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OPINIÓN

La caída del «tajaí»

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Para algunos fue un hecho gracioso. Una picardía de campaña que, puesta en evidencia rápidamente, hizo fracasar la estrategia pensada por sus creadores. O una tontería, una «pifiada» de aquellas que en momentos de abundancia pasa desapercibida y es pronto olvidada, pero si se produce en épocas difíciles es una piedra más en la pesada mochila del candidato.

Con su habitual camisa celeste y con un escenario «hogareño», Sergio Massa miraba a la cámara y les hablaba a sus posibles votantes. «Contame cuáles son tus sueños» fue el eslogan bajo el cual grabó esta serie de spots en los que imitaba la tonada local de cada provincia a la que se dirigía, en busca de empatía con los votantes del interior del país. «A vos, que tajaí…», repetía de manera poco creíble el ex intendente de Tigre.

Puestos todos los spots juntos, el juego quedó en evidencia y dejó al candidato del Frente Renovador en ridículo. Tanto, que los spots fueron al tacho de basura.

La campaña fue ideada por su publicista de cabecera, Ramiro Agulla. El mismo del «dicen que soy aburrido» de Fernando de la Rúa, en 1999, y el «yo tengo un plan» del recientemente renunciado Francisco de Narváez, para las legislativas de 2009. El mismo publicista que en unos carteles que también fueron criticados hizo posar a Massa casi como un joven modelo, tostado y en remera, y hasta con peinado nuevo.

En ambos casos, Massa aparecía como algo que no es. Ni un hombre del interior que habla con distintas tonadas provincianas, ni un joven modelo publicitario. Massa no sólo quedó impostando un tono que no es el suyo, sino que quedó como poco creíble, como alguien que acomoda su discurso dependiendo de quien tiene enfrente. Aunque no lo sienta.

Y es así cómo esta jugada de marketing político no sólo quedó como una publicidad fallida, sino que terminó mostrando su punto débil: el de ser un candidato poco creíble, carente de un discurso propio claro y firme, alguien que acomoda sus palabras y consignas de acuerdo con el interlocutor de turno.

Un candidato poco auténtico.

«Marchamos por la amplia avenida del medio» quedó como un eslogan de campaña tibio y poco atractivo, que muestra a un candidato que no está ni en una vereda ni en la otra, en momentos en que la campaña está lanzada entre dos modelos distintos de país. Uno representado por el kirchnerismo y el otro por el macrismo y sus socios.

La percepción de falta de autenticidad por parte de los votantes no es, obviamente, la única razón del desplome de Sergio Massa en las encuestas. Por distintas razones, el antikirchnerismo se decidió por Mauricio Macri como el candidato que puede derrotar al Frente para la Victoria en octubre próximo. Lo asumieron en el «círculo rojo», los dueños de los medios opositores, los radicales y hasta personajes de la política como Lilita Carrió y Luis Juez.

Y esto llevó a la ola de deserciones en el massismo.

Le bajaron el pulgar. Y se empezaron a repartir los retazos del Frente Renovador.

Sergio Massa anunció que mañana, desde el mismo lugar donde lanzó su candidatura a diputado nacional en el año 2013, hará público qué participación tendrá en las elecciones de este año.

Decida lo que decida, está herido.

Si se baja de la carrera presidencial porque no mide, aparecerá la candidatura a gobernador de Buenos Aires como resignarse a luchar por un premio consuelo.

Después de hacer todos los gestos posibles, de «arrastrarse políticamente» frente a Mauricio Macri para que lo acepte, sólo recibió desprecio por parte del jefe de Gobierno porteño.

Desde el lugar de una caída política encara la campaña: ya sea para presidente, gobernador bonaerense o intendente de Tigre.
Quien veía el año pasado a todos desde arriba, quien se creía estar a un paso de la banda presidencial, hoy recibe el desprecio de Macri y el abandono de los intendentes que lo acompañaron en la ruptura con el Frente para la Victoria.

Ya no es «la esperanza blanca» del antikirchnerismo.

Hasta algunos le piden que se baje de todo, que espere, que todavía es joven y va a tener otras oportunidades.

Hasta el ecuatoriano Jaime Duran Barba le contó, a modo de ejemplo, lo que ocurrió con Mauricio Macri en 2011. No era su turno para pelearle la presidencia a una Cristina imbatible. Y fue por la reelección en el gobierno porteño.

Claro que, como plataforma para un despegue político, la Ciudad de Buenos Aires no es lo mismo que Tigre.

Hoy anunciará cuál será su camino.

Hoy aparece cada vez más lejos de la meta.

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