ECONOMÍA
¿El mercado le corre la silla al Gobierno? Se adelanta la tensión financiera y se disparan las tasas cortas
El escenario de iliquidez y tensión cambiaria que los analistas preveían para el año electoral se adelantó abruptamente a este 2026. En las últimas jornadas, la plaza financiera dio señales inequívocas de recalentamiento: las cauciones bursátiles a un día llegaron a tocar picos del 38% de TNA, mientras la tasa TAMAR marcó nuevos máximos. Ante una liquidez cada vez más ajustada, el BCRA debió intervenir ofreciendo pases activos para morigerar el salto de los rendimientos de corto plazo, reflejando un mercado que exige un premio mayor por permanecer en pesos mientras el riesgo país rebotó hacia la zona de los 505 puntos básicos.
📉 Trilogía de presiones: riesgo, iliquidez y ancla cambiaria
El fenómeno responde a un combo de tres factores centrales. En primer lugar, un aumento en la prima de riesgo idiosincrásica que elevó la curva de rendimientos del Tesoro y obligó al Gobierno a convalidar tasas más altas en sus licitaciones. En segundo lugar, una política monetaria restrictiva por parte del Ejecutivo que, en su afán por frenar el IPC, mantiene una plaza seca de pesos para evitar presiones sobre los precios. Por último, la necesidad de sostener tasas elevadas para hacer atractivo el carry trade y contener la demanda de divisas, en un contexto regional donde monedas como el real brasileño y el peso chileno se depreciaron frente al dólar.
Esta estrategia de priorizar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria genera el riesgo directo de estrangular la recuperación económica a través del encarecimiento del crédito. La suba en la tasa REPO y el call se trasladaron de inmediato al costo de financiamiento para familias y pymes, amenazando la rentabilidad operativa del sector privado. Con la curva CER del tramo largo rindiendo cerca del 10% anual sobre la inflación y la confianza oficial mostrando signos de desgaste, la ralentización de la actividad y la inversión amenaza con retroalimentar las dudas políticas, encareciendo el rollover de la deuda soberana y complicando el escenario macroeconómico antes de lo previsto.