la Argentina bipartidista que gobernó el país del siglo XX, siempre que no molestara a los militares golpistas.
Desde la Alianza UCR-FREPASO para acá, todo se ha ceñido a estructuras personalistas y oportunismos políticos. Y mientras el kirchnerismo debate hacia adentro sus propias precandidaturas a fines de acercar posturas continuistas del «modelo» de país que crearon Néstor y Cristina, la oposición ha ido cambiando nombres, estrategias y alianzas para acabar con esa forma de gobernar. Y lo ha hecho en base a las aspiraciones de cada uno de sus representantes. Las urnas les han respondido de los modos más diversos: kirchnerismo a nivel nacional en las presidenciales, oposiciones locales en casi todas las legislativas.
Aquellos que mejor respuesta tuvieron en las urnas legislativas, intentaron posicionarse luego a nivel nacional sin lograr mayor trascendencia. Es esee efecto el que esta vez intentaría quebrar la aproximación radical al macrismo. De otro modo, cuesta entender como una ex-lider de centroizquierda puede compartir espacio con un empresario privatista devenido en Capitán Veto y con un partido centenario que nació en la lucha armada para enfrentar el fraude conservador. Y todo eso sin contar que los hipercríticos del vicepresidente procesado se acercan, de este modo, a un precandidato presidencial también procesado.
La interpretación que hoy publicó Elisa Carrió en su cuenta de Facebook aporta una particular mirada sobre el espacio que, tanto ella como la UCR, alimentaron desde la derrota de 2011 y abandonaron en 2015: «UNEN fue una experiencia sólo local, es decir de la capital federal, y fue exitosa, 3 senadores de la oposición y 10 diputados nombrados sobre 13, pero esa alianza no servía para ganar la Nación y llevarla a la República». En ese sentido, el PRO sólo puede aportarle a la Coalición Cívica de Carrió y la Unión Cívica de Sanz el crecimiento en Santa Fe y algunas ciudades del interior cordobés, otrora férreos bastiones radicales del siglo XX. O sea, poco.
Carrió resalta, también, que trabajó «todo un año para hacer una gran alianza no PJ» después de la positiva elección que ese espacio tuvo en las legislativas 2013. Y luego aprovecha para una nueva denuncia que, al menos por ahora, no ha fundado en prueba alguna: «Cobos y Gerardo Morales (…) impidieron que sea presidente en el 2007» y, según Carrió, «iban a una alianza con Massa Y Duhalde, a lo que se sumaba el viejo acuerdo de (Hermes) Binner con el gobierno de Cristina (Fernández de Kirchner)».
La aproximación de la estructura partidaria del radicalismo al PRO es vista con buenos ojos por el macrismo, que no imagina opositores a su eterno candidato presidencial para las PASO y cree que de este modo podrá alcanzar algunas gobernaciones e intendencias que considera claves para derrotar al kirchnerismo. No obstante, habida cuenta de las manifestaciones en contrario que recibió la postura aliancista de Sanz (130 votos negativos, 1 abstención y 13 ausencias, más los incidentes protagonizados por la Juventud al conocer el resultado de la votación de la Convención) y la ya mentada nueva forma de votar en la Argentina del siglo XXI, marcan que no necesariamente todos los radicales del país vean reflejadas sus críticas y opiniones en la figura de Sanz ni, mucho menos, en la de Mauricio Macri o Elisa Carrió, por lo que sería demasiado apresurado traducir el escenario en una «alianza republicana» más favorable para el PRO.
A los descontentos radicales, habría que añadirles los dolidos miembros del FAP-UNEN que han quedado a la deriva y que, de tener un poker de presidenciables, se han quedado prácticamente sin candidatos fuertes de cara a octubre. Y, con tiempo de recalcular hasta junio, la jaqueada estructura del massismo por ahora sólo tendrá que contentarse con el justicialismo opositor, muchos de los cuales también siguen anclados al bipartidismo siglo XX.
Las cartas recién comenzaron a repartirse. Aún faltan meses para que los jugadores las pongan en la mesa. Y mi viejo, mientras tanto, volverá a poner en el cielo el viejito cassette blanco, ese de la inscripción RA, para intentar entender qué le pasó a su añorada UCR que hoy terminó del brazo con el acaudalado hijo del modelo menemista.
Publicado en Oficio Diario. http://www.oficiodiario.com
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