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Ucrania atacó una refinería en Rusia pese al acuerdo con Trump para no golpear la infraestructura energética

Un dron ucraniano alcanzó la planta de Rosneft en Samara, la quinta vez en el año, horas después de que Donald Trump anunciara un pacto entre Kiev y Moscú para frenar los ataques a la energía.

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Un nuevo ataque a una refinería en Rusia volvió a poner en duda la tregua energética que Donald Trump había anunciado apenas un día antes entre Kiev y Moscú. Drones ucranianos alcanzaron la planta de Rosneft en Sizrán, en la región rusa de Samara, con capacidad para procesar 8,5 millones de toneladas anuales de crudo. Es la quinta vez en lo que va del año que esa instalación sufre un bombardeo.

El gobernador local, Viacheslav Fedoríschev, confirmó el ataque y detalló el operativo de defensa: «tuvo lugar un nuevo ataque del Ejército ucraniano contra nuestra región. Los militares y grupos móviles trabajaron toda la noche en el derribo de drones enemigos. En total fueron abatidos más de 40 drones». El Ministerio de Defensa ruso, por su parte, informó que en el total de sus territorios fueron interceptados 222 drones ucranianos en la misma jornada.

Las dudas sobre el pacto tras el ataque a una refinería en Rusia

El episodio contradice, al menos en los hechos, el anuncio que había realizado Trump horas antes: «Ucrania ha acordado no atacar objetivos energéticos rusos. ¡Rusia ha acordado hacer lo mismo!», había escrito el mandatario estadounidense. Sin embargo, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ya había planteado reparos sobre el nivel de cumplimiento que cabía esperar de Moscú: «si nuestros socios están en disposición de garantizar que Rusia se abstenga de verdad de atacar nuestro sistema eléctrico… estamos dispuestos a garantizar un cese correspondiente», había señalado, para agregar después que «Ucrania no está convencida de que Rusia tenga voluntad de cumplir un acuerdo».

El nuevo bombardeo se produce a pocos días de las elecciones legislativas rusas, previstas entre el 18 y el 20 de septiembre, y profundiza la incertidumbre sobre la vigencia real de cualquier entendimiento parcial entre las partes. Mientras la diplomacia estadounidense insiste en presentar avances hacia una desescalada, los ataques cruzados sobre infraestructura energética —que castigan tanto a la población rusa como a la ucraniana de cara al invierno boreal— continúan marcando el ritmo real de una guerra que ya lleva más de tres años y medio sin un cese definitivo a la vista.

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